El enólogo Manuel Ruiz nos cuenta cómo hace de su vino un estilo de vida y una verdadera obra de arte.
Manuel arranca la semana con muchas pilas. Un café con tostadas de pan casero de campo es el puntapié inicial de su día de trabajo. Su pasión es el vino, y no es casualidad que el perro de la finca se llame “Syrah”. Un largo callejón de tierra nos dirige hacia la bodega. El camino se hace largo porque es imposible no detenerse a percibir los olores que nos regalan los viñedos del costado de la calle. De esos viñedos salen dos tipos de vino, uno económico en damajuana y uno nuevo de alta gama que hace poco lo comercializan. Malbéc de guarda, Ancellotta y Syrah joven, son los varietales que llegan todos los días al paladar de los sanjuaninos.
El caballito de batalla es el “Barbecho”. Un vino tinto en damajuana que se caracteriza por su excelente relación en precio y calidad. Actualmente la bodega fracciona 1.000 litros semanales, que se reparten en diferentes distribuidoras de la provincia de San Juan. “Nuestro objetivo es hacerle llegar al cliente un vino de calidad para el día a día”, cuenta el bodeguero que, a su vez, destaca como muy reconfortantes las gratas devoluciones que recibe de la gente.
“A mediados de abril terminamos la vendimia y nos enfocamos de lleno en un producto nuevo”, nos cuenta, Manuel, mientras gira la copa para desprender los aromas. “Este es un vino de barrica y crianza en madera. Un laburo de meses en el que fuimos seleccionando pequeñas partidas de uvas del valle de Pedernal y de Zonda”, aclara. Camina hacia un mueble antiguo que luce el salón central de la bodega y trae la etiqueta que dentro de poco va a lucir la botella. “La gráfica representa todo lo que vivimos día a día en el médano. Las montañas, las viñas y el aroma son parte de nuestra rutina y queríamos que estuviesen en este rectángulo de papel”, cuenta orgulloso el bodeguero.
Enzo Espejo es el encargado de la bodega. Es la hora del almuerzo pero pareciera que su día recién comienza. Se encarga de que todo esté siempre en óptimas condiciones de limpieza, y de guiar al personal de trabajo en las distintas tareas diarias. “Es muy lindo trabajar acá. A Manuel le gusta mucho trasmitir sus conocimientos y nos capacita constantemente”, destaca orgulloso mientras escurre sus manos en una prensa antigua de 90 años para extraer más líquido. Todo funciona a la perfección, cada integrante del equipo conoce muy bien lo que tiene que hacer para lograr un producto único.
EL almuerzo es sagrado en la bodega. Manuel siempre encuentra un momento para compartir con el personal y pasar un buen rato. Un rico olor a empanadas sale de un horno de barro. Rodolfo Ruiz, padre de Manuel, es el encargado de la comida. El “rata” como lo apodan en la bodega, dejó todo en manos de su hijo y se dedica a disfrutar de la finca. Está en todos los detalles y cada tanto se acerca a dar una mano en lo que haga falta. Los trabajadores lo respetan mucho y siempre se acercan en busca de un buen consejo.
Los meses de vendimia son los que más trabajo requieren. Por eso al finalizar la cosecha, la familia y el personal lo festejan como corresponde junto a familiares y amigos y comparten un lindo día de campo. Diferentes folcloristas animan la tarde mientras la gente disfruta de una charla o de una partida de truco. Nunca faltan las carnes a la llama, las comidas al disco, las empanadas, los pastelitos y mucho menos, el buen vino.
“Me puse las Gucci con un short de Nike, buzo y cadena, estoy que goteo, sigo volando de ciudad en ciudad, tumbando el club, shout out para Neo. Con cara de que nada va a salir mal, soy un rockstar, toy que goteo, estoy donde yo les dije que iba a estar, ustedes dónde están, no los veo”.Fragmento del single “Goteo” de 2019 de Duki
Verborragia de rimas y ganas de contar. El trap, los sonidos urbanos, el freestyle y el reggaetón se encuentran, mutan, se oponen; y al mismo tiempo conviven con un rock nacional icónico y retrógrado.
La música argentina atraviesa uno de los cambios generacionales más profundos desde la explosión del rock nacional en los años 80. La identidad artística, social y política que el rock supo brindarnos a millones de jóvenes, hoy son letras que apenas resisten al universo dominado por la música urbana que se apodera de la agenda vibrante.
