Amores tintos

Como muchos locales gastronómicos de la Ciudad de Buenos Aires, este wine bar del barrio de Palermo está enfocado en la compleja tarea de sobrevivir en medio de la pandemia. A pesar de las dificultades, Carlos Fuchs, su dueño, asegura: “Vamos a salir fortalecidos”.


“Cuando las cosas se hacen con amor, pasión y compromiso, a veces el universo regala cierta dosis de suerte.” El 14 de enero de 2020, Carlos Fuchs, emprendedor, pudo abrir las puertas de una nueva generación de wine bar. La inspiración se la dieron sus hijos. “Ellos elaboran la cerveza artesanal Fuchsbräu. Yo soy fanático del vino”, cuenta.Cuando Carlos empezó a frecuentar los bares donde ellos vendían, quedó maravillado por la interacción que había con la gente. “Eso de poder probar antes de decidir cuál tomar, que te asesoren y te inviten a descubrir otros estilos de cervezas”. Le gustó a su vez que los precios sean accesibles y que el ambiente sea descontracturado. “Eso me hizo entender por qué el vino fue perdiendo popularidad”. En el momento en el que Carlos se imaginó “un wine bar con la impronta de un bar de cervezas”, también pensó en un lugar donde se rompa la “imagen elitista y acartonada” que muchos tienen del vino. Sus ojos tienen cierto brillo. Cada vez que habla del bar se achina. Sonríe. Se nota detrás del barbijo su orgullo por su lugar. “Cuando le conté a mi familia la idea, nos enamoramos del proyecto y eso nos llevó a encontrarle el nombre: Amores Tintos”.

Amores Tintos se encuentra en la amplia esquina de Pringles y Gorriti. Una esquina que se diferencia de la ciudad. Está rodeada de verde: plantas como lavanda, romero, enredaderas, potus, pie de loro y árboles. Hasta el aire parece más limpio. Desde las mesas, los rayos del sol se asoman por las ramas de los árboles que cubren la calle. Pegan suavemente en la piel. Dan calor otoñal. Cada tanto, hojas marchitas caen sobre las mesas. Es un bar que desentona con los que se encuentran en Palermo. Solo ofrecen tres cervezas de autor y todo gira en torno al vino tirado. Detrás de la barra hay 20 canillas. Un enorme pizarrón cuelga. Su fondo se camufla de un parral de tiza. Entre sus ramas, tiene escrito un abanico de cepas: Malbec, Blend de Tintas, Vermú, Tintillo, Glühwein, Merlot, Cabernet Sauvignon, Torrontés, Rosé, Sidra Vasca Natural, Chenin, Cerveza Apa y Gin Tonic. El lema es elegir una copa por gusto y no por costumbre.

En un principio, lo complicado para la familia fue encontrar bodegas con buenos vinos dispuestas a envasar en barriles de acero inoxidable retornables, como los que se utilizan para las cervezas. Ellos quieren promover la sustentabilidad para distinguirse. Con cada barril de 50 litros evitan la utilización de 66 botellas de vidrio, corchos, capuchones, etiquetas y cajas de cartón. Lucas Niven, enólogo de la Finca Las Marías en Junín Mendoza, explicó: “Tomar vino tirado es lo más parecido que hay a estar con el tanque en la bodega”. El vino tirado requiere de cinco elementos: una canilla para poder servir, un barril de acero, gas nitrógeno que, sin gasificarlo, empuja el vino y hace que no esté en contacto con el aire, una copa y una persona con ganas de disfrutar el vino.

Sin embargo, el verdadero desafío de la familia llegó a tan solo dos meses de su apertura. El Gobierno nacional el 20 de marzo de 2019 decretó aislamiento obligatorio por la pandemia del Covid-19 y todo se hizo cuesta arriba. “Me acuerdo como si fuera ayer”, comentó Leandro, el hijo menor de Fuchs. Para esa fecha, Carlos y su esposa, Silvina Renzo, se fueron de vacaciones a Uruguay. Por lo que los hermanos se hicieron cargo del bar. “Fue un baldazo de agua fría”. A medida que las palabras salían de su boca, cada vez denotaban más tristeza. “Todo el esfuerzo que habíamos puesto y toda la alegría que nos estaba dando, de repente se tiñó todo de negro”. La gente no podía ir más y durante un par de semanas cerraron completamente. No tenían logística ni nada establecido para un sistema de delivery, ya que todo el consumo del bar, era en el mismo local. “Nos agarró muy desprevenidos, nos costó reinventarnos”. Amores tintos no tenía la estructura que tenían otros bares que funcionaban hace más tiempo. “Fue muy triste, tuvimos mucho miedo porque no sabíamos si Amores Tintos iba a poder sobrevivir”.

