EL HIT QUE MITIGÓ LAS BALAS EN COLOMBIA


El colombiano Edgar Rentería ganó la serie mundial de beisbol en 1997 con los Marlins de la Florida conectando el hit decisivo mientras su país se desangraba. Hasta ese momento ningún pelotero colombiano había triunfado en las grandes ligas.

Por Diego Torres (@nolaenvicie)

Las bases están llenas y el lanzador Charles Nagy, en el montículo, espera al siguiente bateador. Con el número 16 y un cuerpo menudo, aparece en el home un joven Edgar Rentería. Es el inning once del séptimo juego de la Serie Mundial de béisbol y el marcador empatado a dos entre los locales Marlins de la Florida y los Indios de Cleveland. Alrededor de 67 mil espectadores parados de sus butacas, expectantes por lo que puede pasar, y otros millones en Colombia, al frente de un televisor, miran a un hijo ilustre de su patria.

Edgar jamás imaginó cuando recorría su natal Barranquilla que la vida lo pondría en este justo instante, de cara con la gloria del triunfo o el lastre del vencido. Bien dijo John F Kennedy:” La victoria tiene cientos de padres, pero la derrota es huérfana”.

edar-renteria-foto-1Para Rentería 1997 era su segundo año en grandes ligas. Los Marlins, equipo que contaba apenas con cinco años de recorrido en la gran carpa, lo habían fichado en 1992, cuando el apenas tenía 16 años. Arracacha, cómo le decían en casa, creció entre el barro y las necesidades de una familia que perdió a su padre a los dos años de edad. Una historia repetida en toda Latinoamérica, donde muchas de sus insignias se levantan del fango, con manos de piedra a darle golpes a la vida, antes de ser noqueados por la indiferencia. La misma que adolecen los chicos nacidos en las barriadas más humildes de la región.

Edgar creció jugando a la chequita en el barrio Montecristo de la arenosa. Un popular juego donde la checa, como se le conoce a las tapas de gaseosa o cerveza, reemplaza a la pelota de 108 costuras y un palo de escoba, al bate. No es difícil encontrar a jóvenes y adultos entregados a esta diversión en las calles de varias ciudades de la costa norte colombiana.

Sin embargo, Rentería soñaba con ser futbolista. En su niñez, el patear un balón era la afición del barranquillero y fue su hermano quien lo encausó en el deporte de la pelota caliente.

En el año 1996, para el premio del novato del año de la MLB, el cafetero salió segundo en la elección, pero como reza el dicho popular, lo que es para uno es para uno, y la noche del 26 de octubre de 1997 la vida se lo iba a demostrar.

El chico en la caja hace un swing a una bola curva y el umpire marca strike. La tensión se apodera del Hard Rock Stadium de Miami y a 2 mil kilómetros de allí, en Colombia, se escucha el relato radial de Edgar Perea, un famoso narrador: “Presenta la bola el pitcher, lanzamiento aquí viene para el home, va el roletazo, va sobre segunda, la bola se va, hit la bola, hit la bola, hit la bola de Rentería, arriba Colombia”. La emoción invadió a todos en el estadio. Al mismo tiempo Craig Counsell anotaba la carrera de la victoria y el niño de Barranquilla iba hacia primera, saltando, se sacó el casco, pisó la base y se postró de rodillas frente al campo de juego. Golpeándose el pecho y mirando hacia el cielo, se le vieron salir unas palabras, tal vez dedicadas a su padre que lo ve triunfar desde la eternidad.

clarin-1997-foto-3El corresponsal del periódico El Tiempo y quien estuvo en ese partido, Estewil Quesada, le cuenta a Eter Digital cómo lo vivió: “Yo pensé que Edgar podría batear el hit decisivo en la victoria de los Marlíns, tras el tercer partido, en la antesala del cuarto juego que se realizó en Cleveland. En una entrevista que le hice, justo le pregunté eso y en verdad pensé que podría dar el hit”.

El batazo fue hacia las 00.20 y la parranda hasta el amanecer.

“En el estadio fue una locura completa. Ese partido me correspondió verlo entre el jardín central y el jardín izquierdo. Los aficionados del equipo de los Marlíns eran una fuerte colonia de latinoamericanos, así que la fiesta fue total”, expreso Estewil.

Declararía Edgar, años después al periódico El Heraldo, que no había pensado en nadie en el momento de batear. Pensaba no más en hacer su trabajo. Además, que el instante después de haber pegado el hit sintió mucha felicidad y que aún se emociona cuando lo ve con sus hijas.

Colombia no atravesaba su mejor momento y la consagración de uno de los suyos fue un éxtasis para una sociedad azotada por la violencia. El mundo ya comenzaba a hablar de la Bosnia latinoamericana.

 

El país estaba sumergido en una guerra entre tres Bandos: La guerrilla, el paramilitarismo y las fuerzas del estado. Sumado al problema del narcotráfico que arrastraba de décadas anteriores. La nación sudamericana se había convertido en una buena locación para una película de Danis Tanovic, donde no había cabida para mariposas amarillas, pero sí para el humor negro de una guerra inentendible.

El deporte sirvió como escapatoria aparte del problema social y el triunfo de un beisbolista colombiano en Estados Unidos no era la excepción. “El impacto fue grande en el deporte colombiano y en el beisbol colombiano. Recuerdo que, en las academias de beisbol en barranquilla, se disparó el número de peloteros o niños que llegaban a practicar el deporte, incluso en todo el país. Todos estos muchachos que hoy son beisbolistas en grandes ligas se inspiraron en Rentería. Además, el beisbol colombiano ganó consistencia a nivel internacional, los scouts de grandes ligas comenzaron a mirar a Colombia, a ver prospectos de la talla de Edgar”, comentó Quesada.

Trece años después de aquella noche, El Niño se coronaría de nuevo campeón de serie mundial, esta vez con los Gigantes de San Francisco, siendo MVP y conectando el jonrón con el que su equipo ganó. Otra vez la misma persona ponía a sonar el himno en todas las emisoras, otra vez daba orgullo decir que se era colombiano, a pesar del hambre, a pesar de la guerra, a pesar del estigma.

 

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