CHI-CHI-CHI, BRA-BRA-SIL


Casi cien años atrás el torneo continental se jugó en Brasil. Sin embargo, su designación como sede se trató de un gesto de amabilidad: le fue otorgada después de que Chile fuera el país designado para su realización. La historia se repite en 2019.

Por Diego Torres

El lunes 12 de marzo de 2012 Ricardo Texeira renunciaba a la conducción de la Confederación Brasileña de Futbol argumentando problemas de salud. Dos años antes el mandatario reafirmaba la intención de Brasil de organizar la Copa América de 2015, un torneo que complementaría la ambiciosa idea de Texeira de realizar cuatro eventos de talla internacional en su país: la Copa Confederaciones 2013, el Mundial de fútbol 2014 y los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro del 2016 eran los otros tres.

Por esos días, la BBC emitió un reportaje llamado FIFA’s Dirty Secrets, en el que se daba a conocer una serie de sobornos que implicaban a Texeira y a su suegro, Joao Havelange, expresidente de la FIFA. La investigación condujo a su dimisión y con ella se cayó la idea de organizar la Copa América.

Ante esa situación, José María Marín, el nuevo presidente de la CFB, acordó con la Federación Chilena de Fútbol un enroque: el nuevo organizar del torneo entonces el país austral, que en principio sería la sede de la actual Copa, a disputarse a partir del 14 de junio de 2019.

Un siglo atrás se vivió una situación similar. En 1922, el Campeonato Sudamericano de naciones –como era conocido por ese entonces– se iba a realizar en Chile. Para esa edición solo participarían cinco equipos Uruguay, Argentina, Paraguay, Brasil y el anfitrión.

Aquella vez fue el país trasandino quien aceptó cederle la organización de ese campeonato al gigante sudamericano con motivo de la celebración de su centenario de independencia. El torneo se desarrolló en su totalidad en la ciudad de Río de Janeiro y tres equipos quedaron empatados en el primer lugar de la tabla con cinco puntos: Brasil, Paraguay y Uruguay. Este último declinaría a la posibilidad de realizar una liguilla para determinar el campeón, al retirarse de la competencia en forma de protesta ante el arbitraje del brasileño Pedro Santos en su partido con la selección guaraní. A raíz de esta medida la final se disputó entre la verde amarelha y la albirroja, con resultado 3-0 a favor del local. Brasil fue campeón en su casa.

Casi 100 años después, el equipo comandado por Tite tratará de alcanzar también el título conseguido por aquellos hombres que comenzaron la senda ganadora del pentacampeón mundial. Es decir: ser campeón de local cuando el destino, primero, había señalado a Chile.

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