Cuando comenzaron con el delivery, con suerte, tenían 5 pedidos al día. Con las ventas que lograban hacer, no les alcanzaba para comprar los insumos y mucho menos para el alquiler y los sueldos. “No sabíamos si apostar y seguir poniendo plata para tratar que funcionara esos meses o simplemente cerrar”. Por las mañanas en el local, Leandro ordenaba, limpiaba y muchas veces solo leía porque “no venía nadie”. Llegaba el final del día y la familia se miraba, sin saber qué hacer. Aun así, nunca dejaron de pensar en alternativas para salir adelante. En qué podían hacer para tener una propuesta atractiva y la gente decidiera elegir su bar.

Uno de los modos en que se reinventaron, más allá del delivery, fue con una iniciativa que surgió de Guido, el hijo mayor de Fuchs. Se trató de hacer platos del día que no estuviesen dentro del menú y combinarlos con los vinos tirados. A partir de ese momento, Amores Tintos empezó a revivir. Guido armó toda la publicidad en Instagram Carlos todos los días realizó difusiones por WhatsApp con las promociones. Leandro siempre notó como su padre escribía esos mensajes, se reía y le decía: “Uy viejo los vas a cansar con todo eso, pero la realidad es que eso fue lo que permitió que el bar sobreviviera”.

El bar incorporó combos de comidas con vinos y cambió la carta completamente. Por otro lado, junto a Mariana Giljuncal, sommelier, surgió otra forma de acercar el vino a la gente: hacer catas virtuales. Para eso tuvieron que embotellar y repartir los vinos que tienen en canilla. Luego, por Zoom la gente con sus bebidas, empezó a aprender que es el vino, de dónde surge, sus diferentes regiones y sus diferentes cepas. Más allá de esas ideas, los primeros meses de apertura, fueron los más difíciles.

Hoy, Leandro y Guido, están en la barra. Atienden a cada persona que se les acerca. Convidan copitas de degustación y asesoran según el gusto de los clientes. Algo que solo se había visto en cervecerías. “Lo que más le gusta a la gente del vino tirado es que puedan probarlo antes de pedirlo”, opina Leandro. Generan inclusión a los que no tienen mucho conocimiento de la bebida y logran acercar no solo a los jóvenes, sino a personas de diferentes edades. Su filosofía es democratizar el vino, intentar que vuelva a ser la bebida popular Argentina, como lo fue durante tantos años. Además, intentan ser un lugar donde se pueda “relajar las tensiones del día y disfrutar buenos vinos”. Cuando una mesa es ocupada, la camarera además de entregarle la carta, lleva una botella de un 1 litro de agua, como cortesía del bar. Los clientes suelen levantar sus cejas con asombro cuando esto ocurre. “Se nota que hacen todo con una intención que va más allá del negocio, sino la botella de agua la cobrarían”, opinó Juan Manuel, un cliente del bar.

La familia Fuchs hoy, nuevamente, está enfocada en la tarea de sobrevivir como empresa a la pandemia. “Somos una familia muy unida y este es un emprendimiento familiar, el amor nos da una enorme capacidad de resiliencia y vamos a salir fortalecidos”, opinó Carlos. Sin embargo, el sábado 22 de mayo del 2021, el Gobierno decidió un nuevo aislamiento. Esa vez, agarró a Amores Tintos mejor preparado que la primera vez, pero el contexto los afectó igual.

Cuando no pudieron abrir al público, las ventas cayeron, pero aprovecharon el tiempo para ordenar y limpiar. Nunca dejaron de pensar en nuevas propuestas. Estos días están ocupados con generar una carta nueva. Carlos expresó: “Nosotros nunca estamos quietos, somos muy hiperactivos y de pensar bastante de qué forma podemos hacer cosas nuevas”. Y Leandro agregó: “Es muy gratificante ver a tanta gente disfrutando de tu bar, de algo que hiciste con mucho amor, cariño y esfuerzo con tu familia”. Así, la tristeza en su voz desapareció.