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BASTA DE PIROPOS


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Unas 40 jóvenes realizaron pintadas y pegatinas en Caballito contra el acoso callejero y para pedir por una ley que lo sancione. La movida fue promovida por el autodenominado Comando Antipajero.

Por Ariadna Andrea Boza. Fotos de Mariana Leder Kremer Hernández.

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“Cuando tenía 15 años un hombre me tocó mientras hacía gimnasia en un club”, confesó Paula Corleone y agregó: “Otro hombre me siguió cuando caminaba por la calle, mientras me decía groserías”. Con esas definiciones, esta joven intentó explicar su participación en la manifestación que se realizó en contra del acoso que padecen las mujeres. En el marco de la Semana Internacional Contra el Acoso Callejero, del 12 al 19 de abril, el Comando Antipajeros realizó una intervención callejera en el barrio porteño de Caballito. La convocatoria se realizó por la red social Facebook y el punto de encuentro fue la esquina de Acoyte y Rivadavia, a las 20.
El Comando Antipajeros está formado por veinte mujeres jóvenes, aunque no tiene una cantidad fija. Es una organización democrática, horizontal, apolítica y participativa. “Tiene como objetivo denunciar el acoso callejero y cualquier forma de violencia contra la mujer” aseguró Julieta González, integrante fundadora del grupo.
La organización nació en febrero de 2014, cuando varias chicas que jugaban a la pelota en una plaza barrial detectaron a un hombre que se masturbaba y lo echaron del lugar. A partir de ese suceso, decidieron organizarse y denunciar el acoso que sufren las mujeres en las calles. Así surgió el Comando Antipajero.
El jueves 16 de abril parecía un día normal. Los porteños salían y entraban al subte o esperaban un colectivo. Hasta que, a las 20.15, comenzaron a llegar las primeras chicas que querían participar de la intervención callejera. Las jóvenes, desafiantes, seguras de sus consignas, tenían carteles que no dejaban lugar a segundas lecturas: “Mi vestir no justifica tu actuar” y “Nos catalogan de putas por actuar con libertad”. No obstante el filo de sus frases, ninguna persona se detuvo a mirar los carteles o preguntarles qué estaban reclamando: ellas pasaban desapercibidas.
Varias de las 40 mujeres que asistieron remarcaron que les molesta el piropo cuando es grosero y violento, como por ejemplo los ya desafortunadamente clásicos en el léxico porteño: “Te voy a romper el orto” o “Te chuparía toda”.
“Me importa que a las mujeres nos respeten en la calle”, sostuvo Delfina Pereira, de 17 años, y agregó: “Soy chica, salgo con el uniforme de la escuela y me dicen groserías”. Paula Corleone, de 25 años afirmó: “Estoy cansada de que me digan cualquier cosa, hasta estando embarazada o con mi hijos sufrí el acoso”. “Las mujeres somos tratadas como objeto y no como sujeto y los hombres creen que pueden decirnos lo que quieran”, sostuvo Josefina Silva, de 22 años. La mayoría de las jóvenes coincidieron en que no importa la ropa que llevan puesta, siempre les dicen guarangadas en las calles.
A las 20.45 ya había 40 personas. Más tarde, las integrantes del Comando avisaron que fueran hacia el Parque Rivadavia, así repartían los elementos para poder iniciar la actividad. Repartieron volantes, carteles y engrudo para poder hacer pegatinas. También, hubo varias participantes que llevaron stencils y pintura en aerosol para difundir las consignas: “No quiero tu piropo, quiero tu respeto”, “Yo elijo como me visto y con quien me desvisto”, “No soy objeto, soy sujeto” y “Este cartel es delito, que me acosen en la calle no”, entre otras frases. Después de que se repartieron los elementos mencionados, se dividieron en dos grupos, uno hizo una pegatina sobre la avenida Rivadavia al 4900 hasta Acoyte y el otro caminó hasta la avenida La Plata. El grupo que se quedó más cerca del punto de encuentro repartió volantes a la gente que pasaba con las consignas anteriormente mencionadas, también exhibieron carteles y caminaron hasta la calle José María Moreno y Rivadavia.
A las 21.45 apareció un policía que observaba a las jóvenes con detenimiento, como si sospechara que pudiera ocurrir algún disturbio. Pero la intervención callejera se realizó con normalidad y de manera pacífica.
Luego, a las 22, dos hombres les gritaron a algunas chicas que llevaban los carteles: “Nosotros no somos machistas y no tiene nada de malo decirle un piropo a una mujer”. Y se fueron. A las 22.30 terminó la actividad: las jóvenes se saludaron y volvieron a sus casas.

UNA LEY CONTRA EL ACOSO

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Según una investigación de la ONG “Bullying Sin Fronteras”, hay más de 100 denuncias mensuales por acoso callejero que originan los expedientes que llegan a juzgados de Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la Provincia de Bs As. La solución para este problema, según varias de las jóvenes que asistieron a la intervención callejera, sería una legislación penal. “Necesitamos una ley contra el acoso para que el Estado demuestre que no acepta esta forma de violencia”, aseguró Delfina Pereira.
“Sí, falta una ley contra el acoso, porque una legislación te permite tener los recursos para educar, concientizar a la gente y que exista un espacio donde reclamar”, comentó Julieta González, integrante del Comando Antipajeros.
Los legisladores saben que falta una ley. Por eso la diputada Victoria Donda (Libres del Sur) presentó el 23 de abril pasado un proyecto que busca multar el acoso callejero. La iniciativa prevé que se apliquen sanciones con multas de hasta siete mil pesos a los acosadores y otros comportamientos que sean ofensivos para las mujeres. Que se haya presentado un proyecto de ley es un avance contra el problema diario que representa el acoso para el género femenino. Pero el cambio más importante es cultural. Las familias argentinas deberían dejar de naturalizar esta conducta que resulta intimidante para las jóvenes y niñas que caminan por las calles.


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