Recuerdos de la Copa Libertadores: “El muletazo”

A 22 años, recordamos el “muletazo” de Palermo. Un regreso y un gol de Martín que sirvieron para coronar la eliminación de Boca a River en los cuartos de final de Copa Libertadores 2000. Fue en la Bombonera y el 9 venía de estar ausente durante 6 meses por una lesión.


El 2000 quedó atrás. Muy atrás. Cosas que parece que fueron hace un siglo aún no habían sucedido en el inicio del nuevo milenio. Todavía las Torres Gemelas estaban de pie, Brasil no era pentacampeón, “Nueve Reinas” no había sido rodada y no nos imaginábamos ningún “Corralito”. El pináculo de la crisis socioeconómica en el país no tenía lugar hasta el momento, sin embargo, ya estaban sentadas las bases. Diego había dejado de jugar a la pelota (aunque está claro que jamás anunció su retiro), Boca tenía solo dos Libertadores de las seis actuales, pero Independiente acumulaba las siete. Estos hechos, que hoy nos parecen tan lejanos, no habían sucedido aun cuando Martín hizo un gol “en muletas”.

El 24 de mayo del 2000, Martín Palermo convirtió uno de los goles más memorables del fútbol sudamericano, y también, uno de los más entrañables de la historia xeneize. Cada aniversario se vive con la nostalgia fundamentalista de que todo tiempo pasado fue mejor, pero para aquellos que lo vivieron es como si hubiera sido ayer cuando el Titán giró en cámara lenta en el área rival y ajustició a su rival.

La serie había comenzado en el Monumental. River recibió a Boca después de superar en octavos de final a Cerro Porteño; el equipo de la Ribera había pasado a El Nacional de Ecuador. Era oficial: había superclásico argentino en la Copa. El 17 de mayo los millonarios se hicieron fuertes en su casa: fue triunfo 2-1 para el local con goles de Javier Saviola y Juan Pablo Ángel. Riquelme había anotado para Boca, que llegaba abajo a la revancha en La Bombonera, pero con el sueño de dar vuelta la historia.

La previa se llenó de condimentos. No hay dudas que estos son partidos que siempre dieron de qué hablar. Pero en esta ocasión el foco estuvo en las chances de que Bianchi, necesitado de goles, le diera minutos a Palermo. Martín llevaba seis meses de inactividad tras una seria lesión en su rodilla; vale destacar que su último partido había sido ante Colón, en el cual, con los ligamentos rotos, convirtió su gol número 100. El “Loco” ya sabía de épicas y epopeyas. Las chicanas no tardaron en llegar. Ante esta posibilidad de que jugara el goleador boquense, el Tolo Gallego, DT de River en ese entonces, bromeó: “Si lo ponen a Palermo, yo lo pongo a Enzo”, refiriéndose a Francescoli, quien se había retirado hacía dos años. Carlos Bianchi no dudó y poco le importó lo que opinaran los de enfrente y la prensa. No solo lo incluyó en la lista de concentrados, sino que, cuando faltaban 15 minutos para el final, lo mandó a la cancha que estaba repleta y enardecida.

Boca ya ganaba 2 a 0. Tras un primer tiempo muy parejo, se estaba clasificado gracias al gol del “Chelo” Delgado a los 60’ y el penal bien ejecutado por Román a los 84’. Solo faltaba cerrar el partido. El DT se dio un pequeño lujo, quizás en su mente pensó que era el momento para demostrar de qué estaba hecho su equipo y, sobre todo, de qué estaba hecho Martín. Lo mandó a la cancha. “Andá y hacé un gol”, le susurró. El 9 salido de Estudiantes cumplió.

Quedaban 8 segundos, Riquelme trasladaba la pelota en sus pies varios minutos después del magnífico caño a Yepes. Filtró un pase para Battaglia que se llevó la pelota, la tiró larga y cuando llegó, se la dejó servida en el área al Titán. Los centrales miraban, expectantes pero inmóviles. El arquero se preguntaba qué iba a hacer, pero él se tomó su tiempo para decidir. La recibió unos centímetros atrás, giró, la acomodó y le pegó con la izquierda a esa esquina donde tenía puesta la mirada. Así, inmortalizó una vuelta memorable y cerró un partido glorioso. De sus 236 goles, sin dudas es uno de los más recordados, de los más gritados. La Bombonera se venía abajo, cuando Martín salió corriendo a abrazar al doctor Batista. Sin él no hubiera sido posible un regreso tan efectivo. Luego encerraron el cariño entre brazos con el Virrey, que tenía dibujada una sonrisa y aplaudía feliz. Los flashes iban hacia Martín, él corría. Los compañeros lo abrazaban y luego se iban hacia otro lado con la mueca dibujaba. Nadie podía creer lo que había hecho. Tal vez pensaban que era una locura de gol. Y sí, Martin estaba un poco loco.

Quizás, este tanto inmortalizado, pelea cabeza a cabeza, por ser el mejor, con esa corrida formidable para poner el 2-0 en Japón ante el Real Madrid. ¿Cuánto tuvo que ver el muletazo a River con esos dos goles a los españoles? ¿La confianza lo afianzó? ¿Tuvo un “golpe de suerte” que duró meses? ¿Fue el punto de quiebre en su camino para que llegue a ser lo que es hoy? Lo cierto es que, si él tenía dudas, sabía que podía contar con su gente. “Si te necesito, te voy a poner 15 o 20 minutos. Y sé que te voy a necesitar…”, le adelantó el DT unos días antes dándole total apoyo. La gente gritó como un gol cuando vio que sobre la línea de cal recibía indicaciones luego de 193 días afuera de las canchas.

La historia continuó, el camino fue largo y finalizó coronado en diciembre de ese año 2000. Su gloria e idolatría se forjó tras muchos años más de triunfos, récords e insólitas anécdotas. Le hizo honor a su apodo durante los siguientes 11 años que jugó… Titán: Persona que destaca por su vigor o su fuerza. Seres medio dioses y medio humanos Sinónimo de coloso, gigante.

Pero ese capítulo en su historia se cerró con la emoción que el momento requería: con él alzado por sus compañeros, en lo alto, lleno de flashes y admiración a su alrededor y con las lágrimas de un Titán que se sabe mitad Dios, y también, mitad humano.