El legado del rock sigue funcionando como archivo sonoro de nuestras cicatrices y celebraciones. Y, en medio de esa tensión, las historias musicales siguen tejiendo nota a nota. ¿Estamos frente a un nuevo paradigma musical, en donde lo imperante es el flow? o ¿será la nostalgia escrita por Milanés que cantaba: “El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos”?
El paso de una voz a otra
Nací en el 81. Me formé como pianista del conservatorio por unos 10 años. Estudié Composición Musical en la Universidad de La Plata por un tiempo. Solía escribir mucho y mis “letras” eran larguísimas, como las de hoy. En ese entonces, no encajaban en canciones. “Son muy largas”, decían mis compañeros al mismo tiempo que mis maestros en el 2000 sentenciaban que deberían tener “cierta organización” -en referencia a estrofa, estrofa estribillo, puente, estrofa, estrofa, estribillo y final-.
Hoy, las letras, los sonidos y el ritmo encuentran nuevos espacios en las calles, en las nuevas voces que desean ser robotizadas y ecualizadas para generar un nuevo sonido con el objetivo de perder su tímbrica natural, respondiendo a nuevos códigos, a su velocidad, a su forma de comunicarse y su relación con la tecnología.
Lo cierto es que el negocio de la industria comenzó a moverse en otras frecuencias y tonos y, aunque la narrativa es diferente, la música mueve los cuerpos y parece ser bien recibida por las nuevas generaciones.
El Taller Integral de Música “Vintage” en la ciudad de Neuquén invita a no olvidarnos de los clásicos del rock como una insignia y paso obligado del quehacer musical, sobre todo para los más jóvenes. Juan Pablo Azlan, su director, explica que la escuela busca destacarse en la formación de músicos integrales a través de los ensambles formando bandas con “acento vintage”.
También comparte que “no es la típica banda” ya que hay violines, acordeón, trompeta. Y suma: “Hay veces que en la canción no hay saxo y le suman ese instrumento igual para lograr una versión diferente sin perder la esencia”.
“Los más jóvenes se acercan al taller y aparecen con canciones de Duki y un montón de referentes que tienen hoy. Para nosotros es prácticamente casi una obligación pasar por las canciones del rock nacional, tomarlas como ejemplos, tomar sus vueltas armónicas, escuchar de los ritmos que se usaban, de las formas, el estilo y su conexión con lo internacional”, comenta Alzan y sigue: “Desde ese lugar proponemos tocar canciones. Y los chicos se copan y hasta se fanatizan”.
Tweety González, tecladista argentino y pionero en el uso del sistema MIDI y de los samplers en el rock argentino de los años 80, opinó en una entrevista de la revista Rolling Stoneque el género urbano “ya llegó a su techo” y cree que debido a esta saturación hay “una vuelta al rock de la que nadie quiere hablar”.
“Cada vez hay más bandas de rock que ya tienen su público. No es lo mismo que hace 20 años, claro, pero está pasando. Como ocurrió en el principio del rock acá en Argentina, que surgió como una respuesta al Club del Clan, ahora hay como una reacción a lo que está dominando”, destacó el productor en una conversación con el periodista Sebastián Ramos en abril de 2025.
En este sentido, González igual admite que el rock es un fenómeno “muy argentino” ya que en Latinoamérica el rock no avanzó, pero en nuestro país sí haciendo referencia a bandas como La Renga y Divididos, o artistas como Marilina Bertoldi.
De izquierda a derecha: Gustavo Cerati, Indio Solari, Charly García, Luis Alberto Spinetta, Andrés Calamaro. Créditos: Diario de Cultura
Nuevas generaciones, nuevas conexiones
Con la llegada del siglo XXI, la escena musical argentina comenzó a fragmentarse. Al rock se le sumaron la cumbia villera, el hip hop, la electrónica y una creciente producción independiente.
La posibilidad de hacer canciones con una computadora, compartirlas en plataformas de streaming musical y difundirlas en redes sociales, sin la intervención de un sello discográfico, abrió la puerta para que una nueva generación de artistas se diera a conocer. La digitalización nos invitó a crear desde casa, componer con software y subirlo a las redes.
“Los chicos hoy escuchan lo que va de la mano de la actualidad: todo va muy al palo, todo lo quieren ya y rápido”, menciona Azlan y cree que antes “todo tenía otro proceso”. “La gente se sentaba a estudiar y a sacar los temas de oído rebobinando un cassette”, explica y sigue: “Hoy los estudiantes tienen todo. Los más jóvenes nos muestran cómo hacer música con AI”. Por este motivo, la experiencia en el taller escuela tiene como misión reivindicar el “en vivo” con su naturaleza imperfecta.
