CHICAS CLÁSICAS


Dentro de las orquestas hay mujeres que se destacan y quieren demostrar su talento. Las historias de Daiana Bustos, oboe 1º en la orquesta estudiantil de Buenos Aires, Florencia Barrientos, percusionista de la orquesta estable del Colón, y Evelina Rolón, arpista que actualmente reside en Emiratos Árabes, lo demuestran. Ellas son jóvenes que quieren vivir de su gran pasión, la música clásica.

Por Verónica Del Vecchio (@verodelvecchio) /Cecilia Tangir (@ceyarefue)/ Tatiana Fernández / Irupe Almude / Carolina Carnevale

De Banfield al Colón sólo hay 30 minutos de viaje, a la estación de Once se tarda un poco más, pero de Florencio Varela a Emiratos Árabes ya es necesario llevar visa además de la Sube. Así enumerados parecen sólo trayectos, pero estas son las distancias que recorrieron Evelina Rolón, Florencia Barrientos y Daiana Bustos, para pasar de ser niñas que estudiaban en un  conservatorio a mujeres Sub 30 cuya profesión es interpretar música clásica.Aunque muchas veces uno piensa que este tipo de carreras nace de la obsesión de los padres, estas chicas afirman y demuestran día a día lo contrario, ellas hacen lo que les apasiona.

“A los ocho años me enganché a tocar la batería en la iglesia y a partir de ahí le insistí un montón a mis papas con que quería estudiar ese instrumento. Finalmente, a los 9 empecé en el conservatorio y descubrí la percusión de orquesta que me cautivó”, cuenta Florencia Barrientos, que con 24 años llegó a cumplir la meta de todo músico argentino, formar parte de la Estable del Teatro Colón. Ahí hace sonar los timbales, tambores, el xilofón, la marimba y el vibrafón. El caso de Evelina también es particular, a los 9 años ya recorría el interior del país con su arpa, de la mano de su papá y su hermana con quienes integraba un grupo musical. “Ese era mi trabajo, hasta me pagaba la escuela privada en la época de crisis del país”, explica la joven de Varela desde un hotel cinco estrellas de Dubai donde es contratada como artista exclusiva. Por su parte, Daiana explica que a la hora de ingresar a estudiar a los 12 años, nunca tuvo dudas sobre su instrumento. “Mi hermana es violinista y cuando empezó en el conservatorio Julián Aguirre de Banfield yo, que siempre andaba merodeando por la casa, escuché una obra que tenía un solo de oboe y me gustó mucho el sonido que tenía”, dice la joven de 19 años, que actualmente dirige la fila de oboes en la Estudiantil de Buenos Aires. “Ahí como que me picó el bichito y al año siguiente entré yo también”.

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Evelina Rolón y su arpa

Después llegó la adolescencia, pero las horas de estudio no eran materia negociable, de hecho, eran la razón por la cual estas jóvenes permanecían en sus casas un sábado a la tarde practicando técnica y rutinas, mientras que la mayoría de sus pares tomaban mate en alguna plaza. La pasión por la música, por crecer, era más fuerte. Es algo así como lo que les sucede a los deportistas, el músico que aspira a llegar a las orquestas profesionales o destacarse en su instrumento, debe dejar de lado entre otras cosas los boliches.  Si bien Florencia se define como una chica tranquila en ese sentido, al preguntarle si siente que perdió cosas se detiene, suspende el tiempo por un momento y reflexiona: “Puede ser, no es para tanto. Ir al colegio y al conservatorio es estar todos los días a full.  Pero tampoco quería salir a bailar”.

Por su parte, la joven oboísta recuerda que por su contextura física pequeña era bastante señalada, formaba parte del grupo de los “relegados” del curso y muchas veces tenía que irse antes de clase para llegar a tiempo a la orquesta. “Mis compañeros salían todo el tiempo y yo muchas veces decía que no porque tenía que estudiar”.
“Ahora cuando me cruzo con alguno y le cuento un poco lo que estoy haciendo, les pega, Me dicen: por todo lo que estudiabas tenías que llegar”, ejemplifica la chica del mechón rosa en el pelo y ojos coquetamente delineados. Evelina, cuya vida fue menos estructurada por no tener la presión de ingresar a una orquesta formalmente, cree que el hecho de haber tocado desde tan chica y recorrer tantos escenarios por las diferentes provincias, la hizo encontrarse con todo tipo de personas y cuestiones culturales. “Durante mi adolescencia me dediqué, además de las giras, a dar clases de arpa en forma particular y la combinación de esos elemento generan, tal vez, que uno madure más rápido”, recapitula la joven de Varela al pensar en esos tiempos.

