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LA JOYA DE ISLANDIA


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Gylfi Sigurdsson, el talento de los nórdicos, es producto del trabajo de un particular DT: su hermano mayor Ólafur, quien aprendió el oficio mirando videos.

Por Lucas Thiele

“Su personalidad, cuando tenía una pelota con él, cambiaba. Dejaba de ser un chico tímido y se transformaba en uno enérgico y con ganas de relacionarse. Su forma de expresarse era el fútbol”. Historias de niños con talentos innatos para la práctica deportiva hay muchas. También de las que relatan la ayuda de sus padres o familiares para que estas joyas deportivas puedan desarrollar esas aptitudes y forjar su carrera, que luego puede ser exitosa o no. Pero eso ya tiene otros aspectos en los que no vamos a entrar en detalles.
“Fue duro para mi ser su primer entrenador. No porque haber entrenado a mi hermano menor haya sido un problema, sino porque me tuve que formar como tal”. Ólafur Sigurdsson, con 20 años y por pedido de su padre, debió enseñarle a su hermano a jugar al fútbol. Ólafur recuerda la expresión de su hermano cuando le dijo que iban a salir a jugar. Destaca que nunca vio tanta felicidad en la cara del pequeño Gylfi, de siete años en ese momento: “No me olvido de sus ojos azules a punto de llorar, pero se contuvo”, relata mediante una comunicación por Skype desde su ciudad natal, Hafnarfjordur, la tercera ciudad islandesa. Nacido el 8 de septiembre de 1989, el 10 de Islandia juega actualmente como volante ofensivo en el Everton de la Premier League inglesa, que le pagó por su pase al Swansea City galés 49 millones de euros, precio récord para la institución de Liverpool.
La formación de Ólafur como entrenador fue un tanto particular: compró y pidió prestados videos sobre entrenamientos futbolísticos para poder aplicarlos en su hermano: “Hoy en día hubiese sido más fácil encontrar videos, pero todavía no existía YouTube. No tenía tan a mano las cosas. Al vivir en Islandia, los videos tardaban en llegar. Y cuando los recibía, los veía e, incluso, yo hacía los ejercicios antes de explicárselos a Gilfy”, rememora.
El mayor de los Sigurdsson considera que lo primordial fue entrenar la recepción de pelota y el pase al pie, también patear al arco, mientras hacía de arquero en la entrada de la casa: “Gylfi era realmente bueno de chico, tenía un control de pelota sensacional. Pero era muy débil físicamente, y eso es un aspecto que se perfecciona con el paso del tiempo. Si le daba importancia al físico cuando él era un niño, iba a perder el tiempo”, explica. Menciona que filmaba a su hermano mientras jugaba en la calle y que, para que pudiera entrenarse en invierno, su padre Sigurdur compró un galpón y lo acondicionó para que pudiera seguir con sus prácticas.
Hoy en día cree que su hermano, pese a ser una de las figuras del seleccionado islandés, no perdió su timidez de niño y considera que ese bajo perfil es lo que lo vuelve un gran futbolista. Y resume que su obsesión con la pelota, esa que tiene desde chico, lo llevó a lograr clasificar a Islandia a su primer Mundial de fútbol: “Espero que clasifiquen junto con Argentina a octavos de final, acá queremos mucho a Messi”, agrega. Pero considera que va a ser un duro trabajo para Islandia.


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