El espacio celebró 10 años de música y aprendizajes en diciembre de 2025. En la sede de Belgrano 235, de la ciudad de Neuquén, hay espacio para todas las edades y niveles de conocimiento. Se pueden tomar clases de instrumentos como saxo, batería, guitarra, piano, canto, entre otras.
https://www.instagram.com/p/DSvVQehkTjj
“La música fue atravesada por la pandemia, el aislamiento y el aumento del uso de los medios digitales”,señaló Mariano Del Mazo, periodista y escritor, en conversación con la Agencia de Noticias de Ciencias de la Comunicación de la UBA (ANCOOM) en mayo del 2025; y reconoció a esos factores como los impulsores del trap, un movimiento que se gestó en el 2010 y creció “al calor de la presencialidad”, con batallas de freestyle y encuentros en Parque Rivadavia en la Ciudad de Buenos Aires.
Sin embargo, cuestionó la atención que tienen los oyentes en la actualidad: “Hoy es mucho más fragmentada y, a su vez, más afilada, lo que hace que todo sea más vertiginoso y que lo que ayer fue cantado enseguida caiga en el olvido. Es complicado pensar en un clásico, o un futuro clásico”.
Los artistas de hoy
Según un artículo publicado en agosto del 2025 en la revista digital Altafama.ar., Duki se posiciona como referente indiscutible del trap y la música urbana liderando la escena musical. Le siguen Bizarrap, María Becerra y L-Gante.
Aunque cifras exactas de ingresos totales de la industria son difíciles de precisar, se sabe que el circuito musical del género urbano moviliza cientos de millones de dólares anualmente y es clave para la economía musical argentina según reportó Forbes Argentina. En un artículo de Florencia Radici de noviembre del 2025 se indaga sobre las regalías de la plataforma Spotify y, al respecto, se supo que el factor de la exportación de la música se consolidó como uno de los grandes diferenciales a nivel global.
Vale agregar en este punto que no todos estos artistas son realmente talentosos o se encuentran a la altura de los grandes escenarios. Así lo explicó en una entrevista luego de recibir un premio en Chile, el músico Fito Páez: “No voy a generalizar porque sería una gran torpeza de mi parte, porque hay artistas increíbles en estas nuevas generaciones, pero se tiende más a una estandarización de los ritmos, de las armonías, de las melodías, casi desaparecidas, que del lenguaje musical en sí, que es lo que nos convoca aquí: la música”.
Jamás en la historia de la humanidad se ha consumido tanta música como ahora. Lo más curioso es que no fue el mercado lo que amplió la musicalidad de la gente, fue la cibernética. Los nuevos sonidos y nuevas escenas arrasan con fuerzavolcánica y aunque la música urbana domina el mainstream, el rock nacional creció un 90% en escuchas totales durante los últimos cinco años, una tendencia liderada por la Generación Z.
En efecto, así lo expresaba Rodrigo Decono, Lead Editor en Spotify, en el artículo de Forbes: “Los ritmos locales, como el rock nacional o el folklore por mencionar algunos, crecieron exponencialmente en el último año”. En conclusión, el rock nacional no desapareció: resiste en internet, discos, vinilos, festivales, homenajes y bandas que lo reinterpretan. Más que un reemplazo, el presente parece mostrar un ecosistema híbrido donde cada generación encuentra su espacio expresivo.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
“Me puse las Gucci con un short de Nike, buzo y cadena, estoy que goteo,
sigo volando de ciudad en ciudad, tumbando el club, shout out para Neo.
Con cara de que nada va a salir mal, soy un rockstar, toy que goteo,
estoy donde yo les dije que iba a estar, ustedes dónde están, no los veo”.
Fragmento del single “Goteo” de 2019 de Duki
Verborragia de rimas y ganas de contar. El trap, los sonidos urbanos, el freestyle y el reggaetón se encuentran, mutan, se oponen; y al mismo tiempo conviven con un rock nacional icónico y retrógrado.
La música argentina atraviesa uno de los cambios generacionales más profundos desde la explosión del rock nacional en los años 80. La identidad artística, social y política que el rock supo brindarnos a millones de jóvenes, hoy son letras que apenas resisten al universo dominado por la música urbana que se apodera de la agenda vibrante.
