FÚTBOL EN EL FIN DEL MUNDO


El fútbol en nuestro país comprende una centralización importante en la parte de Capital Federal. Los River y los Boca son el centro de atención indiscutible. Pero en Argentina hay otros sitios en los que se transpira tanta pasión como en Buenos Aires. La Patagonia, con sus vientos helados y sus tormentas de nieve, guarda historias de equipos que viven el día a día como clubes grandes.

Por Manuel Romera

Cuervos en la nieve

El fútbol es esa pasión que está en todos los rincones del mundo. Y ni qué hablar de nuestro país. En Ushuaia, la ciudad “más austral” de Argentina, la pelota rueda a pesar del viento helado y por encima de algunas capas de nieve.

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Allí nacieron, un 2 de abril de 2005,  Los Cuervos Del Fin Del Mundo. Su presidente y precursor, el Dr. Andrés Almada, organizó una peña de hinchas de San Lorenzo de Almagro. El proyecto creció rápido y lo llevó a fundar el club que lleva los colores del Ciclón porteño. “Decidímos hacer un trabajo para la sociedad de Ushuaia”, cuenta Almada. El proyecto dio sus frutos rápidamente. Los Cuervos se convirtieron con el paso del tiempo en uno de los clubes más importantes de la zona. Desde el inicio de la Liga Ushuaiense de Fútbol en 2008, obtuvieron cuatro títulos de manera consecutiva entre 2009 y 2013. Esto le significó la posibilidad de jugar en el Torneo Argentino C en varias oportunidades. “Fue una experiencia muy linda, la mayoría eramos jugadores de Ushuaia”, dice Ricardo Remolcoy, volante que formó parte del equipo que participó por primera vez en ese torneo en 2009. Los Cuervos quedaron eliminados a manos de Boca de Río Gallegos, pero no importó tanto. “Nacimos con un equipito de seis nenitos que jugaban al fútbol de salón. Ahora tenemos vóley y hockey de ambos sexos, somos representantes de la provincia en el Torneo del Interior y somos reconocidos”, explica Almada.   

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La nieve y las temperaturas bajo cero de Ushuaia hacen que sea todo un desafío jugar al aire libre. La cancha de los Cuervos cuenta con césped artificial, lo que facilita que se pueda jugar. “El deporte en Ushuaia es muy difícil de llevar a cabo, en el mismo día puede nevar, llover y salir el sol”, cuenta Almada, “Recuerdo que una vez un arquero sacó y la pelota volvió con el viento y se le metió en el arco”, recuerda.

Los Cuervos jugando en su cancha

Los Cuervos jugando en su cancha

En 2011 se volvió a jugar después de más de 30 años la Copa Argentina, torneo que tenía como objetivo armar una estructura más federal. El primer partido se jugó en la Provincia de Tierra Del Fuego, más precisamente en Ushuaia. Los Cuervos recibieron en su cancha al Real Madrid de Río Grande, ciudad que está a unos 200 kilómetros. El duelo de ida terminó 1 a 0 para los azulgranas. “Nos entrenamos en el gimnasio, bajo techo, porque el clima era muy duro, pero había mucha expectativa y teníamos que llegar bien al partido”, recuerda Remolcoy. El encuentro de vuelta tuvo lugar en Río Grande, una semana más tarde. La cancha del Real Madrid estaba cubierta de nieve. El partido comenzó, pero solo hasta el minuto 24, cuando un futbolista del equipo ushuaiense se resbaló contra el córner y se lesionó. El árbitro no dudó en suspenderlo. Después de casi un mes se reanudó el partido y el Real Madrid se quedó con el triunfo en los penales, luego de ganar 2 a 0. En 2013 otra instancia importante enfrentó a estos dos equipos y los de Río Grande se volvieron a imponer. “Para viajar a jugar esa semifinal los jugadores nos pagamos el viaje”, cuenta Remolcoy, y concluye: “Lamentablemente no tenemos el apoyo que merecemos”.
En este 2014 el equipo ushuaiense recibió una invitación para formar parte del Argentino A, en otro intento de la Asociación del Fútbol Argentino de incluir a equipos de otros sitios. “Es muy difícil, casi imposible. Hay muchos equipos con jugadores profesionales, y estos pibes son todos amateurs”, dice Almada. “Jugamos por amor al fútbol, simplemente”, sentencia Remolcoy.

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Seguir creciendo

En la localidad de Puerto Santa Cruz, ciudad costera de la provincia, se encuentra uno de los clubes más añejos de la Patagonia. Se trata del Club Sportivo Santa Cruz, fundado allá por 1911, en el interior del Hotel Santa Cruz. A los pocos días de su creación se armó un partido en un baldío de las cercanías al hotel para darle la bienvenida oficial. Hoy, a más de cien años, el club es uno de los más ganadores de la Liga de Fútbol Centro de Santa Cruz. “Somos un club humilde, ninguno cobra por jugar”, cuenta Matías Arandia, jugador del “Albiverde”.

