Paolo, sin récord ni despedida

A sus 37 años, Paolo Guerrero, el emblema de Perú soñaba con jugar su última Copa América en tierras brasileñas y conseguir ser el máximo artillero de su país en el torneo. Sin embargo, Gareca no lo incluyó en la lista debido a su condición física.

Nació el 1 de enero de 1984 en Chorrillos, uno de los 43 distritos que tiene la ciudad de Lima. El atacante es aficionado a la hípica, donde tiene sus propios caballos en el hipódromo de Monterrico y, además, en sus tiempos libres aprovecha a realizar obras que ayudan a la mejora social de su país.  Padre de tres hijos (Diego Enrique, Alessio y Katia) todos de madres diferentes.

Sus padres, Petronila Gonzales y José Guerrero, tomaron la decisión de llevarlo en su infancia al colegio Los Reyes Rojos, en la cual Paolo conoció a su mejor amigo de toda la vida: Jefferson Farfán.

 El director del colegio sabía que esta dupla tenía un potencial increíble en el fútbol y los llevó a Alianza Lima, donde ambos comenzaron a escribir su camino en el deporte. En este club, inició su carrera futbolística y muy rápidamente, a los 18 años,  fue detectado por varios equipos importantes del mundo. Más tarde jugaría en Bayern Múnich, en Hamburgo, luego en Corinthians, en Flamengo y en  Inter de Porto Alegre, en este último club es donde se encuentra actualmente.

“Siempre anhelé ser capitán de la selección peruana”, fueron las declaraciones del “Depredador” antes de iniciar su camino con la Bicolor y, en muy poco tiempo, ese objetivo se transformó en realidad. Su debut con su selección fue en 2004. Fue en la derrota por 1 a 0 ante Bolivia en el Hernando Siles de La Paz en el marco de una nueva fecha de eliminatorias rumbo al Mundial de Alemania 2006.

Luego, llegaría su primera Copa América en Venezuela 2007, donde Paolo apenas anotó una conquista y quedó eliminado en cuartos de final. Todo lo contrario, pasaría en la Copa disputada en Argentina en 2011, el delantero llegó con más madurez y con mayor confianza a ese torneo. Se destapó con cinco goles en cinco encuentros, convirtiéndose en el goleador del campeonato y llevó a Perú a lograr el tercer puesto.

Cuatro años más tarde, participó de la Copa América de Chile, donde la selección peruana también ocupó el tercer lugar y se adjudicó la medalla de bronce. Paolo Guerrero marcó cuatro goles en seis encuentros disputados y volvió a integrar el once ideal del torneo.

Con estas enormes actuaciones el atacante ya se metía en el corazón del pueblo peruano.  Y aún más, cuando en la Copa América Centenario que se disputó en EEUU en 2016 consiguió el tanto que lo llevó a convertirse en el máximo artillero de la roja y blanca con 27 anotaciones, desplazando a Teófilo Cubillas, quien ostentaba ese récord. Fue ante Haití por la primera ronda, tras un centro perfecto desde la izquierda para que Guerrero con una palomita espectacular escriba su historia con el seleccionado. Además, este gol fue elegido por la organización como uno de los mejores tantos del torneo. Por otra parte,  Perú  nuevamente se quedaba en el camino en los cuartos de final ante Colombia por penales.

Posteriormente, llegaba la quinta Copa América de Paolo con su selección, sería en Brasil  en 2019. A pesar de que Perú llegó a la final de dicha instancia perdiendo con el local por 3 a 1 y haciendo una excelente Copa, el atacante con sus tres goles en el campeonato igualaba el récord de Lolo Fernández como únicos jugadores peruanos que han marcado en cinco ediciones diferentes del torneo y, además, llegaba a 14 anotaciones en esta competición. Esta marca lo ubicó en el quinto puesto como uno de los máximos artilleros del torneo continental más antiguo, a tan sólo tres goles del histórico jugador argentino Norberto “Tucho” Méndez y del brasileño Zizinho, que lideran con 17.

El “Depredador” peruano no podrá buscar ese récord, ya que parece difícil que pueda jugar otra Copa América. Ricardo Gareca decidió marginarlo debido a su condición física, luego de una temporada extensa, y así la leyenda y el goleador histórico de la selección no podrá contribuir a ubicar a Perú en lo más alta de la cima, torneo que se le viene negando desde 1975.