Amor romántico: precuelas y secuelas

Las formas en que nos han enseñado qué es el amor se basa en relaciones de poder. Para la sociedad, el amor es sólo para damas y caballeros. 


Las películas que vimos durante toda nuestra vida no tienen la culpa, o quizás sí, pero sea como sea, nos marcaron para siempre, por no decir que nos generaron traumas y falsas expectativas. Es el caso de “Romeo y Julieta” que por más que tenga un final dramático y trágico, es la historia en la que se basa la mayoría de las personas para definir al amor romántico, sin importar, o siquiera preguntarse, si hay que morir para amar. 

Para Rita Segato, el amor romántico es un mito casi siempre de amor interdicto y prohibido. María Milagros Rivera Garretas, docente de Historia Medieval, plantea que el amor romántico es una idealización del amor que este no necesita, ya que el amor es más intenso, más bello, y más placentero que eso, y agrega: “El amor romántico nace romántico, o sea, separado del placer del alma y del cuerpo inseparables, placer del alma corporal ha sido llamado por Antonietta Potente en una reseña del libro “El placer femenino es clitórico”. Y romántico debería permanecer. Es una idea, por eso se le llama también platónico. Pero el mito de la caverna es machista y patriarcal. La caverna auténtica es otra: es la cueva de las entrañas femeninas, únicas completas porque tienen matriz y crean, “Cova Dominica universal”. Y concluye su tesis manifestando que “el amor romántico es bastante patriarcal, y comenzó como una manera de manejar la política sexual del siglo XIX, cuando creció la libertad femenina, y había que domesticarla desde el patriarcado”.

Frederick Leighton: La reconciliación de los Montesco y Capuleto sobre los cuerpos de Romeo y Julieta.

Estamos constantemente manipulados por la industria cultural en nuestras realidades y deseos, haciéndonos creer que el amor es algo que se puede comprar, adquirir, como si fuera un producto de vidriera, cuando en realidad es completamente efímero, no se elige pero sí se desea. 

Las comedias románticas están muy lejos de las realidades de las personas, aún así nos hacen sentir un alto nivel de frustración e insatisfacción por querer conseguir eso que nos muestran como fundamental en nuestra vida. Siempre hablando, por supuesto, dentro de un marco cis hetero patriarcal. 

En las películas, los vínculos sexo afectivos son presentados como espontáneos y predestinados, y los protagonistas, si se pelean, lo hacen por irrelevancias fácilmente evitables. Pero al amor romántico lo plantean como algo mucho peor: sexy.  

¿Está mal querer ser amado? ¿Está mal amar? No. Lo que está mal es idealizar las relaciones basándose en las historias y cuentos de princesas y príncipes azules.

Dentro del amor romántico, el mandato es mucho más fuerte para las mujeres cis heterosexuales que creen que tienen como objetivo conseguir la foto con la familia, con una hija, un hijo, y el golden retriever. Esto es un chip que la sociedad nos ha impuesto desde nuestras infancias, el cual nos llena de miedos e inseguridades por no poder cumplirlo. Nos sentimos culpables por no realizar aquello que nos quisieron hacer creer que era el único camino correcto. El patriarcado en su máxima expresión. La socióloga Belén Gonzalo explica: “El mundo exterior sigue siendo un lugar masculinizado, y la rebeldía de la mujer -la trasgresión de los espacios que los hombres piensan que son sólo de ellos- se paga poniendo en riesgo la vida de sus seres más queridos y del conjunto del orden social: la rebeldía es peligrosa y más aún en las mujeres”.

Es por todo eso que quizás el camino correcto es el que atravesamos haciendo lo que tengamos ganas de hacer, sin cumplir con expectativas ajenas, porque la realidad es que no le debemos nada a nadie. 

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