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En cada lugar que rueda una pelota y hay un equipo, es casi necesario que exista también un rival para poder jugar el “clásico”. La disputa por el reinado de la Liga de Fútbol Centro lo tiene su eterno rival, el Club Atlético Santa Cruz, como el más victorioso. Con la obtención del Clausura 2014, Atlético sacó ventaja sobre Sportivo. “Los partidos con Atlético son especiales. La gente va a la cancha, haga frío, viento, nieve o lo que sea”, cuenta Aranda. El último campeonato obtenido por Sportivo Santa Cruz fue en 2006, que coronó así un pentacampeonato memorable para el club.

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Pero la historia de cualquier club humilde no se forja solo en base a los méritos deportivos. Este año, la gente de Sportivo logró cerrar una parte importante de su estructura. Con la finalización de las obras del estadio. Esto fue gracias, en parte, al intendente de Puerto Santa Cruz, Néstor González, que ayudó económicamente a la “Familia Sportiva”, que ahora cuentan con tribunas de 15 metros de ancho y un palco. “Es un paso más en el crecimiento de la institución, que sin descuidar lo deportivo se está proveyendo de infraestructura para su desarrollo”, explicó el presidente de la institución, Alejandro Carbone.

 

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El próximo objetivo de los directivos de Sportivo es contar con césped sintético, algo que muchos equipos de la zona desean también. “Si hay mucho viento siempre se suspende antes. El estado de las canchas no es el mejor”, dice Aranda. El trabajo a pulmón es una particularidad que todo club modesto tiene. En el caso del “Albiverde”, los dirigentes trabajan intensamente para poder satisfacer algunas necesidades de sus jugadores. Por ejemplo, poder ofrecerles un lugar techado para entrenar. “Cuando está feo para entrenar vamos a un gimnasio, fue obra de los dirigentes”, cuenta animado, el joven Aranda. Sportivo Santa Cruz pudo codearse con un fútbol más profesionalizado en varias oportunidades. La primera tuvo lugar en la temporada 2001/02 del Torneo Argentino B, donde no superó la primera fase. Pero el objetivo es seguir creciendo cada vez más y, en lo posible, volver a lograr un campeonato local.

Las olas y el viento

El Estadio Municipal de Comodoro Rivadavia es un reducto especial, difícil. El viento sopla a 100 kilómetros y se convierte en un arma letal para el equipo que lo sepa aprovechar. La Comisión de Actividades Infantiles, más conocida como la CAI de Comodoro, supo sacarle el jugo a esta curiosidad. Un hecho concreto sucedió en la temporada 2008/09 de la Primera B Nacional. Jugaban el local y Atlético de Rafaela. El partido había transcurrido casi en su totalidad y persistía el empate en cero. Emanuel Tripodi, hoy arquero de Boca Juniors, tomó la pelota con las manos y sacó de volea. Afuera del estadio los árboles se doblaban por el efecto del viento. El balón cruzó toda la cancha con una velocidad casi invisible, picó en el área chica y se clavó en el ángulo del arquero Gastón Pezzutti, que apenas pudo reaccionar. Trípodi corrió hasta la mitad de la cancha eufórico hasta ser derribado por un compañero. La CAI ganó 1 a 0. Ese torneo jugó la promoción por la permanencia, que obtuvo luego de vencer a Patronato de Paraná. El gol de su arquero (o del viento) fue clave entonces. El propio Trípodi explicaría luego que no tuvo la intención de hacer lo que hizo.

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Pero el tiempo hizo que los entrenadores y los propios jugadores de la Comisión de Actividades Infantiles tuvieran en cuenta el factor viento. “Trabajamos mucho la presión, a partir de ciertas circunstancias que se dieron algunas veces. Es importante estar acostumbrados para sorprender a los rivales”, cuenta Mauro Villegas, capitán y goleador del club, que supo jugar en Huracán y Chacarita.
La CAI es un club joven, que nació con la idea de promover el fútbol infantil, allá por el año 1984. El trabajo fue tan positivo que se logró llegar hasta la segunda categoría del Fútbol Argentino en 2001. Y así se mantuvo hasta la temporada 2010/11. “Somos un club respetado por todo lo que logramos. Pero la realidad es que clubes como Huracán o Jorge Newbery tienen más popularidad en Comodoro”, dice Villegas. “El fútbol de hoy es rápido, por eso el viento se puede tener en cuenta como algo determinante. Aunque no se puede depender solo de eso”, concluye.

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La CAI hoy juega en el Argentino A y solo tiene un solo objetivo: ascender. Es que la nueva modalidad que ofrece muchos ascensos y ningún descenso invita a cualquiera a animarse, y más un club que ya probó el gusto de estar en lo más alto. “El ascenso es la única opción. Es imposible pensar otra cosa”, afirma Mauro Villegas.

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atendiendo boludos

awante la cai vieja, no me importa nada cuantas copas tenes negro envidioso sos inimputable, en diez dias salis

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