LA CLAVE ES EDUCAR


“Si Eva hubiera escrito el Génesis, ¿cómo sería la primera noche de amor del género humano? Eva hubiera empezado por aclarar que ella no nació de ninguna costilla, ni conoció a ninguna serpiente, ni ofreció manzanas a nadie, y que Dios nunca le dijo que parirás con dolor y tu marido te dominará. Que todas esas historias son puras mentiras que Adán contó a la prensa”

Eduardo Galeano.


Gente mayor y familias jóvenes con sus hijos asistieron a la marcha contra la violencia machista. En sus testimonios se refleja que el verdadero cambio se produce con educación.

Por Damián Kogan y Giuliana Fernández

En reclamo por una sociedad más igualitaria, en pedido por el aborto legal seguro y gratuito, en repudio a los asesinatos, mujeres, hombres, trans, jóvenes, niños y viejos, se encontraron frente al Congreso para marchar hacia Plaza de Mayo.
Allí estaba Piero, de 70 años, en espera de su esposa, hija y nieta, quién se quejó por la educación que recibió. “No es una educación de respeto por la mujer, se subestiman los valores femeninos, después cuesta mucho cambiar ese concepto que uno tiene por la mala educación”, sostuvo.
En esta misma línea indicó que el acto le parece muy importante aunque dijo que “sigue habiendo prejuicios fruto del resabio de la educación de los padres”.
Por su parte Malena, maestra de nivel inicial, contó cómo se hace para transformar, desde los más chicos, la mala educación machista: “Desde el jardín se detectan en los pequeños comentarios que tienen los chicos. Desde el juego, por ejemplo. Estamos jugando a la casita y se acerca un nene y dice ‘yo cocino’ y la nena le dice ‘no vos no podes cocinar porque sos nene’. Esas cosas son con las que hay que romper y a los padres es difícil cambiarles ese pensamiento. Está muy instalado”.
Hay carteles, banderas, pancartas, colores y grafitis por cada pared de Av. Rivadavia que se deja inundar de consignas que piden a gritos más derechos.
También está Sadi, una mujer de 70 años, que pese a que tiene que ser ayudada para caminar, está ahí, presente. “Hay que moverse para que las cosas cambien y hay que quejarse para que las cosas mejoren”, señaló y agregó: “No podemos ser indiferentes, hay muchas mujeres que sufren. Tenemos que ser solidarias. Por los niños que quedan huérfanos, padres que se quedan sin hijos y por nosotras mismas”. Con sus ojos grandes y brillosos exclama: “Primero tenemos que respetarnos a nosotras mismas, hay hacerse valer”.
Al lado de unos alumnos de escuelas secundarias y bachilleratos populares corre Lucía, de 3 años. Es la hija de Diego, que asiste por segunda vez a la marcha y sostiene que “hay que participar porque la crianza es completamente mafiosa, machista”. “Hay que transformar la sociedad, por eso la traigo a mi hija. Yo noto que en el jardín ciertas actitudes que aportan al cambio, ella juega a la pelota, al auto y me parece bien, vienen a jugar”, explicó.

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En esta línea recordó su niñez y la mala educación que recibió: “Las generaciones que nos criaron lo ven con miedo porque sea una machona, ́va a ser lesbiana y si tu hijo usa un muñeco va a ser puto ́, dicen. Eso nos separa de generaciones. Por eso vengo acá. Uno no está solo”, finalizó.
Al igual que Diego, está Carlos con su hijo de 9 años quién sostiene que “el patriarcado está re zarpado”. “Lo traigo a mi hijo porque venimos en familia para que vea la marcha. Hay diferencias en el contexto en que yo me crié y en el que se cría él. En mi entorno familiar está impuesto eso del macho, pero en él no”, expresó.
Entre los miles de carteles que hay sobre Av. Rivadavia y Avenida de Mayo, hay uno que sobresale al resto: “Disculpen las molestias, nos están matando”.

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Caminar se hace más difícil, cada vez llegan más personas, que al salir de sus trabajos se suman a la manifestación. En el medio, chicas tiradas que representan la situación de muchas mujeres. Las hay muertas, las hay indispuestas y las hay salidas de una operación para interrumpir el embarazo.
“Me trae el compromiso. El momento. No queremos que mueran más mujeres. Tenemos que tomar consciencia de eso. Yo tengo hijas, nietas, por ellas estoy acá”, explicó Susi, de 65 años. Además comentó que cuando era joven tuvo que pasar por muchas situaciones de violencia psicológica. Fue madre soltera y hasta conseguir alquileres de casas le resultó más difícil. “Fuimos concebidas para estar entre cuatro paredes limpiando ollas. Yo era estudiante, milité y esas eran sociedades pacatas, hipócritas”, dijo y agregó: “Hay que desmascarar esta hipocresía y a las chicas hay que cuidarlas. Si no somos nosotras, las madres, las abuelas ¿Quiénes las van a defender?”.
Sucede que Eva no escribió la biblia ni la ley; tampoco los diarios están llenos de “Evas”. Si bien tuvimos una presidenta, la primera mujer elegida para ser Jefa de Estado, según un informe de CIPPEC sólo el 22 por ciento de los cargos de conducción política se encuentran en manos de mujeres.
Por esto, por una sociedad más igualitaria, por mujeres que puedan caminar por las calles sin tener que cambiarse de vereda, por señoras que no quieren ser solo buenas cocineras, por niñas que también quieren jugar a la pelota y a los autos, por jóvenes que quieren llorar en público, NiUnaMenos volvió a la calle.

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