A BORDO DEL TREN DE LOS SUEÑOS


Para Sofía Ramallo no existen los sacrificios. La Leoncita cordobesa va y vuelve desde La Docta a Buenos Aires todas las semanas, en un raid interminable, con el objetivo de colgarse un oro en los Juegos de la Juventud,

Por Agustín De Paulis

La historia se repite una y otra vez. Semana de entrenamiento en el Cenard, taxi a Retiro, colectivo semi cama que consigue la Federación Cordobesa de Hockey por canje, medio día en ruta para llegar a casa. Cuarenta y ocho horas más tarde, el retorno, tras haber pasado todo el sábado en el club y haber podido compartir solo un almuerzo en familia. ¿Lo más difícil? La despedida de mamá y papá.

Sofía Ramallo, cordobesa de 17 años, forma parte de Las Leoncitas, equipo de hockey femenino SUB 18 que se prepara para los Juegos Olímpicos de la Juventud, a disputarse del 6 al 18 de octubre en la Ciudad de Buenos Aires. Desde principios de 2017, la volante central del Club Universitario de Córdoba vive, de lunes a viernes, en el hotel del Cenard junto a otros deportistas que trabajan pensando en la cita internacional.

Comparte habitación con Victoria Miranda, una de las dos capitanas del equipo – la otra es Celina Di Santo- y oriunda de Río Cuarto, y Gianela Palet, de Mendoza. “Vicky y Chiqui son prácticamente mis hermanas. Pasamos dos años ya conviviendo juntas”, afirma Ramallo luego del entrenamiento físico en Mar del Plata, ciudad a la que viajan esporádicamente para intensificar las actividades. “A veces tenemos nuestros pequeños cruces, pero es algo normal de la convivencia. Alguna es más desordenada que otra, je”, agrega la adolescente, que empezó a jugar al hockey en su colegio, Nuestra Señora de Nieva, a los 6 años.

Con tan solo 15, Ramallo fue elegida junto al resto del plantel actual por sobre un grupo de 40 jugadoras de todo el país, que habían sido preseleccionadas gracias a sus actuaciones en los torneos interregionales, para comenzar la preparación de cara a los Juegos Olímpicos. A partir de ese momento, su vida cambió de forma radical. Pasó de dormirse a altas horas de la madrugada, luego de entrenar con la quinta división y la primera de Universitario, llegar a media noche a su casa, cenar y ponerse a estudiar para rendir al otro día en el colegio, a estar toda la semana dentro del campus y resignar casi por completo su vida social. “Es terrible estar todo el día dentro. A veces salimos a tomar la leche y pasear por Capital, no siempre. Pero vale la pena, tenemos un objetivo en mente”, explica.

Sumarse a Las Leoncitas significó para Ramallo abandonar su escuela para terminar el secundario -se encuentra cursando el último año- a distancia, a través del Programa de Inclusión y Terminalidad, pensado para deportistas federados cordobeses. “Algunos viernes, cuando llego a la noche, tengo que ir a rendir matemática al PIT, es la única materia presencial”, revela quien planea comenzar la carrera de Kinesiología, si el hockey se lo permite, el próximo año.

Como ella misma reconoce, todo esfuerzo vale la pena. En marzo, se colgó su primera, y hasta ahora única, medalla dorada tras consagrarse en los Juegos Panamericanos de Guadalajara, logro que le da al equipo nacional de hockey femenino Sub 18 el mote de candidato. De ese rótulo, Ramallo se hace cargo: “Vamos por el oro”. La actuación de la aguerrida volante en México fue contundente. A pesar de su vocación más bien defensiva, anotó 8 tantos y fue una de las jugadoras más destacadas del campeonato.

“Cuando me puse la camiseta número 8 de la Selección sentí un calor por el cuerpo inexplicable, mucho orgullo. Fue tremendo. En ese momento, se me pasaron muchas cosas por la cabeza: las idas y vueltas en colectivo a Córdoba, las despedidas con mi familia… Todo tuvo sentido”, relata. En cada uno de los siete partidos del Panamericano, Sofía tuvo un apoyo más que especial en las tribunas: a la ciudad más grande del Estado de Jalisco viajaron sus padres, Cecilia y Marcelo, y sus dos hermanas, Florencia, de 20 años, y Catalina, de 15. “Cuando le confirmaron que viajaba, sacamos los pasajes. No sabíamos cómo íbamos a pagarlos, pero los sacamos igual”, cuenta desde Córdoba su mamá, mientras se le entrecorta la voz. La mente de Cecilia retrocede más en el tiempo. Recuerda una anécdota de la niñez de su segunda hija: “Para sus 9 años, le regalé una camiseta de Las Leonas y me dijo ‘yo voy a tener mi propia camiseta argentina, vamos a cambiarla’. Fuimos al negocio y eligió otra cosa”.

Con el paso de los años, el objetivo sigue siendo el mismo para Ramallo. Ni los miles de kilómetros recorridos, ni los continuos obstáculos parecen hacerla ceder, pues el único transporte en el que se quedará hasta el final del viaje es el tren de los sueños. “Quiero ser Leona”, sentencia la joven cordobesa. Y la oportunidad para dar el primer gran paso está por llegar.

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