DANIELA RUIZ: “ESCUCHARSE ES LA PARTE FUNDAMENTAL PORQUE NUNCA NOS ESCUCHAN”


La actriz compartió cómo fue su la lucha dentro del arte como mujer trans y cómo es su relación con el feminismo.

Por Camila Gómez

La situación económica, la religión, las costumbres y la cuestión de género fueron algunas de las cosas que enfrentó la actriz Daniela Ruiz para poder hallarse como mujer trans. Y las enfrentó yéndose de Salta, su ciudad natal. No porque no amara su tierra, simplemente no se acostumbraba a muchas cosas y su ritmo era completamente distinto. “Mi transitar fue desde pequeña hasta llegar Buenos Aires en una situación en donde las travestis no contábamos con ningún trato de derecho humano. Ni en la representación y menos contábamos con alguna ley. Desde ese lugar vine como expulsada como veníamos todas y era la nada misma porque realmente era muy peligroso vivir en Salta”, explica Ruiz.

Con la lucha y el paso de los años, hoy en día las travestis han podido adquirir derechos, como la ley de cupo laboral trans, pero las cosas no terminan ahí. “El activismo también está para seguir pensándonos como ciudadanas de primera”, dice Ruiz, quien dentro de la militancia se siente como una pequeña gota de todo un mar, de muchas compañeras, que llegaron a la tierra para humedecerla y permitir que crezcan flores. Como activista, lo que Ruiz quiere lograr es poder mover algunos hilos dentro de su rol como productora y directora de teatro para terminar con la costumbre heteronormativa instalada, en donde muchas veces no hay visibilidad para la comunidad LGBT, en especial la comunidad travesti-transexual. De los castings formales que la actriz solía asistir recuerda con un sabor agridulce que el único lugar disponible para ella era el de la travesti y que “cuanto más tatuajes, más morocha y más fea mejor”. Ya de por sí ella tenía presente que nunca iba a conseguir el papel de la novela de la tarde donde la protagonista es hermosa. “Todo porque esos castings eran cisnormados y heteronormados. Cuando me puse a pensar me di cuenta de que había una parte que no se estaba viendo y era nuestra parte”, comenta. Una vez que se percató de ese detalle fundamental tenía la opción de continuar de la misma manera o empezar a cuestionar. Eligió la segunda y es así como empezó a escribir sus propias obras y hacer de su activismo un artivismo. “Ese es mi mejor activismo porque es de lo que sé. También sirve para empezar a accionar con otras compañeras que se forman dentro del arte y que cuestionen con sus cuerpos, vidas e historias”.

—¿Te sentís incluida dentro del movimiento feminista?

El feminismo nos abrazó cuando entendió el concepto de travestismo y cómo es que éste rompe con toda la cultura heterosexual y heteronormativa. Dentro del proceso en el que estamos viviendo, en donde nos pensamos y deconstruimos, son las mismas compañeras feministas quienes nos abrazan para pensarnos dentro de las mismas prácticas de violencia, de las cuales el patriarcado y el sistema machista son responsables. También, fue el mismo movimiento, desde las cis hasta las tortas, que nos incluyó en la agenda feminista y la verdad es que en otro lado no se ve mucho el gran movimiento feminista travesti-trans que hay en Argentina.

—El feminismo tiene muchas ramas. ¿Cómo reaccionás frente a las terfs?

No pienso en el odio en el feminismo. No pienso en otras cosas cuando estoy dentro de él y no me puedo imaginar alzándole el dedo a alguien y decirle quien puede o no entrar al movimiento, menos a una mujer o a una travesti-trans. Todavía no puedo creer la violencia que nos hacen, lo que nos corren y nos tiran dentro de esta teoría biologicista. La verdad es que es muy fuerte. No puedo creer que hasta el día de hoy venga gente a decirnos vos no y vos sí. ¿Quién es uno para decir eso? Y eso no es feminismo, eso es otra cosa.

—¿No te sorprende que hayan muchas jóvenes que coincidan con esta rama?

A mí lo que más me sorprende es que en estos últimos tiempos ha venido contra nuestra comunidad, como le ha pasado a la comunidad judía. Últimamente hubo una ola grandísima que paso en Latinoamérica de ideología de genero que no existe y que los religiosos han tomado para ponernos en el holocausto. No me cabe la menor duda que hay algo infiltrado en el feminismo que también ha tomado eso. Eso me sorprende más y me aterra pensar que vienen por nosotras. Sean jóvenes o mayores no es la cuestión. He hablado con algunas terfs y les pregunté puntualmente cual era su problema. Si era que: esté en una reunión feminista; hable de mis muertas; que haya estado en situación de prostitución; si era mi cara; mi cuerpo; mi pene; mis tetas; o yo. Si vos dialogás conmigo  te puedo decir lo que me pasa y vos podés sacar un conclusión. Ahora, que nunca hayas dialogado con un travesti y tomes una decisión de pensar qué es lo correcto, creo que ahí te falta la pata fundamental que el feminismo viene construyendo desde hace muchos años. Escucharse es la parte fundamental porque nunca nos escuchan.

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