Triunfó el Rojo y trajo alivio e ilusiones a las filas de Gabriel Milito. Sin embargo, la alegría no fue completa. Faltó futbol y no hubo juego colectivo. En el haber quedó la contundencia y la idea de que si un rival se equivoca sus delanteros son letales. En el debe, un equipo que está lejos de alcanzar el nivel que sus hinchas pretenden.
El Granate, último campeón argentino, venia de ganar la Copa Bicentenario frente a Racing, pero en un encuentro bastante chato no pudo plasmar en el resultado su superioridad en el campo de juego.

Foto: Raúl Ferrari

Foto: Raúl Ferrari

En el primer tiempo Independiente intentó presionar un poco más arriba pero careció de juego, y las más claras las tuvo El Granate. A los 16 minutos después de un pase filtrado de Lautaro Acosta, José Sand no la pudo conectar y el Rojo se salvó. A los 32, Miguel Almirón metió un centro cruzado desde la izquierda y habilitó a Ciro Rius, que mano a mano definió ancho y afuera.
En el segundo tiempo, Leandro Fernández puso el 1-0 a los 55 minutos, luego que el arquero Fernando Monetti despejara mal un centro desde la izquierda, y la pelota rebotara en Diego Braghieri dejándosela servida al delantero, que abrió un partido que pintaba para 0-0. Desde ese momento, el Rojo se replegó y salió de contra. A los 88, Alejandro Silva cabeceó suave hacia atrás y se la regaló a Emiliano Rigoni que hizo un golazo al pinchar la bocha por arriba del cuerpo del arquero sellando el 2-0.
La vuelta será el miércoles 14 de septiembre, en Avellaneda y el ganador jugará contra Cuiabá o Chapecoense, ambos brasileros.

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