LEO MONTERO, EL CLUB, EL DEPORTE Y, ¡AY DIOS MIO!


El periodista y conductor de radio y televisión desde chico tuvo dos casas. La familiar, donde vivía con sus padres y hermanos. Y su segunda casa, el club, donde se pasaba gran parte del día.

Por Héctor Speranza

En Argentina, los clubes de barrios son entidades sin fines de lucro, que han tenido y aún tienen en la actualidad gran influencia sobre la formación de niños, adolescentes y jóvenes de nuestro país. Uno de estos fue Leonardo Cesar Montero, nació un 18 de septiembre de 1971 en Villa Carlos Paz, que desde muy chico tuvo relación con los clubes y los deportes. Poco se sabe de esa parte de su vida, porque su profesión de periodista y conductor de radio y televisión abarcó el centro de la atención del público.

Leo, desde los cincos años tomó al Club Pesca de Carlos Paz como su segunda casa. Ellas quedaban a solo dos cuadras de distancia una de la otra. “Papá, dirigente del club de toda la vida, supongo que por eso generamos ese vínculo tan estrecho y pasábamos tanto tiempo ahí”, nos contaba el conductor de TV. Para él, los clubes de barrio de nuestro país son de gran importancia social, porque incluye a toda la familia. En ellos se aprende a compartir, a relacionarse con otras personas que no son parte de tu familia y tener un lugar de pertenencia. A todo esto le sumamos el compromiso, que te lo da la práctica de un deporte y hace una acotación aparte, que los practicó a todos. Fútbol, básquet, judo, boxeo tenis, etc, pero el único que no dejó desde el jardín de infantes es el de la pelota naranja. Para Montero, la segunda escuela fue el deporte, donde en forma práctica aplicó lo que aprendió en sus casas (la familiar y el club). Por estos motivos, estas instituciones (los clubes) quedaron tatuados en su corazón. ”Nos marca y recuerda aquellos años de tu vida donde fuiste feliz y lo extrañas desde el dia que te fuiste a otro lugar”, acota con nostalgia.

—¿Pensas que no se da en otros países lo que aportan los clubes en el nuestro?

— No creo creo que se pierda ese sentido, pero sí, que en algunos países está más ligado a las instituciones de educación. Por ejemplo, en Estados Unidos no existen clubes como acá, pero si tienen ese sentido de pertenencia al que siempre recuerdan con cariño, vuelven y defienden, que son la escuela primaria, secundaria y la universidad, sobre todo esta última. En ellas se han desarrollado como personas en sus tres etapas y siempre incluyendo la práctica de un deporte.

—Nombras a Estados Unidos y me vino a la cabeza Cuba— ¿Qué opinas sobre las políticas de estado de cada una de ellas con respecto al deporte?

— Son completamente diferentes, la cubana es más social y la otra es capitalista. Ambas con sus métodos son buenas, con objetivos diferentes (amateurismo y profesionalismo). El deportista cubano es bueno en general y si lo comparamos con los norteamericanos estos corren con un poco de ventaja. Porque cuentan con una infraestructura mucho mayor por el dinero que invierte en el deporte con capitales privados. Forman al atleta en su totalidad, el entrenamiento, la dieta, el descanso y la única preocupación que tiene éste es la de mejorar en su deporte (profesional al ciento por ciento). La comparación vale también entre Cuba y Rusia o países europeos, que al tener más plata pueden desarrollar mejores metodologías de trabajo al servicio del deportista. Voy a ejemplificar lo que digo: supongamos que Michael Phelps nació en Argentina, con las mismas condiciones genéticas y habilidades innata. Él no hubiese podido desarrollarse de la misma manera, porque no contaría con la misma cantidad de recursos y contención para explotar más sus condiciones. Hubiese sido bueno, pero no a ese nivel al que llegó.

—Ya que entró en la charla nuestro país— ¿Cómo ves al deporte en la Argentina?

— Lo veo bastante más mejorado, me guio por lo que me cuentan los mismos atletas sumando la participación del ENARD. Destacaron mucho lo hecho por él en los últimos Juegos Olímpicos en Río. Pero lamentablemente para el deportista argentino ese mucho que hace el país o mejor dicho el ENARD, es poco. Porque ese mucho, es el mínimo donde arrancan otros países. Nunca se había hecho nada acá. Por ende los pobres pibes que entrenaban para un JJOO (para citar un evento que nuclea a todos los deportes), cuando llegaba el momento de competir con atletas de otros países estaban en desventaja, por no haber contado con los medios económicos para hacerlo, con la infraestructura de base para entrenar, comer y descansar como debe un atleta olímpico, y desarrollarse en su deporte a un nivel de elite. También te puedo hablar de otros deportes o competencias, el fútbol o el básquet que lo conozco más. Los clubes están devastados en su estructura (con vestuarios inhabitables, sin agua, sucios y sin mejoras edilicias en general), la economía en rojo, la logística de la competencia mal hecha, los traslados de los planteles costosos y lentos, se pasan 20 horas arriba de un micro. Para pasar en limpio lo que pienso es, que nuestros deportistas han evolucionado de manera exponencial, por sus propias condiciones. En cambio, la infraestructura y la dirigencia de los clubes más la nacional se quedaron en el tiempo. Todos son rehenes y cómplices de las políticas de los gobiernos de turno.    

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