LA TECNOLOGÍA NO AYUDA A DORMIR


El 64% de los argentinos admiten padecer trastornos del sueño según una encuesta mundial realizada por Philips.

Por Juan Manuel Ferrera

Marcelo Gramajo, una de las tantas personas que sufren este tipo de trastornos, es un joven estudiante que con parálisis nocturna. Él reconoció haber llegado a tener miedo de dormir. La parálisis sufridas durante la vigilia previa a dormirse le causaban la sensación de inmovilidad absoluta. El miedo le impedía dormir solo, con 30 años tuvo que mudar la cama de su pieza hacia el dormitorio de sus padres. “En un momento me costaba diferenciar la vida real de los sueños”. Silvina Niro también sufre trastornos del sueño. Sus inconvenientes comenzaron 5 años atrás, y el último hace un año fue el peor. “Me dormí y de golpe estaba despierta pero medio inconsciente, solo sabía que mi cuerpo no respondía, quería moverme y no podía. Tuve una alucinación, había una mujer mirándome”. Ni Silvina, ni Marcelo realizaron ningún tratamiento médico. El estudio realizado por Philips, una de las empresas de tecnología más importante del mundo, determinó que el 60% de las personas que sufren algún tipo de trastorno que les impide dormir no han buscado ayuda profesional.

El insomnio, la apnea, los terrores nocturnos o las parálisis son los padecimientos más comunes que conforman esta clase de trastorno. Entre las causas principales se encuentra la intrusión de la tecnología con impacto en el 36% de los afectados. Para el doctor Pablo Ferrero, neurólogo especialista, la tecnología puede atentar a dos niveles, el mental y el físico. La “ansiedad tecnológica” que se genera por vivir conectado, pendiente de Internet y de las redes sociales impide alcanzar un descanso propicio. “Estar viendo si te escribieron, si te mandaron un mail, si te pusieron un like, si te contestaron un mensaje, genera una ansiedad que impide un descanso satisfactorio”, explicó el neurólogo. En al aspecto físico las ondas lumínicas que emanan de cualquier pantalla se transmiten al cerebro por el nervio óptico y hacen que disminuya la liberación de malatonina, la hormona del sueño. Para el doctor Alejandro Andersson, director del Instituto de Neurología de Buenos Aires, es fundamental evitar todo tipo de pantallas al momento de la búsqueda del sueño. Sin embargo existen variantes que ayudan a reducir el impacto que generan estas ondas. Utilizar las herramientas presentes en los dispositivos para eliminar la gama de azules ayuda a que la liberación de melatonina a niveles cercanos a la normalidad.

Más allá de la reducción de la dependencia tecnológica, las alternativas para conseguir un descanso adecuado están relacionadas a la “higiene para el sueño”, un conjunto de recomendaciones entre las que se encuentran: evitar las siestas innecesarias, evitar el consumo de estimulantes después de las 14, no realizar ejercicios en horario nocturno, evitar ingerir alimentos “pesados” durante la cena, mantener una rutina de horarios para dormir y para despertarse e ir a la cama solo para dormir. Para el doctor Ferrero las consecuencias de este tipo de trastornos son contundentes: “duplica el riesgo de cáncer, en especial el de mama y el de próstata. Define si vas a tener o no Alzheimer. Destruye los niveles de glucosa. Aumenta la probabilidad de taponamientos coronarios, infartos y fallas cardíacas. Además contribuye a todas las enfermedades psiquiátricas”. En Argentina, el 54% de los encuestados reconoció el impacto significativo que el sueño y la falta del mismo tienen sobre su salud y el bienestar general, incluso más que el ejercicio, la seguridad financiera y la buena alimentación.

El interés sobre la problemática por parte de una multinacional tecnológica del tamaño de Philips no es casual. La encuesta tiene como objetivo mejorar el desarrollo de tecnologías como las máscaras y aplicaciones de monitoreo que produce la marca. Para el doctor Ferrero el desarrollo de esta clase de tecnología es de mucha ayuda. En el caso de las apneas (interrupción de la respiración) las máscaras son indispensables y funcionan en un gran número de pacientes. Los problemas se generan cuando se llega al extremo de aumentar la ansiedad tecnológica por el hecho de pasar toda la noche pendiente de los resultados de una aplicación.

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