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DEL INTERIOR A SAN MARTÍN


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La pensión de Chacarita no es de esas que exponen sus escudos, logos o nombres en letreros gigantes, sino que por el contrario, es una casa tan humilde como el club mismo. Los cuadros están ubicados cronológicamente en la pared, algo así como uno por década. La primera en aparecer era la gloriosa camada del 69’ que le dio la primera y única estrella al conjunto de San Martín. El espacio brindado por la institución está en la calle Almafuerte al 1967. “Lo primero que se me viene a la cabeza es que estoy en un club humilde que fue campeón”, comenta Lautaro que viene de Zapala, Neuquén.

Carlos Pereyra, dirigente del “Funebrero” contó: “Este club es historia por su gente, no solo de las hinchadas, sino la que labura acá y los chicos que juegan. Lo primero que les pido antes de un partido es que sientan la casaca, que entiendan en dónde están jugando y que nunca dejen de amar lo que hacen”. “Corcho” como es conocido en San Martín, es un gran captador de talento según comentan quienes lo rodean en el ambiente futbolero. “Muchos chicos no llegan por los problemas de la droga y de la pobreza. Imaginate si esto le pasa a los de acá que limitamos con Capital Federal, ni te cuento los de La Rioja, Santiago del Estero y Tierra del Fuego. La delincuencia es el enemigo número uno de los chicos, porque la plata fácil tienta”, agrega Flavio De Marco, otro dirigente de la pensión.

Alejo, de San Nicolás, comentó: “Estuve en clubes que supuestamente eran más grandes y no tuve un buen trato, la gente del personal era reacia. Acá en Chacarita todo es muy cómodo y contenedor”. Ezequiel, de Río Negro, suma: “Estuve a los 11 años en Lanús y después en Banfield. Estructuralmente eran buenos. Pero el cariño de la gente lo recibí acá”. No es fácil estar a más de mil kilómetros de la familia, ni hablar de Steven y Julián, dos chicos de Colombia que llegaron gracias a la filial del club y unas pruebas que organizó Carlos Pereyra, el ideólogo de este lugar. “Al principio todo te da curiosidad. El año pasado la transición fue más fácil porque había 17 colombianos. Hoy somos cinco y cuesta más”, suman los chicos provenientes de Bogotá. La realidad de estar lejos de su país de origen obligó a los juveniles a volverse.

La filial “Chacarita Col” se creó en el 2013 tras un convenio firmado por el club. Esos chicos pagan una cuota mensual en la pensión para solventar los gastos, expresó Pereyra. “Los Colombianos se entrenan aparte de las categorías inferiores, pero cuando uno se destaca es premiado llevándolo a participar de las mismas” agrega el creador de la pensión. A su vez los vecinos son muy atentos para con los chicos y la institución. Mensualmente se arma un grupo de 20 o 30 vecinos que aportan la plata que pueden y eso es destinado a lo que la casa necesite o los chicos quieran, si no hay prioridades por delante. “Así nos compraron la Play para navidad”, sumó Alejo.

Franco, otro de los captados tras las pruebas en Neuquén dice: “A veces da bronca ver a jugadores tan buenos en el interior y saber que no van a llegar por las posibilidades que tienen en la provincia. Me siento un elegido y vivo el día a día así”. El nivel en las ligas provinciales es alto, cuenta Lautaro que siempre hay un campeón nuevo y chicos que sorprenden.

¿Cómo es vivir el estilo de vida de un futbolista dentro de una pensión? “Ni fácil ni difícil. Es estructurado. Si te sabes amoldar la pasas bien”, comentó Sebastián de Misiones. Franco se suma a la respuesta y dice: “El día lo empezás muy temprano yendo a los entrenamientos. Después el colegio y el gimnasio te completan la tarde. Podemos movernos con cierta libertad a lo largo del día, pero a las 8 tenemos que estar todos acá para la cena”. Aunque también está el detalle, no menor, de ser adolescente y las ganas de vivir como tal invaden ese pequeño cuerpo maduro que más adelante, si la suerte los señala, serán profesionales. Alejo, riéndose, aporta: “A la noche hacemos torneos de truco o play. Y los fines de semana salimos solo si Carlos está de buena onda y todas las categorías ganamos”.

Mientras Karen, empleada de la pensión, le termina de preparar la chocolatada caliente, como hace religiosamente todas las tardes, los chicos agachan la cabeza y enumeran sus sueños. Steven, con voz casi apagada, dice: “Mi sueño es volver a Colombia con algo en las manos”. Inmediatamente todos asintieron. Sebastián se anima y comenta: “Ayudar a mi familia. La situación en Misiones es complicada. Quiero devolverle a mis padres todo el apoyo que me dan ahora”. El ambiente se pone un tanto melancólico y con un tono irónico para cortar ese momento, Lautaro exclamó: “Y meterle un caño a Ronaldo”, y al unísono se rieron todos.


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