RELIGIÓN Y ROCK, DOS CAMINOS DE ESPIRITUALIDAD


César Scicchitano Tagle es conocido como “el cura rockero”. Cuenta con 23 discos y es un ícono de la unión entre la religión y el rock. Amigo del Papa y Pity Álvarez, explica el recorrido espiritual que lo llevó a unir ambas expresiones.

Por Julieta Pisera (@JulietaPisera)

El padre César Scicchitano Tagle vive en el barrio de Floresta desde la niñez. En su casa y estudio suena a volumen muy alto el nuevo disco de Charly García, “La máquina de ser feliz”. En la mesita del living puso una bandeja de medialunas y preparó unos mates amargos para acompañar su relato que une música y religión.

“Me acuesto tarde y me levanto temprano. ¡Es el rock de mi sacerdocio!”, exclama entre risas el cura y músico. Va a la Parroquia Sacratísimo Corazón de Jesús, en Villa Luro, los miércoles por la tarde y domingos a la mañana, y todos los días da misa a las monjas del Instituto Cabrini, en La Paternal. A su rutina le agrega tocar y componer todos los días y los ensayos con su banda “Los Pecadores”, una o dos veces por semana. Por si fuera poco, cada noche sale en vivo su programa de radio “Bajar un Cambio”, que se escucha de diez a doce de la noche por radiopapafrancisco.com.

Ese ritmo de trabajo le permitió editar 22 discos y ahora va por el número 23, “Cantemos a la Virgen María“, que será presentado oficialmente por la discográfica Sony en pocas semanas, aunque el padre quiere tocarlo también en alguna parroquia. Mientras tanto anda sonando por internet su corte de difusión “Dulce doncella”, una canción muy popular en la iglesia, que él cantó junto a Soledad Pastorutti y Rolo Sartorio, de La Beriso.

“Me acuesto tarde y me levanto temprano. ¡Es el rock de mi sacerdocio!”

En su infancia, la música llegó antes que la religión. “De chico era un atorrante de barrio. Andaba mucho en la calle, el colegio me aburría, lo único que me interesaba era ponerme discos de rock y escuchar todo el tiempo”, recuerda mientras enumera los vinilos que le traían sus primos mayores, como Pink Floyd, Genesis, Yes y The Beatles.

La creación artística apareció a los 16 a causa del amor: “Yo estaba deprimido porque me había dejado una mina. Me fui al piano que tocaba mi abuelo y mi vieja, nunca había tocado uno, y me salió un tema de Serú Girán, ahí decidí armar una banda“. Desde entonces estudió piano, armonía de jazz, proyección sinfónica, pero no se animó a cantar hasta que un amigo le dio un empujón. Por ese y otros motivos, él agradece que “a veces cuando uno no cree en sí mismo aparece gente copada que te ayuda a creer en vos“.

La fe llegó cuando hizo el servicio militar en 1983, año de transición a la democracia después de la última dictadura cívico militar de Argentina. “Estando ahí en la instrucción, cuarenta días lejos de mi casa, empecé a creer que había alguien más allá de todo. Uno no podía estar solo en medio de toda esta historia“, cuenta César. Al poco tiempo armó un dúo con un amigo que lo llevó a la Parroquia San Ramón Nonato a tocar por la causa de unos inundados. “Vi una movida muy linda de los curas que estaban ahí y me di cuenta que yo venía siendo un gran parlanchín de la vida y necesitaba concretar en algo. Decidí que eso era lo que quería ser“, asegura.

Cuando ingresó al seminario no podía dedicarse de lleno a su música, hasta que en el último año un cura lo reconoció de haberle hecho luces en un recital y le insistió con que retomara el rock. Lo llevó a conocer a otro padre músico, y para César “llegó el agua en medio del desierto“, volvió a clases de piano y terminó cantando con 500 coreutas más la “Misa Criolla“ junto a la recordada Mercedes Sosa.

El padre tiene un disco producido por el Negro García López, gran guitarrista argentino, de Charly García entre otros, que en 2014 lamentablemente falleció en un accidente automovilístico. Ese material nunca fue editado, y César lo piensa hacer pronto como homenaje, bajo el nombre “Un cura y un negro“. Con una sonrisa llena de recuerdos, cuenta: “Con él teníamos una amistad personal, como me pasa con el Pity (Álvarez) o Juanse; son amistades que van más allá de la música“. Claudia Puyó, una de las mejores voces femeninas del rock argentino, cuenta que fue en el casamiento de la hija del Negro, donde ambos se conocieron. “César es una gran persona. Le hice las fotos de uno de sus discos y cantamos juntos”, cuenta la amiga musical que le regaló aquella boda que ella musicalizó mientras él casaba a los novios.

“El rock arrancó como una filosofía que te despertaba de vivir en la pelotudez”.

Mientras César espera la salida de su disco dedicado a la virgen, ya está escribiendo nuevos temas. Por el momento, tendrá varias presentaciones en vivo por causas importantes. El 17 de mayo tocará en el teatro del pueblo de San Martín en beneficio a un niño que necesita ser operado en España, y el 10 de junio se presentará con su banda para la colecta “Más por menos” de Cáritas.

Al hablar del estado actual de la música argentina, César sostiene que “ya cuando empezó esa definición de que el rock es para divertir, cagamos”, mientras cierra su opinión al decir que “el rock arrancó como una filosofía que te despertaba de vivir en la pelotudez”.

Su programa radial es de “música y espiritualidad”, como su vida y sus acciones. Al terminar de charlar sobre su historia, el padre César recibe un aviso, su amigo el Pity Álvarez sufrió un accidente en la ruta. No duda en ir lo antes posible a ver a uno de sus amigos. Ya sea el actual Papa Francisco, con el que tiene una vieja amistad, o un desconocido que necesite de su tiempo, César va a estar presente con su música, su apoyo y su fe, y como dice una de sus más conocidas canciones, “siempre en la ruta, yendo a algún lugar con un rock and roll en el alma para cantar y bailar”.

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