Y SIN EMBARGO SE MUEVE


La frase de Galileo Galilei describe muy bien a la astronomía aficionada en argentina. Porque, aunque no se vea, esa pasión moviliza a hombres y mujeres que no dudan en quedarse despiertos toda la noche para observar las estrellas.

Por Andrés Esteban Zapata

La noche del 21 de septiembre de 2016, Víctor Buso no sabía si irse a dormir o subir al pequeño observatorio que tiene construido en el techo de su casa y probar la flamante cámara fotográfica que había adquirido. Hacía tiempo que deseaba poder obtener imágenes del cielo con una mayor definición de lo que venía logrando hasta ese momento. Al final fue más fuerte su pasión: subió, conectó el equipo nuevo y apuntó su telescopio hacia una lejana galaxia.
Lo que Víctor no sabía en ese momento es que desde esa noche se convertiría en el protagonista de uno de los hechos más significativo de la astronomía mundial en los últimos tiempos. Y todo por lograr fotografiar, por primera vez, una supernova: una explosión intensamente luminosa que sucede como acto final al momento de morir una estrella. Algo que nunca se había logrado y que, desde hace mucho tiempo, la astronomía mundial estaba intentando conseguir.
Para dimensionar el hallazgo, el autor del descubrimiento lo describe de la siguiente manera: “Imagínate que te dicen que una persona va a nacer y vivir 90 años, que va pestañear una sola vez en toda su vida pero no se sabe ni el momento ni el lugar exacto. Bueno, esa noche, yo logré fotografiar ese pestañeo”.
Tuvieron que pasar más de dos años de trabajo junto a Melina Bersten y Gastón Folatelli, astrónomos de la Universidad Nacional de La Plata, para confirmar el hallazgo. Una vez que sucedió esto, la revista científica Nature dio a conocer mundialmente la noticia.
Víctor no es un astrónomo de carrera ni nada que se le parezca; es un cerrajero de la ciudad de Rosario y es uno más entre los miles de argentinos aficionados a la astronomía que miran hacia el cielo como una necesidad imperiosa de ver y entender lo que ocurre allá arriba.

Los orígenes de la astronomía en Argentina se remontan al año 1871, por iniciativa del entonces presidente Domingo Faustino Sarmiento, cuando se creó en Córdoba el primer Observatorio Astronómico del país. En homenaje a esa fecha, cada 24 de octubre se celebra el Día de la Astronomía Argentina.

La primera institución astronómica amateur en el país fue la Asociación Argentina Amigos de la Astronomía, fundada el 4 de enero de 1929. En el año 1944, gracias al aporte de sus asociados, se logró inaugurar el actual edificio que se encuentra en el Parque Centenario, situado en barrio porteño de Caballito. En la actualidad, la institución cuenta con 189 socios activos, según el último padrón.
Julio Patania, flamante vicepresidente, cuenta que hace 6 años, se acercó a la institución para hacer una foto de la luna, porque no lo podía lograr con los medios que él tenía, y no se fue nunca más. “Esta es casi mi segunda casa”, afirma mientras se le ilumina el rostro.
En el lugar se dictan varios cursos entre los que se encuentran: iniciación a la astronomía, manejo de telescopios y fotografía astronómica. Cuenta con la biblioteca más grande del país sobre el tema. Allí se puede encontrar más de 10 mil volúmenes, como así también, cartas estelares hechas a manos que datan del año 1884.
Marcela Dorfman, miembro de la Comisión directiva, define al lugar como una especie de club y así lo describe: “Algunos vienen a hacer los cursos, otros a hacer sociales y algunos pasan por la biblioteca a leer o estudiar algo”.

En la Argentina se encuentran registrados, según el censo realizado por el sitio web especializado lacienciayelhumor.blogspot, 40 sitios en donde se puede disfrutar de las astronomía de manera aficionada. Estas asociaciones, agrupaciones, clubes, redes y otras iniciativas, también permiten que muchas personas descubran su vocación por la astronomía y elijan especializarse en alguna carrera universitaria sobre el tema.

En el país solo existen tres universidades en donde se puede estudiar la carrera de Astronomía: la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
Aunque son muchos los aficionados que disfrutan explorar las estrellas, solo unos pocos son los que eligen especializarse. María Alejandra Sofía, Jefa de Prensa de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP, cuenta que en el período 2013-2017 el promedio de ingresantes por año fue de 130 alumnos siendo apenas 10 la cantidad promedio de egresados. Con 190 inscriptos, 2018 fue el año en que más personas se acercaron a la UNLP con la intención de convertirse en astrónomos profesionales.

Aficionados de todo el país organizan reuniones anuales para compartir su pasión a través del conocimiento individual. El más importante de esos encuentros es la Star Party que se desarrolla desde hace 14 años en la ciudad mendocina de Valle Grande, Departamento de San Rafael. Hasta allí se acercan a participar de charlas (profesionales y amateurs), observaciones y astrofotografía, entre otras actividades.
Uno de los tantos habitués de este evento es Enzo De Bernardini, autor del Manual del Astrónomo Aficionado, editado en 2016 y que lleva vendidos, hasta el momento, unos 800 ejemplares. “En la última edición de la Star Party de 2018, concurrieron aproximadamente unas 100 personas”, describe De Bernardini. Dice que no existe algún tipo de censo que refleje la cantidad exacta de aficionados que hay Argentina pero se arriesga a tirar una cifra: “Una estimación mínima ronda los 5000, probablemente más. Igualmente es solo una estimación, no apostaría mucho por su exactitud”.
Asegura que la astronomía aficionada y la profesional van por caminos paralelos aunque muchas veces se cruzan. Dice que “un aficionado no tiene porqué saber todo lo matemático de una observación, así como hay profesionales que se dedican mayormente a la parte teórica”.

La estrella del último encuentro en Valle Grande fue Víctor Buso, autor de la Supernova Argentina, nombre como se conoce mundialmente a su descubrimiento. Aquel que, aquella noche, luego de estrenar su cámara nueva y quedarse fotografiando hasta las cuatro de la mañana sin saber que su vida daría un salto estelar, se fue a dormir empujado por el cansancio. Y mientras se acostaba, despertó a su mujer y le dijo exaltado: “Viví, me parece que descubrí algo muy importante”.

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