Marcela Gómez, la chica del record argentino en maratón

La fondista chaqueña se alejó del atletismo en la adolescencia, volvió a la competencia diez años después y, a base de buenos resultados, se ganó un nombre en el deporte nacional y ahora sueña con los Juegos Olímpicos.


Sin lugar a dudas que Marcela Gómez, especialista en las pruebas de fondo, escribió su historia en el atletismo, ninguna mujer argentina había corrido a la velocidad que ella hizo. En nuestro país era una desconocida, a tal punto que la catalogaban como la “brasilera argentina” por su apariencia característica. Su apogeo llegó en el Maratón de Sevilla 2020, donde finalizó en el décimo puesto  y con un tiempo de 2 horas, 28 minutos y 58 segundos, no sólo batió el récord que ostentaba Griselda González  con 2 horas, 30 minutos y 48 segundos desde 1997, sino también se ubicó entre las tres mejores del historial sudamericano y se adjudicó la marca mínima para los Juegos Olímpicos de Tokio.

La nacida en Tres Isletas, provincia de Chaco, y radicada en Maringá, un pequeña localidad de Brasil, se sumergió al mundo atlético en su adolescencia. Allí representó a su escuela en los Torneos Intercolegiales y se consagró como tricampeona provincial de los 1500 metros. El talento demostrado en cada una de sus carreras le permitía desenvolverse con facilidad en cualquier actividad que se le cruzara. De hecho, jugaba al vóley, handball y fútbol. Era una todoterreno. Sus amigos y la gente que la veía correr le decían que “algún día iba a llegar a los Juegos Olímpicos”. Sin embargo, era consciente de que esa era una meta difícil debido a la imposibilidad de desarrollar una carrera deportiva en el interior.

Una vez finalizado el secundario, decidió poner en pausa a la competencia, se mudó a Corrientes para comenzar sus estudios de Educación Física y seguir en contacto con el deporte, aunque sin practicarlo. Pero finalmente los dejó por problemas personales y trabajó como becaria en la Secretaría de Deporte. En uno de los eventos que se realizó en Tres Isletas, los hermanos Hernán y Rodrigo Zorilla y el profesor Francisco “Pancho” Varde la sedujeron para correr como aficionada y devolverle el gusto por correr.

Tras una década alejada de las pistas, en 2011 se radicó en Brasil,  comenzó a entrenar intensivamente y conoció una persona que fue fundamental en su retorno: su marido, quien la incentivó a que se dedicara a vivir del atletismo porque, según él, tenía el talento necesario. Desde 2012, los resultados le hicieron ganarse, de a poco, un nombre dentro del deporte nacional y aquellos elogios recibidos durante sus inicios en Tres Isletas volvieron a tomar forma. “Decidí que quería ir a un Juego Olímpico en 2016, antes de los Juegos de Río. Ya llevaba cuatro años corriendo a un nivel profesional, venía con una muy buena evolución de resultados y tenía ganas de correr maratón. Iba a intentar clasificar a Río, pero hubo algunos inconvenientes y no dio para que lo intentara. Pero me puse el objetivo de ir a Tokio”, expresó.

Su debut como maratonista fue en la prueba de Río de Janeiro en 2018, donde terminó en el quinto puesto con una marca de 2 horas, 47 minutos y 12 segundos. Esta gran actuación, le valió su convocatoria a la Selección Argentina con vistas a participar en el Campeonato Sudamericano. Allí logró el 5°lugar y la 9° posición en la tabla general. Una de las curiosidades se dio en una concentración con la albiceleste cuando corrió como segunda clasificada argentina: nadie la conocía. No obstante, el crecimiento exponencial con el paso del tiempo le permitió llegar a la elite del atletismo.  

En 2019, alcanzó la cúspide de su nivel al consolidarse como la mejor argentina en los 21 kilómetros de Buenos Aires, celebrados en agosto, con un registro de 1:14:25, consagrarse como subcampeona nacional y sudamericana detrás de Daiana Ocampo, con un tiempo de 2:34:45 que la colocaba en ese entonces como la mejor de todos los tiempos en el país, y quedarse como sexta en la clasificación de la Maratón Internacional.

Después de entrenarse en un predio de alto rendimiento en Palpa, Colombia, llegó el Maratón de Sevilla. Ese domingo 23 de febrero de 2020 se congregó como un día histórico para el atletismo argentino: Marcela Gómez mostró sus credenciales, manejó los tiempos de la carrera y, pese a bajar su ritmo, con una sensación de agonía y ganas de vomitar, en el kilómetro 37, finalizó en el décimo puesto. Con un tiempo de 2:28:58 y se adueñó del récord nacional de Griselda González. Además superó los récords nacionales de los 25 y 30 km con 1:2848 y 1:45:55 respectivamente, se metió entre las tres mejores del historial sudamericano detrás de las peruanas Inés Melchor y Gladys Tejeda y consiguió la marca mínima (2:29:30) que la catapultó a sus primeros Juegos Olímpicos.

“Todo lo que hago está enfocado en los Juegos. Cada entrenamiento, ir a entrenar en altura a Paipa, Colombia, apunta a la línea de largada del maratón olímpico. Los récords están para ser quebrados, no duran toda la vida; los títulos hoy los ganás vos y mañana otra persona; pero ir a un Juego Olímpico no te lo saca nadie”. Eso destacó la chaqueña, que tiene a Tokio entre ceja y ceja con vistas a hace un buen papel y demostrar de qué está hecha.