Acá es todo por plata

Cómo viven los habitantes de Urdinarrain, el pueblo que posee los campos con mayor acumulación de glifosato del país y se encuentra entre las zonas más contaminadas a nivel mundial.


Imaginate que te estás bañando, estás cocinando y estás tomando agua que recibe veneno todo el tiempo, y no te das cuenta, porque ahí no te das cuenta. Lo empezás a notar un poco cuando ves a los mosquitos, esos aviones del campo, fumigar con agrotóxicos encima de las escuelas, en las cabezas de tus hijos. Y sabés que está prohibido fumigar a 600 metros de una escuela, pero aun así lo ves, pasa. Imaginate que eso está por el aire, eso va a las napas, contamina el agua y afecta a la salud de la gente. Tu mamá falleció de cáncer, tus cuatro abuelos también, amigos, jóvenes, incluso vos tenés esa enfermedad tan temida, peligrosa y activa. También sabés que esos agrotóxicos no están permitidos, pero la gente dueña de los campos los sigue usando porque son más económicos, se sabe. Lo sabés vos y lo saben todos. Y no hay control de nada, acá es todo por plata. Esta es la realidad de Urdinarrain, un pueblo de 12 mil habitantes, ubicado en la provincia de Entre Ríos.

Yari Humberto Martínez es oriundo de esta localidad, nació el 4 de abril de 1977 y vivió ahí hasta los 9 años. Su casa estaba en el barrio Jesús Obrero, donde se encuentra el Club Juventud, y a una cuadra tenía tanto la cancha como la escuela infantil a la que iba. Fue el segundo hijo de una familia trabajadora y humilde, segundo porque tuvo una hermana mayor que falleció de bebé por problemas pulmonares. Tiene otra hermana menor que él, 8 tíos paternos y 12 maternos. Tuvo una infancia feliz, jugaba todo el día en el club, pero la cooperativa del molino arrocero en la que trabajaba su padre cerró y tuvieron que irse a vivir a Buenos Aires.

— ¿Cómo es la vida en Urdinarrain?

— Son todas casas bajas, con patio, hay calles de ripio y de tierra, ahora la mayoría ya están asfaltadas, pero aún quedan calles así.

— No, pero ¿cómo es vivir allá?

— Y… es vida tranquila, vida sencilla, aún hoy se conserva la vida de pueblo. Todavía no ha llegado la inseguridad masiva, eso de que la gente se tenga que cuidar. Allá la gente se baja de la bicicleta y la deja en la calle, se baja del coche para ir al supermercado y deja las llaves puestas. Todo el mundo se conoce, se saluda por el nombre, es muy común encontrarse y quedarse hablando, ese tipo de cosas.

Pese a la aparente tranquilidad de la vida sencilla, la intranquilidad acecha a diario la salud de los habitantes de Urdinarrain. Según un estudio del Conicet (2015), el pueblo posee los campos con mayor acumulación de glifosato del país y se encuentra entre las zonas más contaminadas a nivel mundial. Yari cuenta que vio infinidad de personas enfermas con cáncer, muchos chicos con leucemia y con malformaciones. Lo cuenta con un tono agrio, los gestos de su cara expresan tristeza, pero de a poco va frunciendo el ceño.

— ¿Y en tu familia?

— Mi madre falleció de cáncer, yo estoy padeciendo de una enfermedad así, mis cuatro abuelos también fallecieron de lo mismo. Afecta muchísimo y no se le da el valor y la importancia que merece por la cuestión económica. Nunca se va a hacer nada.

Existen regulaciones que prohíben los agrotóxicos como el glifosato y la fumigación a través de aviones, pero ambos se siguen utilizando. La explicación es clara, simple y está a la vista de todos: es lo más económico para los empresarios. Mientras que con un avión pueden fumigar un campo entero en una hora, hacerlo de la forma correcta les requeriría diez empleados y cuatro días. ¿Por qué lo harían? A su vez, la mayor parte de la siembra de estos campos se concentra en la soja, que representa la mayoría de los ingresos de la agroindustria de la Argentina.

Acá es todo por plata.

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