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El asesinato de George Floyd puso en agenda los reclamos de la comunidad negra. En Argentina estas personas también son violentadas y también son marginadas. ¿Cuál es la situación que viven en nuestro país?

Por Sofía Steinbeisser

En medio de la pandemia, el mes de junio se vio teñido por una ola de reclamos antirracistas a raíz del asesinato de George Floyd a manos de la policía estadounidense. Frente a esto, a nivel global se repudió lo sucedido: en Estados Unidos con manifestaciones y en las redes sociales con los hashtags #BlackLivesMatter y #BlackoutTuesday. Muchos argentinos se sumaron a este reclamo y mostraron su enojo, pero… ¿Qué ocurre con la violencia racista en Argentina?

Luis Espinoza y Ramona Medina son nombres que, si bien resonaron en este tiempo, no lo han hecho con la misma potencia que George Floyd. Los crímenes racistas, las represiones y asesinatos perpetrados por la policía  y la ausencia del Estado frente a las vidas de las personas marrones son recurrentes en Argentina. “Somos un país racista. La primera causa de denuncias en nuestro país es el racismo y asociados”, sostuvo Victoria Donda, titular del INADI, en diálogo con Infobae. Y este hecho repercute, más aún en un contexto de pandemia, sobre las villas.

Ramona Medina, referente de la Villa 31 y vocera de La Garganta Poderosa, murió peleando. Había asumido el reclamo vecinal por la falta de agua, insumo básico siempre, pero más aún en tiempos de cuarentena. Aunque no es un hecho aislado, sino que se suma al reclamo por insumos sanitarios básicos que hace años piden en los barrios populares. “En este contexto de pandemia se maximiza y claramente las personas de los barrios populares que pertenecen a un sector social así como también a un sector étnico particular van a ser las personas más afectadas”, explica Alejandro Mamani, abogado especialista en derecho informático, magíster en derecho migratorio y miembro del colectivo “Identidad Marrón”.

Todos estos reclamos fueron desoídos por el gobierno porteño. “Me parece que lo que es importante observar aquí es que lo que ocurre en este contexto particular con la gestión de la pandemia que está teniendo Rodríguez Larreta, y es que aflora o quizás se vuelve evidente para el resto de la sociedad lo que ocurre en las villas, particularmente porteñas, desde muchísimo tiempo antes”, sostiene Martina Inés García, Dra. en Antropología Social, docente de la UBA y de la Universidad de Luján.

La situación de las villas de la Ciudad de Buenos Aires se suma a la del conurbano bonaerense, así como también a la del resto del país. “Esta desprotección estatal solo es posible por ese desprecio que es propio del racismo, esa deshumanización del otro, esto de considerar la vida de la población de las villas como vida de segunda, que habilitan que la falta de agua sea una situación frecuente, la asistencia alimentaria deficiente y las condiciones de prevención del COVID también deficientes, cosa que no sería concebible en ningún otro barrio porteño”, asegura Martina Inés García.

“Lo que nosotros desde Identidad Marrón sumamos al punto del debate es la racialización de la pobreza. Hay una racialización de las personas que viven en las villas y en los barrios populares, que son personas con una cromática étnica mucho más amarronada respecto a las personas que viven en Caballito, Recoleta o Coghlan”, asegura Mamani y se pregunta: “¿Qué partidas presupuestarias se destinan para estos lugares a la hora de hablar de alumbrado público, limpieza, construcción, mantenimiento de cuestiones eléctricas? ¿Qué presupuesto tienen? ¿Cuántos hospitales tienen cerca?”. La respuesta a estas preguntas viene de la mano de años de negación por parte de la sociedad Argentina hacia las personas marrones.

“Argentina es un país entre todos los de latinoamérica que tiene esta idea o construcción de que es un país blanco”, asegura Sandra Hoyos, licenciada en política social e integrante del colectivo Identidad Marrón.

Sandra explica que esta idea surge a partir de la llegada de inmigrantes europeos a la Argentina y que en ese momento se consolida “nuestra identidad nacional”. “Cuando la imagen de la Argentina afuera en el mundo siempre está reflejada con personas que no son marrones, de rasgos andinos o personas originarias indígenas, siendo que la gran parte de nuestro país tiene esa descendencia, a partir de esa negación es que nosotres entendemos que es una práctica racista y por ende Argentina niega ese carácter que tiene”, asegura.

