CADA DÍA LO CANTAN MEJOR


Los Pumas forjaron en las últimas décadas un sentido de unidad que queda reflejado en el juego y también cuando entonan el Himno Nacional Argentino. “Luego de cantar el himno, salía a la cancha creyéndome que era invencible, si pasaba un tanque iba contra el tanque”, expresó una vez Agustín Pichot.

Por Federico Bengoechea y Luca Fappiano

Salen todos juntos desde el vestuario hasta la cancha. Caminan, algunos miran el piso; otros, el cielo. Llegan hasta la mitad y se ponen en fila de cara al palco oficial. Los jugadores argentinos se abrazan, sacan pecho y entonan las estrofas del Himno Nacional Argentino: “¡Oíd mortales/ Libertad, libertad, libertad…!”. Parece que el grito eufórico viene de un estadio repleto de hinchas, pero tan solo son 15 guerreros emocionados hasta las lágrimas.

En el momento del himno, los jugadores albicelestes de rugby viven una situación de sentimientos encontrados que los lleva a cantar con énfasis las estrofas que representan al país. Se descargan gritando, llorando y sujetándose entre ellos con mucha fuerza, como símbolo de unión, para sacar todo el miedo que llevan dentro y llevarse por delante todo lo que se les cruza en el partido.

Agustín Pichot, ex capitán de los Pumas, alguna vez explicó que por más que los jugadores de rugby sean físicamente grandes, por dentro tienen miedo antes de salir a jugar. A la hora del Himno Nacional, ese sentimiento de pánico produce que se quiebren en llanto como método para descargar y sacar el temor o nerviosismo previo al partido. Agustín lo define como “sensibilidad intelectual” porque es cargarse de emoción antes del juego y después bajar a cinco grados bajo cero. “Luego de cantar el himno, salía a la cancha creyéndome que era invencible, si pasaba un tanque iba contra el tanque”, asegura uno de los grandes jugadores argentinos de todos los tiempos.

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