Final de Freestyle Argentina 2018.
El legado del rock sigue funcionando como archivo sonoro de nuestras cicatrices y celebraciones. Y, en medio de esa tensión, las historias musicales siguen tejiendo nota a nota. ¿Estamos frente a un nuevo paradigma musical, en donde lo imperante es el flow? o ¿será la nostalgia escrita por Milanés que cantaba: “El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos”?
El paso de una voz a otra
Nací en el 81. Me formé como pianista del conservatorio por unos 10 años. Estudié Composición Musical en la Universidad de La Plata por un tiempo. Solía escribir mucho y mis “letras” eran larguísimas, como las de hoy. En ese entonces, no encajaban en canciones. “Son muy largas”, decían mis compañeros al mismo tiempo que mis maestros en el 2000 sentenciaban que deberían tener “cierta organización” -en referencia a estrofa, estrofa estribillo, puente, estrofa, estrofa, estribillo y final-.
Hoy, las letras, los sonidos y el ritmo encuentran nuevos espacios en las calles, en las nuevas voces que desean ser robotizadas y ecualizadas para generar un nuevo sonido con el objetivo de perder su tímbrica natural, respondiendo a nuevos códigos, a su velocidad, a su forma de comunicarse y su relación con la tecnología.
Lo cierto es que el negocio de la industria comenzó a moverse en otras frecuencias y tonos y, aunque la narrativa es diferente, la música mueve los cuerpos y parece ser bien recibida por las nuevas generaciones.
El Taller Integral de Música “Vintage” en la ciudad de Neuquén invita a no olvidarnos de los clásicos del rock como una insignia y paso obligado del quehacer musical, sobre todo para los más jóvenes. Juan Pablo Azlan, su director, explica que la escuela busca destacarse en la formación de músicos integrales a través de los ensambles formando bandas con “acento vintage”.
También comparte que “no es la típica banda” ya que hay violines, acordeón, trompeta. Y suma: “Hay veces que en la canción no hay saxo y le suman ese instrumento igual para lograr una versión diferente sin perder la esencia”.
“Los más jóvenes se acercan al taller y aparecen con canciones de Duki y un montón de referentes que tienen hoy. Para nosotros es prácticamente casi una obligación pasar por las canciones del rock nacional, tomarlas como ejemplos, tomar sus vueltas armónicas, escuchar de los ritmos que se usaban, de las formas, el estilo y su conexión con lo internacional”, comenta Alzan y sigue: “Desde ese lugar proponemos tocar canciones. Y los chicos se copan y hasta se fanatizan”.
Tweety González, tecladista argentino y pionero en el uso del sistema MIDI y de los samplers en el rock argentino de los años 80, opinó en una entrevista de la revista Rolling Stoneque el género urbano “ya llegó a su techo” y cree que debido a esta saturación hay “una vuelta al rock de la que nadie quiere hablar”.
“Cada vez hay más bandas de rock que ya tienen su público. No es lo mismo que hace 20 años, claro, pero está pasando. Como ocurrió en el principio del rock acá en Argentina, que surgió como una respuesta al Club del Clan, ahora hay como una reacción a lo que está dominando”, destacó el productor en una conversación con el periodista Sebastián Ramos en abril de 2025.
En este sentido, González igual admite que el rock es un fenómeno “muy argentino” ya que en Latinoamérica el rock no avanzó, pero en nuestro país sí haciendo referencia a bandas como La Renga y Divididos, o artistas como Marilina Bertoldi.
De izquierda a derecha: Gustavo Cerati, Indio Solari, Charly García, Luis Alberto Spinetta, Andrés Calamaro. Créditos: Diario de Cultura
Nuevas generaciones, nuevas conexiones
Con la llegada del siglo XXI, la escena musical argentina comenzó a fragmentarse. Al rock se le sumaron la cumbia villera, el hip hop, la electrónica y una creciente producción independiente.
La posibilidad de hacer canciones con una computadora, compartirlas en plataformas de streaming musical y difundirlas en redes sociales, sin la intervención de un sello discográfico, abrió la puerta para que una nueva generación de artistas se diera a conocer. La digitalización nos invitó a crear desde casa, componer con software y subirlo a las redes.
