La sorpresa en medio de la polémica

Una Brasil que no llegaba como favorita se quedó con un Mundial de Corea-Japón 2002 manchado por unos cuestionados arbitrajes


Si algo destaca a Brasil en el fútbol es el jogo bonito, la “samba” y a veces la superioridad. Pero en este caso no fue así. Tildada de defensiva por su 3-5-2, la Canarinha llegó al Mundial después de salir tercero en las eliminatorias, por detrás de Argentina y Ecuador, y con el paso de tres entrenadores sobre el banco, que finalmente fue para Luiz Felipe Scolari. Pero el  principal problema de la Verdeamarela y de Felipao fue la lesión de Ronaldo Nazario. El Fenómeno se rompió el tendón rotuliano de la rodilla derecha en un Inter-Lazio por Copa Italia, dos años antes. A pesar de que no estaba recuperado por completo, el técnico decidió convocarlo para la primera Copa del Mundo alojada en Asia y por dos países distintos. E hizo bien, porque fue la gran figura y el goleador del campeonato. A la lista se sumaron: Marcos, Dida, Rogerio Ceni; Cafu, Lucio, Roque Junior, Edmilson, Roberto Carlos, Juliano Belletti, Anderson Polga, Junior; Ricardinho, Gilberto Silva, Kleberson, Vampeta, Juninho Paulista; Rivaldo, Ronaldinho, Denilson, Edilson, Luizao y Kaka.

La fase de grupos se encargó de refutar todo lo que se decía. A Brasil le tocó en el grupo C, junto a China, Costa Rica y Turquía. Este último fue contra el que debutó, y fue el más difícil de todos. Los europeos golpearon primero, pero los brasileños lo dieron vuelta gracias a un gol de Ronaldo y un penal, que había sido afuera del área, de Rivaldo, para el 2-1 final. Después les llegó el turno de enfrentarse a los asiáticos, a los que golearon por 4 a 0 con tantos de Roberto Carlos, Ronaldinho, también desde los once pasos y otra vez de los anteriormente mencionados. Y le tocó cerrar contra los costarricenses, a los que vencieron por 5-2.

En octavos les tocó Bélgica, que salieron segundos en el grupo H, por detrás de Japón. Los diablos rojos fueron uno de los rivales más difíciles, según Nazario, quién sentenció el 2 a 0 final. El primero había sido, al revés de cómo fue contra Turquía, de Rivaldo. La siguiente ronda fue contra Inglaterra, que había dejado atrás a Argentina y Camerún en el grupo F y a Dinamarca en octavos. Pero acá la figura no fue Ronaldo, sino Ronaldinho. Después del gol de Michael Owen el número 11 asistió a Rivaldo en el primer gol y sorprendió a al arquero inglés en el segundo cuando pateó un tiro libre de casi 30 metros que se metió directamente, siendo uno de los mejores goles del campeonato. Aunque su actuación no sería tan perfecta porque fue expulsado y se perdió las semifinales. Otra vez, como en el debut, se enfrentaron a los turcos y los vencieron por la mínima con gol de su goleador.

Ya en la final se midieron contra Alemania, que eliminó a una polémica Corea ayudada por los árbitros, para vencer a Italia y a España. Y en el arco teutón se encontraba Oliver Kahn, elegido previamente como mejor jugador del torneo. Pero los brasileños contaban con la ventaja de que Michael Ballack había sido suspendido y se perdía el partido. Además, era su tercera final consecutiva, después de ganar la de Estados Unidos 1994 y de perder la de Francia 1998. También suponía la revancha de Ronaldo, que después de las convulsiones sufridas cuatro años antes ya no quería ni dormir la siesta. Y la venganza llegó, ya que luego de un disparo de Rivaldo y un fallo del arquero alemán, solo tuvo que empujar la pelota. No solo sería uno sino dos los goles que convertiría, para así llegar a los ocho y ser el máximo anotador de la Copa del Mundo. Con ese 2 a 0 Brasil se convertiría en el primer y único, hasta ahora, pentacampeón en la historia de los Mundiales.