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Una chilena en la Copa América


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Los Andes son una vasta cadena montañosa. Glaciares, volcanes, praderas, desiertos, lagos y bosques constituyen sus 7.ooo kilómetros de longitud; y en el sur de América, funciona como frontera natural entre Chile y Argentina. En 1916, “una chilena” cruzó la Cordillera de los Andes y en Buenos Aires se transformó en un símbolo de la acrobacia futbolística. Equilibrio, agilidad y coordinación.

En 1916, se llevó a cabo el primer Campeonato Sudamericano de Selecciones en Buenos Aires. Esta añosa Copa América fue un “todos contra todos” entre Argentina, Brasil, Uruguay y Chile, gran protagonista de esta pequeña historia. Justamente Chile abrió el torneo enfrentando a Uruguay, un 2 de julio en el estadio del Club de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, popularmente conocido como Estadio GEBA. La Selección charrúa aplastó a “La Roja” por 4-0 y se ganó los aplausos, pero Ramón Unzaga hipnotizó la mirada de los más de diez mil espectadores en el barrio palermitano.

Unzaga nació en 1894 en el municipio vasco de Bilbao, España. A los 12 años, su familia se trasladó a Sudamérica y desembarcó en Chile. En tierras trasandinas obtuvo el título de contador, pero su patrimonio no tenía una estimación económica, sino que deportiva. Centró su vida en el fútbol, y tras nacionalizarse, supo ser el capitán de la primera Selección chilena que participó en el Sudamericano de Selecciones. El bilbaíno era defensor y experimentó una sorprendente jugada en varias ocasiones para despejar el balón…

Despegó al igual que el cohete Saturno V hacia la luna. Se elevó del suelo con un salto acrobático hacia atrás. El público estaba anonadado. Quedó suspendido en el aire, flotando sin gravedad. Los ceños se fruncieron y las sonrisas lo acompañaron. En ese instante, el movimiento se congela. Los segundos ingresan en un freezer que hace más prolongada su duración… Tras provocar que los párpados sean inamovibles, se impulsó con su pierna inhábil e impactó la pelota, la cual pasó por encima de su cabeza. En las gradas de madera del estadio, el público murmuraba; se comentaban entre ellos sobre la jugada que había hecho el seleccionado chileno. En dicha época -siglo XX- los futbolistas no eran celebridades y sus apellidos no eran cotidianos para la afición, por ende, no sabían su autor. Ante esto, encontraron en su gentilicio la definición más tradicional y acertada para referirse a ella, “la chilena”.

Sin embargo, este malabarismo ya tenía su fundación y denominación. En 1914, el mismo Unzaga realizó la primera “chilena” en la historia del fútbol. Esta jugada sucedió en el Estadio El Morro, ubicado en la ciudad portuaria de Talcahuano, en la zona central de Chile; y fue denominada “la chorera”.


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