“Los chicos hoy escuchan lo que va de la mano de la actualidad: todo va muy al palo, todo lo quieren ya y rápido”, menciona Azlan y cree que antes “todo tenía otro proceso”. “La gente se sentaba a estudiar y a sacar los temas de oído rebobinando un cassette”, explica y sigue: “Hoy los estudiantes tienen todo. Los más jóvenes nos muestran cómo hacer música con AI”. Por este motivo, la experiencia en el taller escuela tiene como misión reivindicar el “en vivo” con su naturaleza imperfecta.
El espacio celebró 10 años de música y aprendizajes en diciembre de 2025. En la sede de Belgrano 235, de la ciudad de Neuquén, hay espacio para todas las edades y niveles de conocimiento. Se pueden tomar clases de instrumentos como saxo, batería, guitarra, piano, canto, entre otras.
“La música fue atravesada por la pandemia, el aislamiento y el aumento del uso de los medios digitales”,señaló Mariano Del Mazo, periodista y escritor, en conversación con la Agencia de Noticias de Ciencias de la Comunicación de la UBA (ANCOOM) en mayo del 2025; y reconoció a esos factores como los impulsores del trap, un movimiento que se gestó en el 2010 y creció “al calor de la presencialidad”, con batallas de freestyle y encuentros en Parque Rivadavia en la Ciudad de Buenos Aires.
Sin embargo, cuestionó la atención que tienen los oyentes en la actualidad: “Hoy es mucho más fragmentada y, a su vez, más afilada, lo que hace que todo sea más vertiginoso y que lo que ayer fue cantado enseguida caiga en el olvido. Es complicado pensar en un clásico, o un futuro clásico”.
Los artistas de hoy
Según un artículo publicado en agosto del 2025 en la revista digital Altafama.ar., Duki se posiciona como referente indiscutible del trap y la música urbana liderando la escena musical. Le siguen Bizarrap, María Becerra y L-Gante.
Aunque cifras exactas de ingresos totales de la industria son difíciles de precisar, se sabe que el circuito musical del género urbano moviliza cientos de millones de dólares anualmente y es clave para la economía musical argentina según reportó Forbes Argentina. En un artículo de Florencia Radici de noviembre del 2025 se indaga sobre las regalías de la plataforma Spotify y, al respecto, se supo que el factor de la exportación de la música se consolidó como uno de los grandes diferenciales a nivel global.
Vale agregar en este punto que no todos estos artistas son realmente talentosos o se encuentran a la altura de los grandes escenarios. Así lo explicó en una entrevista luego de recibir un premio en Chile, el músico Fito Páez: “No voy a generalizar porque sería una gran torpeza de mi parte, porque hay artistas increíbles en estas nuevas generaciones, pero se tiende más a una estandarización de los ritmos, de las armonías, de las melodías, casi desaparecidas, que del lenguaje musical en sí, que es lo que nos convoca aquí: la música”.
Jamás en la historia de la humanidad se ha consumido tanta música como ahora. Lo más curioso es que no fue el mercado lo que amplió la musicalidad de la gente, fue la cibernética. Los nuevos sonidos y nuevas escenas arrasan con fuerzavolcánica y aunque la música urbana domina el mainstream, el rock nacional creció un 90% en escuchas totales durante los últimos cinco años, una tendencia liderada por la Generación Z.
En efecto, así lo expresaba Rodrigo Decono, Lead Editor en Spotify, en el artículo de Forbes: “Los ritmos locales, como el rock nacional o el folklore por mencionar algunos, crecieron exponencialmente en el último año”. En conclusión, el rock nacional no desapareció: resiste en internet, discos, vinilos, festivales, homenajes y bandas que lo reinterpretan. Más que un reemplazo, el presente parece mostrar un ecosistema híbrido donde cada generación encuentra su espacio expresivo.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
Benjamín tiene ocho años; vive con su mamá, Liza Anabel Sabadin y su abuela, Mónica Dávila en el barrio Empalme, en Córdoba capital. Su infancia está marcada por una rutina constante entre terapias, juegos y fútbol. Su diagnóstico dentro del espectro autista (TEA) llegó cuando tenía poco más de dos años, tras meses de incertidumbre. Desde entonces, su familia convirtió cada avance en una celebración.
“Lo más difícil no es él. Es el mundo. Benjamín es puro amor, pero muchas veces la sociedad no sabe cómo recibirlo”, dice Liza mientras observa cómo su hijo intenta pronunciar una nueva palabra. En ese gesto se resume toda una historia: la de una familia que aprendió a mirar distinto sin pedirle al niño que cambie, sino adaptando el entorno para que él pueda ser.