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Daiana Bustos y su oboe

A pesar de haber recorridos auditorios de México, del Golfo Pérsico y trabajar casi siempre en shows para hoteles de primera categoría como arpista invitada, Evelina no pierde su identidad ni reniega de las calles de su barrio, donde tuvo su primer acercamiento con el instrumento que le permitió llevar esta “vida bohemia” con la que siempre soñó. “Es lo que soy, soy de Varela y gracias a mi localidad tuve la oportunidad de llevar a cabo cursos de arpa gratuitos para el municipio, eso significó mucho para mí”, enfatiza la morocha de pelo largo.

Muchas millas más cerca, las largas horas de ensayo, las rutinas diarias y las pocas vacantes para ingresar en el ambiente profesional, parecen contradecir la idea de que los músicos viven una vida descontracturada y libre de presiones. Las chicas cuentan que el ambiente se torna cada vez más competitivo y el estrés también juega un papel importante a la hora de concursar en una orquesta profesional. “Es una situación de nervios que tenés que soportar. Son muchos años de preparación, no sólo técnica sino también psicológicamente”, razona Florencia, quien supo colonizar una “fila” de la orquesta históricamente ocupada por el género masculino. Algo que tal vez no ocurre en los otros instrumentos, donde el número de integrantes mujeres y hombres es mucho más parejo. En ese sentido, Daiana advierte que, desde su perspectiva, antes era más complejo pero ahora está todo bastante unificado.

Pero no todo lo clásico es antiguo. Estas chicas, aunque son disciplinadas con sus carreras, también tienen espacios de esparcimiento. “Nunca me levanto antes de las 12- confiesa Evelina- después de un café, me pongo a escuchar música, trato de adaptarla al arpa, hago mis presentaciones a la tarde y ya entrada la noche salgo a tomar algo con mis amigos para desconectar”. Daiana con una rutina más complicada no suele tener muchos ratos libres, pero cuando hay un hueco suele juntarse con amigos a cenar en la casa de alguno, ir a muestras de arte y a ver obras con su novio, quien es baterista y artista plástico.

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Florencia Barrientos en el evento “Las mujeres al Colón”

Florencia es quien menos descansos tiene pero admite con entusiasmo que no descarta la idea de tocar en una banda de rock e innovar en diferentes estilos. De hecho Luis Alberto Spinetta es un ídolo en el cual todas coinciden.

Si bien vivir de lo que a uno le apasiona es un logro que tal vez no todos lleguen a cumplir, estas jóvenes siguen aspirando a crecer, y su música no se detiene. “Cuando era chica quería tocar en una orquesta, se me había metido eso en la cabeza y se me dio”, dice Florencia con decisión. Pero con los ojos puestos en lo que vendrá dice que “ahora la cuestión es seguir perfeccionándome, cumplir con mi trabajo acá y después, si se puede, viajar al exterior y probar”. Mientras tanto, Daiana se plantea sus próximos objetivos: “capaz audicione para la academia orquestal del Colón, la de los chicos, los jóvenes”. Sostiene que no le molestaría pasar por la filarmónica, pero la estable no le interesa, ya que forma parte de las óperas y ballets. “A mí me gusta estar más en conciertos y que se luzca la orquesta”, afirma con una convicción poco habitual para una chica de su edad. Desde el otro lado del globo, Evelina asegura que no tiene ambiciones de riqueza ni de fama: “simplemente deseo seguir siempre viviendo de esto, tener salud, amor y ser feliz junto a mi arpa, mi música y los míos.”

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DEL BARRIO A LA ORQUESTA

Por Verónica Del Vecchio (@verodelvecchio)

La música clásica suele pensarse como un práctica elitista pero en el conurbano también se encuentran talentos y disciplina para desarrollarlos. La orquesta escuela de niños de Alejandro Korn y San Vicente es uno de los lugares donde los más chicos pueden concurrir. Darío Díaz, director de la orquesta forma parte de la iniciativa Orquestas y Coros para el Bicentenario y cuenta cómo fue el camino para acercar la cultura musical a los chicos.

Rojo del Ceibo. Así se tituló la segunda obra que Darío Díaz preparó para la orquesta de chicos que dirige en la Escuela Nº 22, en San Vicente. El árbol daba sus primeras flores en la puerta donde realizaban el ensayo. Díaz cuenta que ese elemento colorido que se destacaba lo inspiró a componer una canción que los chicos pudieran cantar y tocar. Desde hace dos años, la forma de trabajo en las dos orquestas que dirige en ese partido del conurbano sur,  mantiene una línea muy clara: hacer música juntos, sin perder la identidad de su comunidad.

