RAÚL SERRANO: “LA IMAGINACIÓN ES FUNDAMENTAL PARA EL ARTE”


Maestro de actores, creó su propia metodología de enseñanza que se difundió a otros países. Ha formado actores en Argentina, España, México, Rumania. Ha publicado numerosos libros sobre el trabajo creador del actor.

Por Cora Barengo

Raúl Serrano está, como todos los martes a la tarde, en la Escuela de Teatro de Buenos Aires, situada en Sarandí 760, espacio en el que enseña y que fundó hace más de 40 años. Creador de su propia metodología de enseñanza, director y dramaturgo, puso más de 60 obras en escena. Acaba de estrenar “Un hombre civilizado y bárbaro”, que se puede ver en este espacio, su teatro del Artefacto, los sábados a las 21.

-¿Cómo es el Sarmiento de “Un hombre civilizado y bárbaro”?

-La obra propone mostrarnos a un Sarmiento más terrenal, la posteridad aparece ante él para para bajarlo de su pedestal de bronce y acercárnoslo desde un punto de vista más humano. No es una cronología sobre la historia de Sarmiento, es una reflexión actual sobre sus contradicciones “civilización y barbarie”, y una excusa para  repensar nuestra historia.

-¿Qué diferencia a un gran actor del resto de los actores?

-Un actor que emplea correctamente la técnica puede hacer cosas buenas. El gran actor es aquél que supera la técnica, la deja de lado, y hace cosas que pertenecen a la singularidad de sus interpretaciones, a su propia personalidad como ser humano. Eso marca la diferencia entre un gran actor y un buen actor. Todo hecho creativo es singular…

¿Y la imaginación?

-Por supuesto que la imaginación es fundamental para el arte. No me gusta hablar de funciones psíquicas porque creo que todas están comprendidas en la conducta. Son momentos integrantes de un todo más homogéneo que es la conducta, pero la imaginación es lo que distingue fundamentalmente al arte.

-En una de las últimas entrevistas que le hicieron     comentó que además de aficionado al teatro es un gran jugador de ajedrez ¿Es así?

-Fui durante mi adolescencia un buen jugador. En esa época estaba federado, pero desde entonces no he hecho más que jugar partidas con mi computadora. Sí soy un admirador del ajedrez que es más que un juego, tiene una exactitud casi matemática, y todo lo que tiene que ver con la inteligencia humana me deslumbra.

-Dijo que la versión de ajedrez que más le gustaba era la romántica, artística y combativa…

-Sí. Hay distintos tipos de ajedrez, hay uno que es conservador, que no arriesga, que juega posicionalmente, plantea largas partidas, es más científico. Y hay otro ajedrez que desconcierta, que juega jugadas aparentemente aventureras, sin demasiado sentido y que después se van justificando, es mucho más cercano al arte, y más vistoso, más entretenido.

¿Le teme a la muerte?

-No, porque considero que la muerte es un momento necesario de la vida. Le temo al sufrimiento que a veces antecede a la muerte, a las enfermedades, a la invalidez, a esas cosas que hacen penosa la etapa previa. Pero en mis enfoques filosóficos no veo que exista una necesidad para que la gente tenga que existir por siempre. No soy tan egoísta.

-Durante el Renacimiento Plutarco escribió “Las vidas Paralelas” a partir de biografías, y Shakespeare se basó en ellas para sus tragedias. Si tuviera que elegir una vida paralela, ¿quién sería?

-Son las vidas de los grandes perdedores las que elegiría, de los hombres que perdieron en aras de sus ideales. Mariano Moreno, Jesús, Lisandro de la Torre. Creo que morir por las propias ideas es una manera de vivir.

RAÚL SERRANO CUENTA QUE LE COSTÓ CONSTRUIR SU VIDA ALREDEDOR DE LOS PROPIOS IDEALES.

“Generalmente lo que es muy fácil de detectar en las personas es cuáles son sus ideales y cuál es su práctica, y entre sus ideales y su práctica hay una gran distancia”, dice. “Cuando me di cuenta de ello procuré que el resto de mi vida la iba a dedicar a que no hubiera esa distancia entre lo que yo proclamaba como correcto, como ideal, y mi práctica”. Y considera que eso le permite tener una buena relación con quienes lo conocen.

Dejá tu comentario


Tu e-mail no será publicado.