¡Que lo disfruten!

¡Pará!, antes de empezar a leer respirá, tomate un segundo… si, ¡Estamos en la final del Mundial! (¿Cómo hacemos para llegar al domingo?).


Argentina le ganó a Croacia con dos goles de Julian Alvarez y uno de Lionel Messi, de nuevo, de penal. Hay mucho de este partido. Acceder a la sexta final de nuestra historia, por supuesto, pero además la segunda de Fideo, Otamendi y Lionel que, ahora sí, es el máximo goleador de Argentina y alcanzó a  Matthäus como el jugador con más participaciones en la competencia.

Probablemente la experiencia reciente haya condicionado cierto grado de nerviosismo en la previa del partido. Casi fue prepararse para sufrir. Pero, si bien en los primeros minutos Croacia se hizo cargo de la pelota, el equipo supo ser paciente y esperar, por ejemplo, a que el sacrificado de Julián Alvarez consiga el penal para romper el cero. De nuevo Messi, en un momento decisivo para el equipo y para su carrera. Once goles en Mundiales. Y empezamos a tranquilizarnos.

Solo cinco minutos después, otra vez Julián, encaró el arco y avanzó prácticamente llevandose todo puesto hasta que, sin que la pelota toque el piso, la mandó a guardar. La hinchada se entregó a su corrida desde el área propia y a 14 mil kilómetros de Argentina se escuchó ¡Olé, olé, olé, olé, Julián, Julián”. El capitán se tocó varias veces el isquio izquierdo. Un poco volvimos al estado de nervios, pero en el segundo tiempo (y para la historia) corrió 40 metros frenó en el área, se sacó a Gvardiol de encima y le dió la pelota a La Araña que completó su mejor partido con otro gol.

Respirá de nuevo. Esas son las sensaciones que nos tienen que quedar. Esta alegría por ser parte del partido más importante del fútbol. No se olviden de agradecer que, otra vez, el que es de otro planeta es argentino (y está jugando en su mejor versión).

Scaloni, como siempre, merece un párrafo aparte. El planteo táctico indicado y para no privarse de nada le dió minutos a Juan Foyth y Paulo Dybala. Cuando terminó el partido y como dice la costumbre, Messi habló con la prensa, y frente al micrófono de TyC Sports, como quien no quiere la cosa deslizó: “Que lo disfruten”. Un regalo, fin de la función y las calles fueron una fiesta.

En cualquier esquina la gente se juntó a saltar y cantar. El subte, todo celeste y blanco, ensayó el repertorio completo y, en el primer mínimo silencio, alguien gritó: ¡Aguante el Dibu! para que aflore de nuevo la euforia. Algunos en el obelisco intentaron conquistar los lugares más altos y terminaron en los faroles de luces y semáforos. Los hinchas niños y niñas bailaron descontrolados al ritmo de “el que no salta es un inglés” (una pavada esto del fútbol) y en algún momento pasó una bandera gigante del Diego que dejó un tendal de aplausos en el camino, porque siempre está pero cuando aparece es más lindo.

Es difícil encontrar otros momentos en los que todo, o mejor dicho todos, somos alegría. Todavía falta. Por lo pronto, conocer al rival que podría ser Marruecos o Francia, y además volver a entrar a la cancha. Pero un 3 a 0 en la semifinal de un Mundial y este equipo que es reflejo de la hinchada más linda del mundo es razón suficiente para hacerle caso al capitán y disfrutar.