LA GLORIA DE UNA DERROTA


El 19 de diciembre de 2009, Estudiantes de La Plata enfrentó a Barcelona en la final del Mundial de Clubes en uno de esos partidos difíciles de olvidar.  Aquella noche, a pesar de obtener el segundo puesto, el conjunto platense quedó a la altura de los grandes equipos de la historia pincharrata.

Por Mauro Romano (@mauromano)

“Al final del partido, no sirve otro resultado que no sea un triunfo… De los segundos nadie se acuerda”, declaró una vez Carlos Salvador Bilardo. “Gloria o muerte”, manifestó en otra oportunidad citando la histórica frase de Benito Mussolini sobre el poder de la victoria. La idiosincrasia pincharrata, con su escuela y sus valores característicos, forma parte de un mito inquebrantable. Sin embargo, aquella noche del 19 de diciembre de 2009 en Abu Dhabi, hace casi una década,  el mito se rompió y el segundo puesto de Estudiantes llenó de orgullo a sus hinchas.

foto-1La muerte llegó en la agonía del partido. El aguerrido conjunto de Alejandro Sabella, con Juan Sebastián Verón como capitán y referente máximo del plantel, mantuvo en vilo por 88 minutos al mejor Barcelona de todos los tiempos, según los propios periodistas españoles. “Estuvimos a 120 segundos nomás, demasiado cerca. La ilusión era cada vez más grande, y eso es lo que más duele”, sostuvo el entrenador pincharrata. La gloria se encontraba tan cerca que las más de 3.000 gargantas pinchas que rugían en las tribunas del Jeque Zayed estaban al borde de la afonía ante la posible conquista del mundial de clubes. Pocos imaginaban antes de que el árbitro mexicano Benito Archundia diera el pitazo inicial que el equipo argentino podría jugarle de igual a igual al conjunto catalán, y mucho menos, estar a solo dos minutos de regresar al país con el título.

En la previa, el Barça de Pep Guardiola era el favorito. “Jugar contra el Barsa es como jugar con Federer y Nadal juntos”, anticipaba el extenista Juan Mónaco en una entrevista en el diario Olé. Estudiantes, sin muchos jugadores de renombre, se enfrentaba a un equipo poderoso que cotizaba varios millones de euros más (1.250 para ser exactos). Ni los 10 millones de euros de Verón o Enzo Pérez eran comparables con los 150 millones de Puyol, Xavi o los 250 millones del propio Lionel Messi. Las casas de apuestas marcaban como un claro candidato a los azulgranas: Estudiantes pagaba 6 euros por 1 por persona, mientras que Barcelona pagaba apenas 1.38. Una expectativa totalmente adversa para el León.

Era la final del año y era también el duelo de cracks del seleccionado argentino. Messi, de un lado. Verón, del otro. La juventud de la Pulga frente a la experiencia de la Brujita que previo al partido anticipaba, al diario Clarín, la postura del Pincha de cara al encuentro: “El que quiera venir a ver un espectáculo, mejor que vaya al teatro. Nosotros queremos tratar de ganar el partido, no venimos a dar un espectáculo… ¿Si vamos a pegar mucho? Y, por algo siempre nos llamaron Animals”. El ídolo de Estudiantes ya jugaba su partido e iba por la gloria que había obtenido su padre 41 años atrás, en Old Trafford.

El escenario  principal, la noche del 19 de diciembre de 2009, fue el Estadio Jeque Zayed. En Abu Dhabi, los hinchas del León que se alojaban en  Dubai colmaron las inmediaciones del recinto. “Desde La Plata te vengo a ver”, entonaban los muchachos de  Estudiantes en los minutos previos, “Hay, hay, hay, hay, el que no salta nunca fue campeón mundial”, les cantaban a los simpatizantes del Barcelona. Unos miles de fanáticos tiñeron de rojo y blanco las tribunas de la cancha y en la ciudad de las diagonales, en 7 y 50,  a más de 12.000 kilómetros de distancia, el pueblo pincha también salió a la calle para respaldar a sus jugadores.

foto-3Alejandro Sabella puso en cancha a Albil; Cellay, Desábato, Ré, Diaz, Clemente Rodríguez; Pérez, Braña, Verón, Benítez; Boselli. Un once inicial, no muy distinto a aquel que le ganó la Copa Libertadores a Cruzeiro en julio de ese año. Por su parte, Guardiola paró en campo a Valdés; Dani Alves, Puyol, Piqué, Abidal; Busquets, Xavi, Iniesta; Messi, Henry e Ibrahimovic.