“Por eso nosotros también hablamos de presupuesto antirracista. Políticas públicas antirracistas es entender el presupuesto también con esta incidencia de la variable que planteamos”, explica Alejandro Mamani.

El juez Darío Reynoso ordenó al Gobierno de la Ciudad que elabore un protocolo específico para la contención y prevención del coronavirus en los barrios populares, remarcando también que debía proveer a sus habitantes los suficientes elementos sanitarios, de higiene, limpieza y agua potable. Frente a esto, los abogados del Jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta sostuvieron que Reynoso se “extralimitó”. El protocolo es aún inexistente y los casos de contagios en los barrios populares crecen día a día.

“Creemos que la implementación del protocolo en este contexto es bastante compleja y claramente defectuosa. Hay algo del tema del tratamiento de esta otredad que se plantea como políticas públicas”, reflexiona Mamani y agrega: “Como el tema de que haya tenido más prioridad la instalación de un McDonalds que las posibilidades de asistencia sanitaria en el contexto. Esto nos habla de un destino de esas políticas públicas y de la deuda pendiente que tiene el municipio más rico del país para con las personas que viven en esos lugares”.

“Consideramos que hay una negación del racismo y del reconocimiento como tal y de las prácticas que se llevan adelante”, sostiene Sandra Hoyos. “Eso lo expuso claramente el asesinato de George Floyd, ahí es donde se empezó a hablar de racismo solamente asociado a la cuestión afro, a las personas afrodescendientes o negras, desvinculando que las prácticas racistas están asociadas a todas las personas que no sean blancas”.

“Hay que marcar que esto no solamente lo encontramos en Buenos Aires, lo vemos en la represión a los pueblos Qom en Chaco, que son noticias que no tienen eco, que no generan sensibilidad por parte de la población en general”, asegura Martina Inés García. Y agrega:  “Creo que son los dos grandes sectores relegados y yo diría deshumanizados de la sociedad argentina: la población de las villas y los pueblos indígenas”.

Para Sandra Hoyos, a partir del asesinato de George Floyd, a nivel mundial se vive una época bisagra en la que las personas pueden tomar dimensión de todas estas inequidades. “Va depender de nosotres y también de cómo lo asuman los Estados, porque una de las cosas que tienen que suceder es que los Estados lleven adelante políticas públicas donde se tome en cuenta la dimensión antirracista”, explica.

En lo que va del año, fueron múltiples los casos de violencia racista: las muertes de los niños Wichi en Salta, la represión policial contra miembros de la Comunidad Qom, el asesinato del trabajador rural Luis Espinoza a manos de la policía de Tucumán, el despojo y la criminalización de la comunidad Mapuche en el sur. Y esos son sólo algunos.

Violencia policial contra la comunidad senegalesa

El 10 de junio en el centro de la ciudad de La Plata se llevó a cabo un violento operativo por parte de la Municipalidad y la policía provincial. Detuvieron a Mbacke Ndaw, un migrante senegalés que llegó a la Argentina en enero de este año y que apenas habla castellano, por haber salido a la calle a vender. Mbacke se había visto obligado a resistir ante la fuerza desmedida de los agentes, mordiendo a un policía que lo estaba asfixiando en el suelo. Frente a esto, la policía lo trasladó a la Comisaría 1ra donde pasó la noche durmiendo en un colchón tirado en la cocina. Las autoridades le imputan un delito federal por resistencia a la autoridad y lesiones. Cuando Mbacke Ndaw declaró, relató el miedo que sintió cuando la policía lo agarró, ya que le recordó al asesinato racista de George Floyd en Minneápolis, también perpetuado por la policía. “…Alguien me sujetó de atrás con los dos brazos sobre mi cintura y me arrojó en forma abrupta y brutal contra la pared. Que luego me tira contra el piso y un policía me agarra del cuello en forma tan fuerte que no podía respirar”, sostiene Mbacke. Y agrega: “Me asusté mucho por lo que pasa en el mundo y más en Estados Unidos que mataron a un negro de una manera parecida. Que hace solamente seis meses que llegué a este país y no conozco bien las reglas del mismo, como tampoco el idioma…”, aseguró. Cuando declaró, en repudio a la brutalidad policial, asistieron varios miembros de la comunidad senegalesa de La Plata, quienes decidieron cortar una mano de la Avenida 7.

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