A pocos kilómetros en la localidad de Alejandro Korn, se eleva “El Puente”, la orquesta que funciona en la Escuela Nº 12, y en la que, al igual que en San Vicente, 70 chicos tienen la posibilidad de hacer sonar los instrumentos de una orquesta sinfónica y sacar melodías con sus pequeñas manos. Las expectativas, sin embargo, son enormes. Son las mismas que motivan a este director de Banfield, a ir cada sábado a ensayar tres horas y media con cada orquesta. “Estamos trabajando con chicos con los que partimos de cero, y  tienen que tocar y vos tenés el desafío de hacer música desde la nada,  para eso dimos sólo una semana de clases y otra de ensayo”, dice Díaz recordando cómo fue ese noviembre de 2011, cuando se encontró con el reto de dirigir estas orquestas.

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Ensayo de “El Puente”

A partir de ahí, comenzó a escribir la partes que tenía que tocar cada instrumento. Un material que era inexistente, pero que de a poco se fue armando, teniendo en cuenta siempre lo local y el entorno de los chicos, y afirma que  “es un trabajo de dedicación, pero es la llave que te permite empezar”. Es que tal vez ese sea el espíritu que los convoca: “la práctica de hacer algo, con un sentido determinado y lograr un resultado colectivo”. Díaz, lejos de darse aires de grandeza, insiste en que en la confianza y el vínculo afectivo son los pilares que mantienen la unidad del trabajo.

El programa forma parte de la iniciativa Orquestas y Coros para el Bicentenario que lanzó el Ministerio de Educación en 2008 y que apunta a acercar recursos, tanto personal docente que ingresa por concurso, como instrumentos musicales, a las escuelas. Allí el equipo se encarga de darle forma y de aportar en el día a día su pasión. “Hay que tener ideas alternativas siempre, el chico que no puede tocar, puede cantar, puede hacer percusión corporal, palmear, nadie queda afuera”, enfatiza Díaz.

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El director también señala que la orquesta escuela ayuda a  “poner sobre la mesa problemáticas y tratar de resolverlas”. Rememora, en ese sentido, el caso de un alumno que no podía articular cuando hablaba, “se trababa al expresarse, y ahora está tocando, re integrado, porque siente que ese es su espacio y eso lo ayudó a soltarse”. También hace hincapié en que al ser algo bastante nuevo, la clave es sostenerlo en el tiempo: “si los funcionarios políticos entienden, ven todos los beneficios y lo sostienen, creo que esto va a producir un impacto para estos chicos, aunque después no sean músicos”.

En total, los pequeños tienen tres encuentros semanales, una hora de lenguaje musical, la clase del instrumento y los ensayos los días sábados. Tanto los padres, que ya organizaron una comisión, como el personal de la escuela son parte de este proyecto, que, como lo define Díaz, es “una pequeña comunidad, una tripulación que va en un viaje, que pone lo mejor que se pueda para que esa experiencia sea nutritiva, y que no volvamos siendo iguales”.

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S.O.S PARA EL FUTURO DE LA MÚSICA CLÁSICA

Por Irupé Almude: @irupeyamila y Verónica Del Vecchio: @verodelvecchio

“Se preparan estudiantes con una vocación de solista y cuando van a las Orquestas eso se nota”. Así, Daniel Bozzani, pianista, compositor y director de la Orquesta de Cámara de la Universidad de Lanús (UNLA), habló sobre la necesidad de adoptar en los conservatorios un concepto más comunitario y solidario del músico profesional. Según él, se busca sólo el espectáculo. “Si no salís en las tapas de las revistas, es como que estás medio muerto. Se busca el impacto, destacarse individualmente“, sostuvo.
Bozzani trabaja dentro del edificio Homero Manzi, uno de los talleres del viejo ferrocarril Roca reformados para el uso de los estudiantes a pasos de la estación bonaerense de Remedios de Escalada. Fue convocado por la institución para integrar el proyecto de la orquesta y confesó, sin dudarlo, estar interesado desde el primer momento. Sentado en su oficina, el pianista reflexionó: “La música clásica necesita un nuevo lenguaje que exprese lo de hoy, no lo del siglo XI”. Además, manifestó que se tendría que hacer más hincapié en la música Argentina y Latinoamericana. “Es importante que se incluya en la escuela. Hoy en día ocupan un espacio muy marginal”, agregó. Para el director de la Orquesta de Cámara de la UNLA, los propios músicos ponen los límites con el público.
“Hoy en día no hay chico que no tenga un mp3 en su celular o en la computadora, la música popular lo invade todo. En cambio, la académica parece que fuera para un solo sector y más aún la contemporánea, que no se llega a colar en el gusto de la gente”, continuó. A pesar de esto, el pianista consideró que actualmente no llama la atención ver un chico con un violín, es más común. “Antes eran nerds”, dijo Bozzani y recordó a Candelaria, una artista de 15 años que tocó el Himno Nacional en su violín frente a la vigilia que esperaba en la puerta de la Fundación Favaloro para brindar su apoyo a la presidenta Cristina Fernández, mientras era operada.
El acceso a las orquestas es muy difícil para los jóvenes. Si bien, se realizan convocatorias para los estudiantes académicos cuando hay vacantes disponibles, la mayoría de los que están estables se perpetúan en sus puestos. Se concursa frente a un jurado y, de no quedar primero, los que lo siguen se anotan en una lista de mérito. “La orquesta es una sociedad en miniatura. Hay mucha burocracia para los cargos y están muy sindicalizadas”, analizó el director. “En definitiva- concluyó Daniel Bozzani- la situación de la música clásica está  relacionada con la idiosincrasia argentina, que tiende a  dejar de lado  lo relativo a la excelencia académica”.

