ANSIEDAD EN PRIMERA PERSONA


Estar 24/7 en las casas y adaptar la rutina a un espacio reducido provoca uno de los trastornos de salud mental más comunes del aislamiento social por la pandemia de coronavirus. Cuáles son los síntomas en la voz de quienes lo padecen. Y los profesionales sugieren qué hacer para calmar la ansiedad.

Por Candela Spann 

Bola blanca de pelos perfumados raza Schitzhu, como hijo acompañante, televisión con un programa sin sentido, Nata Preziosi envía el audio “Soy una persona hiperactiva, con trastornos de ansiedad, a veces siento angustias muy grandes, la cuarentena exacerbó todas esas cuestiones.” Por otro lado, lejos en la Ciudad de Mendoza, entre trabajo y meditación, Brenda Nuñez siente aquella desesperación que también le quita el sueño. Está sentada en ese sofá individual poco poblado, la gota de llanto cuenta más de lo que debería. Ninguna puede salir, no tienen escapatoria: de esto se trata el aislamiento preventivo, social y obligatorio al sufrir trastornos de ansiedad. 

Preziosi es emprendedora y hace varias cosas: radio, estilismo, su propia marca de cosméticos handmade y forma parte del grupo de producción de páginas como La Britney de Cada Día. Nuñez, a su vez, es musicoterapeuta y se especializa actualmente en discapacidad y rehabilitaciones. Ambas, sin conocerse, comparten esa sensación en el pecho que muchas veces no les permite continuar, y que otras, poquísimas, las rebalsa de entusiasmo. 

“La ansiedad provoca síntomas como taquicardia, mareos, molestias digestivas, sudoración, falta de aire, miedo o pánico, aparecen como resultado de tres alternativas que en la naturaleza funcionan bien: huir, atacar o paralizarse.” Si bien Leandro Rivera, psicólogo (MN 62585) y fundador de Grupo Limbus, explicó desde la comodidad de su hogar esto que sucede naturalmente, también agregó que los humanos optamos por complicar las cosas (como era de esperarse). Entonces, llegan diferentes tipos de ansiedad. 

Brenda mira las montañas, de nuevo, serán los picos nevados o cómo se funden entre las nubes esos gigantes cordones, no sabe qué, pero le remiten paz, la misma que solo encuentra meditando; aquella taza de té la envuelve en el clima de hogar y familia que tanto extraña. La cuarentena lo complicó todo, incluso el trabajo, es así que cabizbaja dice: “mi profesión tiene que ver directamente con la empatía y el contacto físico. Siempre tratando de crear, rehabilitar o desarrollar recursos y herramientas. Frente a todo esto, tuvimos que optar por videollamadas que hacen el trabajo mucho más complicado, pero el objetivo es ayudar.” Un día normal la deja 9 horas afuera de casa, entre el trabajo y esa vida social (presencial) que tanto anhela recuperar. Hoy esa normalidad se diluyó en un vaso de ansiedad que se sigue llenando, de esa que, en sus palabras, se presenta de dos formas: “no puedo dormir, siento que necesito descargar energía o llega a la angustia, y la única forma de que la puedo explotar es llorando.” 

El creador de Grupo Limbus, equipo interdisciplinario de profesionales que se especializan en salud mental y que promueven acompañamiento terapéutico en línea, frente a estos cambios en la rutina mencionó: “Mantenerse ocupado y conectado socialmente es fundamental para adaptarnos mejor a todo esto.” También, que no importa sentir enojo, frustración o, incluso, ansiedad porque vivimos una situación atípica. Aplaudió implícitamente el escape de la musicoterapeuta y avaló la espiritualidad. 

Nata ya lleva su tercera taza de café en el día, esta va con leche, para no abusar. Mira aquel sol en el balcón que en vez de revitalizarla, la marchita. Ese peine no tiene que estar ahí. Acomoda y vuelve a sentarse, ese dolor que le impide físicamente abrir la boca, nunca se va. Y eso que el bruxismo no es su mayor enemigo: cuando esta guerrera de vida (como todas las mujeres que luchan por lograr lo que se proponen) tijera y secador siente que no hay salida, aparecen los tan temidos ataques de pánico, esos en los que “siento que me voy a morir, o que para estar así, prefiero morirme.” Toma su dosis diaria de flores de bach, de las que debe estar preparando las bases de su propio culto, respira hondo y con maquillaje en mano, corrector acá, música por allá y beso a sus compañeros de vida animales… ¡grabando! 

Los efectos del aislamiento no solo se pueden pensar desde un punto de vista psicológico, claro que existe el factor social. Gimena Lorenzi, socióloga y psicóloga, después de encontrar esa libreta, presagio de sus mejores investigaciones y de apuntarse a puño y letra su posición, tocó el botón de audio y envió: “Lo más complejo de esta situación de encierro es la incertidumbre. Pueden variar las reacciones individuales, desde quienes se sienten aliviados porque sufren el contacto social, hasta los ahogados, pues esto hace aumentar la ansiedad, y generar expectativa.” 

Es muy tarde, mientras Brenda termina de trabajar y comienza la meditación, Nata ya subió ese tutorial de maquillaje y peinado simples para ser dignas en una cuarentena. A una la tranquiliza la espiritualidad, a la otra, el acompañamiento psicológico y ser solidaria. “Ayer fue un tutorial casi como un chiste, de cómo cortar un flequillo, y hoy tengo la felicidad de contar que estamos ayudando con insumos de prevención e higiene para Hospital Posadas.” Como Rivera explicó en una de sus observaciones, estos momentos de cambio deben fomentar la permanencia o creación de rutinas que nos organicen. 

Estas mujeres unidas por un tormentoso sentimiento y por dar batalla a la oscuridad, con su lucha diaria de escudos emocionales y armas de superación, día tras día evitan que la gotera siga inundando el vaso del equilibrio; ese que por momentos se rompe, astilla y en otros, da de beber. Ambas alzan sus voces en la misma frase “la cuarentena me cambió la vida”. 

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