SOCIEDAD
“La gente grande te llora para comer”
La dura realidad que enfrenta el proyecto solidario del Roña Castro. Cada vez más familias en situación de pobreza van a los comedores y merenderos porque el dinero no les alcanza.
En el último año el ex-boxeador y campeón del mundo Jorge “Locomotora” Castro, El Roña, experimentó que a través de su proyecto comunitario de comedores y merenderos notó un incremento de la pobreza. El hambre y la falta de recursos no solamente afecta a los niños sino que ahora la gente mayor que pedía comida para la semana, pide para el día. “Ahora, la gente grande es la que te llora para poder comer”, contó a ETER Digital.
Su gimnasio ubicado en la localidad de Temperley, partido de Lomas de Zamora, es utilizado también como comedor comunitario y sede central de entrega de mercadería. Fue así así desde la pandemia de 2020, cuando tuvo que cerrar durante siete meses el lugar de entrenamiento y pensar las distintas maneras de aprovechar el establecimiento. Hasta que decidió utilizarlo para brindar esa mano que él mismo necesitó durante su infancia.
Con una olla popular en pleno gimnasio, niños y adolescentes que vivían a base de pasar el rato en las plazas y esquinas al sur de la provincia fueron los primeros en recurrir a la solidaridad del ex-boxeador. A través de los años, la cantidad, importancia y cambios de gobierno, incrementaron la necesidad de tener que expandir el proyecto, lo que produjo que hoy en día el Roña cuente con nueve merenderos y 14 comedores distribuidos por toda la provincia de Buenos Aires, sumando el comedor que está por inaugurar por zona oeste, en la localidad de Morón.
Castro cuenta que el incremento de necesidad para proporcionar la mayor cantidad posible de ayuda hacia los más necesitados, a diferencia de hace pocos años, fue impensada. Antes, “eran solamente chicos con sus madres los que pedían por el pan, hoy se suman personas mayores, jubilados” y trabajadores que ya no logran cubrir lo básico. Ya no logran cubrir medicamentos. Hace un tiempo contaban con solamente 2.100 chicos en total pero actualmente son 6.400 personas las que asisten.
“La frustración que te da es no poder ayudar a esa gente que trabajo toda una vida para después jubilarse y hoy no tener lo que requieren. Laburar 30/35 años para que hoy les den 2 pesos con 50. Esa es la frustración”, lamentó el Roña.
Cada entrega es promocionada por el perfil de Facebook del mismo Castro a principios de semana. Junto a colaboradores, familiares/amistades o donativos, la mercadería se junta previamente, se clasifica y se arman bolsones para luego ser distribuidos los viernes después de las 15 horas tanto a todo aquel que se presente en el gimnasio como a los comedores y merenderos que alquilan fletes para trasladar. A veces la cantidad no alcanza para, y las necesidades por las que pasaron últimamente complicaron el proceso de reunión de suministros.
“Hace poco nos robaron la camioneta de traslados y otra la prendió fuego sin querer una persona de la calle que dejábamos que durmiera ahí. Ahora tenemos que repartir con un auto nuevo que se compró Jorge porque le robaron lleno de mercadería el que tenía”, explicó Leonardo, compadre de Locomotora.

Su popularidad como ex campeón le abre puertas y facilita la llegada de donaciones, pero el motor real es la insistencia: toca timbres, conversa, gestiona y arma eventos benéficos cada vez que puede. Utilizar su nombre como El Roña Castro le da felicidad al Jorge que conocen sus más allegados. “Llevo el nombre bien puesto y de esa manera me van a poder recordar de la mejor manera”, explicó. Pero aunque su logro como deportista le haya dado la oportunidad de ser reconocido y le permita hacer lo que hace por su gente, la ayuda nunca deja de ser bienvenida.
Cada madrugada, Roña viaja al Mercado Central para recoger donaciones de frutas y verduras; durante la semana recorre fábricas y mayoristas pidiendo mercadería; y los fines de semana organiza en su gimnasio de Temperley jornadas solidarias, donde vecinos y voluntarios aportan alimentos, ropa y frazadas.
Al mismo tiempo, Castro trabaja con funcionarios en la provincia de Buenos Aires, en el área de Desarrollo Social y Deportes, y de esta manera obtiene el aporte del Banco Provincia. Pero no es suficiente a comparación de cuando lo recibía por parte del Banco Nación. “Cambió el gobierno y (la ministra Sandra) Petrovello no te da nada”, cuestionó.

A pesar de las dificultades económicas, la falta de recursos y los contratiempos que enfrenta a diario para sostener su proyecto solidario, el Roña asegura que una vez que empezó ya no puede “largar” todo lo que se logró, porque la gente necesita una persona como él. Junto con sus colaboradores y más allegados, el impacto que ven en la gente les devuelve una fuerza que ninguna dificultad logra quebrar, los une cada vez más. Es lo que los convierte en una familia.
“En mi infancia perdí a mi padre de muy chico y pasé muchas necesidades. Que uno pueda ayudar y que te digan gracias, es algo que no lo podes pagar con nada y es todo gracias al Roña”, se emocionó Leandro.
La ayuda del campeón mundial a los más necesitados no viene solamente desde el lado de querer ayudar y que de esa manera puedan contar con las necesidades básicas. Al mismo tiempo busca aconsejar a los demás lo que él aprendió siendo chico y también en su carrera profesional.

Va a penales o cárceles para dar charlas. “Los pibes te escuchan”, reconoció. Lo que les aconseja es “que puedan buscar la manera de que la sociedad los acepte de nuevo. Una cagada los marca, la sociedad los mata y no se pueden recuperar más. Tienen que intentar empezar de cero aunque sea difícil, evadir lo que los lleve a mal camino y afrontar la situación económica o social que se presente”.
Y sigue: “Tienen que aferrarse a lo mejor que tengan, a trabajar, a hacer las cosas como la gente. Hoy en día la droga está en todas las esquinas y si la agarras, no hay vuelta atrás”.
El proyecto solidario del Roña se transformó en mucho más que una red de comedores, es un refugio para miles de personas y un espacio donde el apoyo prevalece hasta en los momentos más duros. Con una demanda que creció de manera dramática y obstáculos que pondría a prueba a cualquiera, él sostiene su labor con la misma tenacidad con la que alguna vez defendió un título mundial.
Su apoyo principalmente proviene de la familia que formó gracias a esto, de las donaciones y de la fuerza de la comunidad que lo acompaña. Desde el gimnasio hasta los penales, Castro ofrece la oportunidad que él mismo se dio cuando era chico: la oportunidad para levantarse. A pesar de que la pobreza sigue aumentando su moral no va a cambiar.