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LAS ORQUESTAS JUVENILES SE QUIEREN HACER OIR

Por Irupé Almude (@irupeyamila), Verónica Del Vecchio (@verodelvecchio) y Carolina Carnevale (@carocarnevale)

Una banda sinfónica compuesta por los estudiantes de las Orquestas Infantiles y Juveniles de Barracas, Constitución y Villa Lugano, entre otros barrios porteños, realizaron un concierto en la puerta de la Jefatura de Gobierno de la Ciudad, en reclamo por el vaciamiento del programa y  el cierre de 10 pre- orquestas. Con la ayuda de los docentes y en presencia de algunos legisladores de la oposición, los niños y jóvenes pudieron tocar acompañados de los músicos populares León Gieco y Peteco Carabajal.

El director general de la Orquesta de Cámara Juvenil de Buenos Aires, Alejandro Beraldi, declaró en línea con la protesta: “En estos quince años sólo tuve tres ayudas económicas muy pequeñas, dos del Fondo Nacional de las Artes y una, este año la del Mozarteum, que me ayuda a solventar gastos de la orquesta”. Según él, desde que está cargo de la dirección de este grupo se hicieron conciertos pagos para solventar los costos. “Funcionamos a modo de cooperativa,  se reparte el dinero por igual y cuando hay algo de plata extra trato de pagar por lo menos los gastos, ya que lo demás generalmente termina saliendo de mi bolsillo”, aseguró el músico.

Por otro lado, Daniel Bozzani, director de la Orquesta de Cámara de la Universidad de Lanús (UNLA) señaló que las políticas culturales son buenas a nivel nacional y provincial para lo popular pero no para lo académico. Bozzani insistió en que el verdadero problema no es la cantidad de orquestas sino que el nivel educativo para la formación de músicos académicos  es muy bajo. “Hace 20 años había pocas orquestas profesionales en relación a la gente y pocos lugares para tocar. Ahora esto se invirtió. Hay más orquestas pero con poca formación para que las orquestas funcionen profesionalmente. Es el huevo y la gallina”.

Sobre la participación en eventos estatales, el director de Cámara de la UNLA opinó: “Se montan espectáculos populares con figuras reconocidas pero es demagógico porque se muestran siempre las mismas cosas. En el fondo, es un concepto muy conservador”. Si bien, la provincia de Buenos Aires y la Capital Federal manejan sus propios criterios sobre los medios económicos que se deben destinar a ellas, según Bozzani, coinciden en la poca importancia y el rol marginal que ocupan en la cultura.

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Formación de una Orquesta básica


Links relacionados:

Orquesta de la UNLA: http://www.youtube.com/watch?v=vrAtbgP6ksU

Evelina Rolón: http://www.youtube.com/watch?v=ER9efnVfjh8
http://evelinarolon.com.ar/

Violín Candelaria: http://www.infonews.com/2013/10/08/politica-102073-demostro-su-apoyo-a-la-presidenta-interpretando-el-himno-con-su-violin-la-salud-de-cristina.php

Reclamo de las orquestas: https://secure.avaaz.org/es/petition/Necesitamos_tu_firma_en_defensa_de_las_Orquestas_de_la_Educacion_Publica_de_la_Ciudad_de_Buenos_Aires/?pv=4

Orquesta Estudiantil Buenos Aires: http://www.youtube.com/watch?v=ISgmcIh3kJw

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