LUCHA DE BRAZOS: HEREDERO DEL DEPORTE MÁS ANTIGUO DEL MUNDO


En contra de todo prejuicio, cada día son más las personas que lo ejercitan. Para competir en campeonatos mundiales, unos 200 atletas aún esperan el reconocimiento del COI.

Por Eleonora Porcel

Gerardo Sofovich se aprovechó del éxito que ocasionó la película Halcón ( Sylvester Stallone, 1987) para popularizarlo en La noche del Domingo, a fines de esa década. El show hacía más hincapié en el morbo que generaban las lesiones de los participantes en vivo que en las virtudes mismas del deporte. “Todo el mundo tiene asociada la Lucha de Brazos a un bar con dos borrachos disputando quién es el más fuerte. Pero no es una joda ni un hobbie. Es profesional”, afirma con cierto orgullo Adrián Grillo (49), entrenador físico y primer Presidente de la Asociación Argentina de Lucha de Brazos en la Ciudad de Buenos Aires. Armwrestling en países anglosajones, Pulso en España o México y acá popularmente llamado Pulseadas, esta disciplina de mesa está representada en la Federación Internacional (IAF) desde 2015. Mediante un canon anual obligatorio de 300 euros se les permite competir en un mundial. Gasto que mantienen con sus propios ingresos.

En Argentina, unas 200 personas – entre atletas activos y veteranos- practican este deporte amateur que no distingue límite de edad, géneros ni clases sociales. Cada entrenamiento exige fuerza, una rutina planificada, y principalmente mucha técnica, por eso se ejercitan como cualquier atleta. La meta es doble: divulgar a las Pulseadas como lo que debería ser -un deporte profesional- y poder competir en Olimpiadas.

La euforia que generan las competencias disputadas en estadios donde participan hasta 1500 atletas de todas partes del mundo amerita que cadenas como ESPN o FOX cubran estos eventos para tan sólo dos días de competencia.

Pese a no estar reconocido por el Comité Olímpico Argentino (COA). Primeros en la “lista de espera”, tampoco cuentan con becas del ENARD ni auspiciantes, teniendo que financiarse por sus propios medios a la hora de competir. “Estamos desde hace 10 años como candidatos. Por más burocrático que parezca, es inentendible”, explica Grillo, profesor desde hace 20 años.

Su origen radica en 1956. “En aquel momento se jugaba a la “Lucha de muñecas” como diversión en las playitas de El Ancla, en Vicente López, sobre una improvisada mesa de madera a la que se la había bautizado “La Porteña”, recuerda Eduardo González Vangor (70) quien ganó el Primer torneo de Pulseadas en la mítica Feria de la alegría. Como referente histórico admite que no ve viable el ingreso del deporte en el COI, pero le resta importancia. Ya retirado, sólo habla de tácticas a la hora del ataque: “El verdadero pulseador entrena absolutamente todos los ángulos de ataque posibles”.

Divididos en categorías según el peso y la edad, se organizan desde torneos nacionales (como el que se disputó el año pasado en la sede de la Universidad Arturo Jauretche) a Campeonatos Panamericanos, como el de Quito, que contó con la presencia de E.E.U.U, Canadá, México, Brasil, Argentina, Colombia, Chile, Bolivia, Perú y Ecuador, a fines de julio de 2017.

Las rutinas son planificadas, por lo general de acuerdo a la etapa de competencia. Un día de entrenamiento comienza con la entrada en calor, entrenamientos específicos para entrenar las manos como subir la soga, caminar con las manos por los tirantes. Luego, la rutina en sí y la vuelta a la calma. La exigencia es tal que entrenan de 12 a 15 horas semanales, depende de los días. Simple, doble a triple turno. Un nivel de exigencia asimilable a cualquier disciplina deportiva.

En Lucha de Brazos, el mismo árbitro cuida que nadie se lastime, si hay una mala postura se cobra como una falta. Esa y otras instrucciones forman parte del Reglamento Único que indica la IAF. Desde la categoría amateur hasta profesional, se realizan torneos en los que, por lo menos, se debe salir campeón 3 veces para tener la posibilidad de pasar a la categoría máxima, establecido según su peso. A diferencia de otros deportes, no existe una edad de consolidación profesional.

Simón Ragone (29) comenzó a entrenar a los 17 años y con la Lucha de brazos volvió a partir del 2012. Es Profesor Universitario de Educación Física, Preparador Fìsico, Instructor de Musculación, Personal Trainer “y todas esas cosas” – detalla- “pero lo más importante es saber sobre Pedagogía, eso me lo dio un poco el factor social y la carrera que seguí”.

En abril de este año, la IAF confirmó la entrada de la Lucha de Brazos a SportAccord, la organización que agrupa a todas las federaciones deportivas internacionales, olímpicas y no olímpicas. Integrada por 109 Federaciones Internacionales que rigen los deportes específicos a nivel mundial y sus miembros asociados. Que la IAF sea un miembro asociado, da la pauta de que falta muy poco. “Es un paso importante porque si el deporte llegara a ser olímpico podríamos tener apoyo del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo y la Secretaría de Deportes, explica Ragone. “Eso implicaría realizar cursos de capacitación, de captación de talentos, formar una estructura: entrenadores, director nacional, atletas, viajes pagos, becas pagas para los atletas y entrenadores.

Toda una estructura deportiva con la que actualmente cuentan los deportes olímpicos”. Según el Comité Olímpico Internacional, Deporte significa “todas las formas de actividad física, las cuales a través de una participación organizada ayudan a expresar o mejorar la condición física y el bienestar mental, fomentar las relaciones sociales u obtener resultados competitivos a todo nivel”. Al parecer, con eso solo no alcanza.

Dentro de la Secretaría de Deportes, Ragone trabajó durante tres años en Dirección de Deportes Federados, un año en Escuelas Deportivas, dos años en Clubes. Y parece estar seguro de lo que habla: “En esta vida casi todo es dinero para estas instituciones, y puede ser que este deporte no les de una ganancia financiera”, asegura. “Si fuera olímpico y vos tendrías un subsidio como cualquier atleta sería una fiesta, porque uno podría dedicarse de lleno al deporte”.

Para que un deporte ingrese al COI debe ser ampliamente practicado en un mínimo de 75 países y 4 continentes por hombres – requisitos del Concejo Europeo- y en un mínimo de 40 países y 3 continentes por mujeres, debiendo adoptar el código mundial antidopaje y ser aceptado al menos 7 años antes de que comiencen esos Juegos Olímpicos. En ninguno de los Juegos Olímpicos podrán darse cita más de 28 deportes, con un total de 300 pruebas y 10.500 competidores.

Esto significa que para que un nuevo deporte acceda a formar parte debería de salir uno de los que está en el programa. Ya sea por burocracia o por dinero, es casi un imposible contar con todos los requisitos y además esperar que alguno de los deportes que se celebran sea anulado del programa.

Aunque el atletismo haya sido la única disciplina disputada en los primeros Juegos Olímpicos celebrados en la antigua Grecia, lo curioso es que tanto la lucha grecorromana como la lucha libre son consideradas las prácticas deportivas más antiguas del planeta. Y la Lucha de Brazos es un deporte heredero de aquellas disciplinas milenarias.

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