Mientras esté el Tigre, todo es posible

Ricardo Gareca encabeza la ilusión de Perú, que buscará repetir la actuación de 2019 cuando llegó a la final de la Copa América. ¿Tendrán revancha el técnico argentino y sus jugadores?

Las grandes historias comienzan con la lucha, entrega y dedicación por lo que haces. Ítems que ocupa el seleccionador peruano en su carrera. Tercer lugar en una Copa América, después de treinta y seis años logró clasificar a Perú al mundial 2018 y un subcampeonato, en aquella final recordada contra Brasil por el último torneo continental. Lo llevó de no competir por títulos a estar a un paso de lograrlo, todo esto logrado con su experiencia y creencia en que siempre se puede competir con el corazón.

Ricardo Alberto Gareca, nacido en Argentina, Tapiales, el 10 de febrero de 1958. Hincha e ídolo de Vélez, club donde dejó una huella como jugador y entrenador. El Flaco o el Tigre son sus habituales apodos, pero el mundo del fútbol lo conoció como un terrible jugador y ahora como un extraordinario técnico. Fue formado en Boca Juniors, tuvo un paso por River Plate, pero esa marca felina la dejó en la “V Azulada” donde como jugador mostró desfachatez, atrevimiento, velocidad, gran visión de juego y goles (marcó 174 goles en su carrera profesional y cinco con la albiceleste). Cualidades que se notaron en los equipos que dirigió, mayormente en el Fortín, en ese equipo que en el campeonato local mostró superioridad al resto en el paso de cuatro años, hegemonía que después se vio reflejada a nivel mundial, al ubicarse en el tercer lugar de mejores clubes en 2011, por detrás del Real Madrid y Barcelona.

Un tipo cauto, precavido, trabajador y de bajo perfil. Entendedor de que en el terreno de juego están los protagonistas, que él es el director de la orquesta, que más allá de que te da todas las herramientas, los que logran ese sonido armonioso son los jugadores.

Sus salidas o rompimientos en los clubes que dirigió fueron consensuadas, solo se conoció aquella salida ruidosa como jugador de Boca Juniors para pasar al Millonario, River Plate, pero que lo escandaloso o los flashes se lo llevó su compañero Oscar Ruggeri, el cual declaró que fue lo mejor para él hacer eso. Fuera de este altercado, que lo hizo de joven conocido como “un pecado de juventud”, siempre se resaltó el profesionalismo y sencillez que muestra el Flaco, un perfil muy poco visto en esta actualidad futbolística, pero que es esa personalidad a la cual los jugadores la describen como una persona sabia o un maestro.

Estuvo en más de diez instituciones, América de Cali, Universitario de Perú, Palmeiras, Talleres, son algunos de los clubes donde se hizo cargo el Tigre, equipos con realidades distintas, pero equipos importantes en sus países. Sus picos altos los dio en la continuidad, en el proceso a largo plazo, en donde pudo trabajar con calma y serenidad para llevar a cabo un mejor trabajo. Acá hablamos de su participación en Vélez y la selección nacional de Perú. La tranquilidad de contar con una dirigencia que te banca ante los malos resultados, es una muestra clara de que confían en ti y tu método de trabajo, que tiene sus cosas claras, pero también está la creencia del jugador en que este es el camino. Gareca prioriza el orden, pequeñas sociedades, tenencia del balón y no ser un equipo mezquino con el buen fútbol.

Conseguir tantos torneos en clubes locales (cuatro en Vélez y uno con Talleres) en su paso por un club argentino es difícil, una competición con rivales muy aguerridos, mucho roce, mucho orden defensivo y grandes figuras, pero aun así se le hizo cómodo a Gareca ser un ganador en la Argentina. Demostrando un gran dominio local con un grupo de jugadores que dejaban la vida por la institución. Caso similar al presente que tiene el Tigre en Perú, que un equipo donde los jugadores de élite no existen, sí abundan futbolistas con enormes huevos y con el ímpetu de honrar el nombre de su país.

Más allá de la historia que tiene la Bicolor, el Tigre consiguió algo de lo que supo disfrutar Perú hace muchos años atrás, que es tener nuevamente la ilusión de que se puede conseguir un campeonato, ir a la cancha y disfrutar de sus jugadores, que se pueden obtener grandes objetivos si se trabaja en conjunto, que en los restaurantes se escuche por radio las noticias del seleccionado nacional y esperar impacientemente que los jugadores salgan al Estadio Nacional de Perú para alentar a los suyos, hasta quedar sin voz.