La primera infancia fue un desafío. Las maestras del jardín mostraron dudas, y algunos directivos incluso rechazaron su inscripción cuando supieron del diagnóstico. La escuela, que debería ser un espacio de encuentro, se transformó en un muro difícil de atravesar. “Sentimos muchas veces que queda solo. Yo no necesito que lo sobreprotejan, necesito que lo incluyan”, dice Liza con firmeza.
Su testimonio pone en palabras lo que muchas madres viven: la inclusión no se decreta; se construye con empatía, paciencia y formación. Según UNICEF Argentina, el 63% de los niños con autismoque asisten a escuelas comunes experimenta algún tipo de dificultad de integración, principalmente por la falta de capacitación docente y la ausencia de recursos específicos para acompañar los procesos de aprendizaje.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada 36 niños en el mundo se encuentra dentro del espectro autista, lo que convierte a esta condición en una de las más frecuentes dentro de los trastornos del neurodesarrollo. Con el objetivo de promover activamente la aceptación, el reconocimiento y la inclusión, la ONU declaró al 2 de abril como el Día Mundial de Concientización sobre el Autismo en 2007.
En Córdoba, asociaciones de familias —como la Red Federal de TGD Padres— sostienen que las demoras en los diagnósticos y la falta de cobertura total de las terapias generan un impacto emocional y económico importante. Muchas madres deben dejar de trabajar para acompañar los tratamientos que, en algunos casos, suman hasta 10 sesiones semanales entre fonoaudiología, psicología y terapia ocupacional.
“Cada pequeño logro de Benjamín es una fiesta”, asegura Mónica con orgullo y sigue: “Cuando logra decir una palabra nueva, cuando expresa cariño o comparte algo, sentimos que todo el esfuerzo vale la pena”. Ella es parte activa del proceso: lo acompaña al centro terapéutico, conversa con los profesionales y sostiene la casa cuando su hija necesita descansar. Su mirada resume el rol de miles de abuelas que son red, soporte y sostén silencioso de estas infancias diversas.
Benjamín asiste tres veces por semana a un centro terapéutico, donde realiza ejercicios de lenguaje, motricidad y socialización. Allí, un equipo interdisciplinario trabaja con objetivos simples pero profundos: fomentar la autonomía, fortalecer la comunicación y acompañar emocionalmente a la familia.
En la sala del centro se mezclan juguetes, pictogramas y risas. Cada profesional adapta la actividad a la necesidad del niño. Nada es automático, todo requiere lectura, paciencia y amor.
En el barrio, Benjamín también encontró su lugar en el Club Empalmedonde participa en prácticas de fútbol infantil. Lo recibieron sin discursos ni protocolos, simplemente lo aceptaron. Lo que no siempre se logra desde la teoría se construye desde el afecto cotidiano: en la cancha, los otros niños lo esperan, le alcanzan la pelota, lo celebran cuando anota un gol. La inclusión entendida desde el corazón se vuelve real.
La OMS sostiene que el juego colectivo es una herramienta esencial para la socialización de niños dentro del espectro porque enseña desde el vínculo y la emoción, no desde la corrección. En Benjamín esa afirmación se cumple: la pelota se transformó en su puente al mundo.
Especialistas destacan la importancia del diagnóstico temprano y la continuidad en los tratamientos, indicando que los primeros cinco añosde vida son determinantes para fortalecer la comunicación y el desarrollo cognitivo. También subrayan la necesidad de políticas públicas que garanticen cobertura plena y acceso igualitario, especialmente en el Norte y el interior del país, donde los recursos son escasos.
Desde la Dirección Nacional de Discapacidad (ANDIS) se impulsa un Programa de formación docente en Inclusión y Acompañamiento integral destinado a reducir las barreras en el sistema educativo. Aunque las políticas existen, su aplicación real varía según la provincia y la voluntad institucional de cada escuela.
Benjamín no necesita un mundo perfecto, sino un mundo que lo mire con amor. Su historia junto a su mamá y su abuela demuestra que la inclusión no se construye desde los discursos, sino desde los gestos cotidianos. Comprender el autismo no es solo una tarea médica ni un desafío individual: es una responsabilidad colectiva. Detrás de cada palabra pronunciada, mirada sostenida y paso logrado hay un equipo de afectos, profesionales y esperanzas que empujan juntos. La inclusión no es permitir que alguien esté. La inclusión es recibirlo.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
Lucio Vila
26/07/2022 at 7:03 am
Muy buena Mauro, me encanto la nota.