Dentro del vestuario, Verón dio una arenga conmovedora. Fiel a su estilo. “Hoy estamos acá, no hay mejor cosa que esto, vivámoslo… hoy el mundo habla de Estudiantes, hoy el mundo habla de este grupo”, fueron las palabras que salían de la boca del capitán, camuflado en el abrazo unánime de los once jugadores. Así, Estudiantes salió a ganar. El trabajo táctico de Sabella desde el minuto uno se reflejó en sus jugadores que anularon al Barcelona en todas sus líneas. A medida que el tiempo transcurría, el equipo culé no se sentía cómodo y el conjunto argentino contragolpeaba con varias ocasiones de gol.

Diez minutos bastaron para que los blaugranas, vestidos esta vez con camisetas  naranja fluor, llegaran con riesgo al área de Damián Albil. La primera situación de peligro a favor del Barça se produjo en los pies de Xavi, luego de un gran taco de Ibrahimovic. Los botines amarillos del delantero parecían arrancar la mágica función de los españoles; sin embargo,  el León sacó su grandeza y creció en la cancha. Desábato defendió cada pelota que cayó en el área, Rodrigo Braña se adueñó del mediocampo y Verón manejó los tiempos. Fue tal el ímpetu de Estudiantes que a los 37 minutos abrió el marcador. Mauro Boselli, de cabeza, sorprendía al público local y alegraba a la mitad albirroja de La Plata. Con el Pincha un gol arriba sobre Barcelona finalizó el primer tiempo.

En la segunda mitad del partido, los platenses trataron de aguantar y de resistir las embestidas de un toro culé que decidió cambiar algunos de sus jugadores en el entretiempo. Pedro fue uno de ellos.  Ingresó y cambió el partido. Faltando 120 segundos para la coronación de Estudiantes, que ya se sentía vencedor, un mal rechazo de la defena pincharrata, desencadeno en un cabezazo bombeado de Pedro que ni lo guantes de Albil ni el travesaño salvador pudieron detener. Pedro acababa de marcar el empate del Barça y la epopeya se desmoronaba. Mauro Boselli, entre lamentos, recordó aquella jugada al final del encuentro: “Estábamos a tres minutos de ganarle al mejor equipo del mundo. Uno levantaba la cabeza, miraba el televisor y faltaban 3 minutos… estábamos ahí”.

El partido continuó con tiempo extra y el conjunto de La Plata ya no fue el mismo. Barcelona, al igual que Messi, se agigantó y a los 4 minutos del segundo tiempo suplementario, el astro argentino estampó el 2 a 1. La Pulga, luego de un centro enviado desde la derecha, supo empujar la pelota con una sutil definición de pecho y establecer la diferencia en el marcador. Los últimos 10 minutos del alargue se jugaron con Estudiantes metido en el área catalana. Los centros fueron la esperanza de un equipo desesperado y sobre el final, Desábato tuvo la última chance con un cabezazo que se fue apenas desviado, casi rozando el palo. La Plata se paralizó por un segundo. Cafferata, el pueblo natal del Chavo, también. Solo quedó en la retina de los hinchas la imagen de la pelota alejándose del campo de juego. “Hay jugadores con suerte grande y esta no fue para mí. Pasó muy cerca, no tengo palabras para describirlo mejor. Me acuerdo y me da bronca”, sostuvo el exquilmes, tiempo después, en el diario Olé.

Saque de arco. Valdez acomoda la pelota y le da un puntinazo de desahogo. El silbato suena. Desábato se encuentra en cuclillas mirando al suelo, buscando alguna explicación, en pleno llanto. Seca sus lágrimas con la mano. Sabella, con su traje gris ya desprendido, entra al campo a consolarlo.

“Braña llora y verlo eriza la piel… Verón se esfuerza, pero no evita el gesto duro, rabioso. Boselli se queda quieto y no entiende bien qué pasa… Cada uno es el reflejo de la desolación”, describe Franciso Schiavo para el diario La Nación. Estudiantes había disputado uno de los partidos más inolvidables de la última década, ante uno de los mejores equipos de la época. “Por cómo festejaron, algo asustado debían estar”, manifestó, días más tarde en Olé, Juan Sebastián Verón y continuó: “A lo último no teníamos piernas, jugamos con el alma y el corazón”. “Nos faltó, nos faltó eso… dos minutos”.

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