Uruguay el primer campeón

Como fue el recorrido del primer campeón del mundo.

Uruguay era la selección con mayor nivel en el mundo del futbol, venían de llevarse el oro en la que en ese momento era la competición más importante, que eran los Juegos Olímpicos. Estos se jugaron en Paris en 1924 y Ámsterdam 1928. Tras eso y con la promesa de crear grandes estadios, Jules Rimet, presidente de la FIFA, les cedió la localia para el primer mundial.

En este no podían faltar las controversias, las selecciones europeas tras conocer la sede decidieron hacer un boicot y faltar a la primera cita mundialista. Los argumentos eran los viajes largos y los altos costos de transporte, que eran en barco. Las únicas que decidieron cumplir fueron Francia, Rumania, Yugoslavia y Belgica.

La selección celeste jugaba un estilo muy diferente a lo que se ve en la actualidad, una formación con 2 defensores, 3 mediocampistas que eran llamados “Halves” y 5 delanteros. Su futbol era muy simple, llevar el balón a las bandas, para uno de los 2 atacantes abiertos y mandar el centro a los 3 del área. Esto fue llamado el método y fue su idea hasta 1950.

Fueron los precursores de la llamada “Garra Charrúa”, en defensa entraban al rival muy fuerte. Los rivales los criticaban porque los lesionaban. Uno de estos casos fue el de Francisco Varallo, que le dijó a José Nasazzi que paren de pegarles, a lo que este respondió con “una buena entrada te tenemos que dar”.

La generación de los locales que jugó en la primera cita mundialista es la más importante de toda su historia, jugadores como Nasazzi, Pedro Cea o Héctor Scarone, dirigido por Alberto Suppici quedaron en la historia por ser los primeros campeones del mundo, además de ser bicampeones olímpicos cuando estos eran tomados por las selecciones como el torneo con mayor importancia.

El torneo arrancó con 13 participantes divididos en cuatro grupos, uno era de cuatro equipos y tres de tres. De aquí solo pasó uno, los locales cumplieron las expectativas y terminaron invictos ganando a Perú y Rumania. Ya en semifinales se encontraron con la extinta Yugoslavia, única selección europea que pudo superar fase de grupos, a la cual arrollaron por 6-1.

En la final se encontraría con su máximo rival que era la selección argentina, para los 2 conjuntos del Rio de la Plata, llegar a este punto les fue un mero trámite, había mucha diferencia entre ellos y el resto de las participantes. La albiceleste tenía como máximas figuras a Roberto Cherro, Luis Monti y Guillermo Stabile.

Este encuentro venia con un aire caldeado, los jugadores argentinos declararon que tuvieron mucho miedo en aquel 30 de julio. Monti hasta 48 horas antes pedía no jugar, algo que, faltando minutos cambio tras una charla con Pedro Bidegain, presidente de San Lorenzo.

Afuera del estadio hubo muchísima seguridad para que la gente no entre con armas de fuego.  El árbitro del encuentro, John Langenus, aceptó el trabajo bajo la única condición de tener un barco para dejar el país al terminar.

La final se disputó en el Centenario, el partido empezó muy bien para los orientales con un gol en el comienzo de Pablo Dorado, la visita lo pudo dar vuelta gracias a los tantos de Carlos Peucelle y de Stabile, que tuvo la mayor anotación del torneo con 8. El segundo tiempo fue total para los locales que pudieron darle vuelta al marcador gracias a su figura Cea quien inicio la remontada que culminaría en un 4-2 para la celeste.  

El ultimo tanto que sentenció el resultado fue marcado por Héctor Castro que es un caso especial. El jugador llamado el “divino manco”, fue conocido por todo el mundo por ser el primer y único jugador con una discapacidad en marcar un gol en una final del mundo. A los 13 tuvo un accidente con una sierra que le corto el antebrazo.

A pesar de ser campeón, los uruguayos que esperaban una premiación con tribuna olímpica, himno y su bandera flameando pero que nunca terminó ocurriendo. El trofeo que tanto ansiaba lo recibió Raúl Jude, presidente de la AUF. Los jugadores nunca pudieron tocar la copa que quedó encerrada en el banco de la república.