El oficial militar olímpico

De dejar natación a los 11 años, para jugar al fútbol, a ser el primer suboficial del Ejército en clasificar a los Juegos Olímpicos de Tokio. Sergio Alí Villamayor participará en el mayor evento deportivo de un atleta en Pentatlón Moderno.


En su adolescencia todo daba a indicar que iba a seguir los pasos de un futbolista, pero unos incidentes no lo dejaron firmar con Chacarita y entonces, decidió ingresar al Ejército. Pese a que su padre, ex combatiente de Malvinas, no quisiera, Sergio se desarrolló en las Fuerzas Armadas hasta egresarse como Sargento en la Escuela de Suboficiales del Ejército Sargento Cabral en 2008. En ese tiempo conoció el pentatlón y como no podía representar al país por tener que cumplir sus actividades como militar, el Comité Olímpico se contactó para que le concedieran un permiso que lo dejara competir.

Pese a competir en los torneos, nunca dejó de lado las actividades de militar. En 2011 le tocó cuidar las urnas, durante las elecciones, en una escuela de Buenos Aires: desde un viernes hasta el domingo y en otras oportunidades le designaron ir a repartir comida. Para el formoseño, en ese momento, fue su deber el cumplir con las dos responsabilidades de estar en el Ejército y ser un atleta de alto rendimiento.

“Practico seis veces por semana y en cinco hago natación y también atletismo. El esgrima, que es mi fuerte, es el que tengo que sacar la diferencia si quiero pelear arriba, lo entreno cuatro veces y la equitación dos ó tres. También está el tiro”.

Sergio Alí Villamayor

El 2014 fue un año complicado para Sergio. Económicamente no anduvo muy bien y se le había pasado por la cabeza abandonar el pentatlón, pero ahí fue cuando tuvo que asumir un tercer rol que le cambió la vida. Al ser militar y atleta, ahora se le sumó el ser padre de Panna, su hija.

Ella fue quien le dio una soga para que trepara esa pared de dudas y pudo retomar la actividad que lo apasiona, es por eso que la lleva en su piel. “En la foto que me tatué parece que yo la llevo de la mano mientras aprende a caminar, pero en realidad ella es la que me sostiene desde que nació”, contó en una entrevista para Página 12.

En los Juegos Panamericanos de Lima logró dos medallas de bronce en la competencia individual y también por relevos de pentatlón moderno junto con Emmanuel Zapata, siendo la mejor actuación de un argentino en la disciplina desde Buenos Aires 1951. Esa gran actuación fue lo que le dio el boleto para viajar a Tokio y competir en el máximo evento que un atleta puede aspirar.

Lejos de eso y ya enfocado en los Juegos Olímpicos, el Suboficial estuvo en Hungría en lo que fue su última etapa de preparación. El pentatlón consiste en cinco disciplinas: equitación (1.000 metros con obstáculos), cross-country (carrera a pie en circuitos naturales no urbanos), tiro de precisión (con una pistola laser), natación (300 metros libres) y esgrima. En estos dos últimos se encontró con un conflicto, ya que en cuarentena no pudo entrenar por las diversas restricciones que hubo. Sin embargo, tiene en la cabeza el poder repetir en Tokio, lo que hizo en Lima, al ajustar esos detalles que determinan la participación del deportista de alto rendimiento. “Dios quiera se dé un podio, uno nunca tiene que perder la esperanza”, expresó para Argentina Dorada.