CUANDO ARGENTINA Y BRASIL SON LOS MEJORES AMIGOS


Dos años atrás, a principios de junio, el crack brasileño de 21 años dejaba el Santos para sumarse al Barcelona a “jugar en el mejor equipo del mundo”. El mundo futbolístico dudaba de la relación o, mejor dicho, de la no-relación que podría entablar con Lionel Messi, el líder del equipo Culé. Días después de su llegada, Neymar era concreto y decía: “Messi es el mejor del mundo y yo estoy aquí para ayudarlo”. Con esas palabras gambeteaba las polémicas y daba indicios de cómo podrían llevarse.

Por Nicolás Molina Jalabert y Micaela Blanco

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Ya antes de arribar a España, Neymar no era reiterativo sólo en los elogios para su futuro club, sino también hacia el capitán de de la Selección argentina. “Jugar con él será un sueño”, “para mí es el mejor del mundo” y “quiero ayudar a Messi a seguir siendo el mejor” fueron algunas de sus frases. Estas expresiones no fueron dichas únicamente para enaltecer la figura de Leo. La lectura de la otra parte la hace alguien que conoce bien la historia: “Neymar fue muy preparado. Le dijeron que tenía que alabar a Messi. Entonces decía todas esas cosas, y crease o no, eso ayudó y mucho”, analiza Sebastián Fest, autor del libro “Ni rey ni dios: Lionel Messi. La historia del mejor”.
Pepe Costa y Dani Alves le hablaban a Messi de Neymar. Le hicieron ‘buena prensa’ para ir ablandándolo, porque la preocupación que había era que él, que es el gran ídolo, se viera afectado por la aparición de otra estrella importante. Por entonces, sus compañeros ya empezaban a jugar sin la pelota. Se trataba de un trabajo de equipo para conciliar los egos.

Derrotar a la lógica
Hay quienes dicen que las casualidades no existen, sostienen que las cosas suceden por alguna razón ajena, alegando infinidades de explicaciones que bordean lo místico, desde el destino o la fortuna, y que la historia ya fue escrita de antemano. En caso de ser así, lo que sucede en Barcelona es una historia que ni Roberto Fontanarrosa ni Osvaldo Soriano ni ninguno de sus colegas, amigos de la pluma, jamás siquiera amagaron a contar. La historia de dos campeones, reyes en sus tierras, alabados por su gente y elevados a la categoría de dioses, que lejos de competir entre ellos, forjaron una sociedad para llevarse por delante a todo aquel que se les interpusiera en el camino. Liga, Copa del Rey, Champions. El dúo dinámico lo quiere todo.
Las cosas en común de Leo y Ney (nombres de una posible película de Disney) van más allá del fútbol. Si bien cada uno representa a la esperanza de los dos países más futboleros del continente, los problemas personales no les son esquivos. Sobre Messi pesan acusaciones de evasión de impuestos, que debería dirimir en juicio oral. De todos modos, los allegados al rosarino aseguran que el asunto no afecta el ánimo de Leo.
Tiempo después, con Neymar ya en las filas del equipo Culé, Santos, el ex club del astro brasileño, lo demandó a él y al Barcelona por las irregularidades que surgieron en su transferencia, en mayo de 2013. Los españoles habían pagado más de ochenta millones de euros por su pase.
Hace algunos días, cuando Barcelona dejaba en el camino al Bayern Munich de Guardiola, la prensa internacional se cansó de elogiar al equipo catalán. Se volvió a hablar del mejor Messi, y se lo catalogó a Neymar como “el otro Messi”. Un mote que lejos de molestar al brasileño, lo halaga. A Neymar, el otro yo de Messi, le gusta mirarse a ese espejo.
La semana pasada, cuando le preguntaron a Gerard Piqué por sus compañeros de equipo que se marchaban para la Copa América, respondió: “Son amigos. No hay celos ni egos y estamos hablando de los mejores del mundo. Es algo nunca visto en el ambiente del fútbol, siempre asociado con el divismo”.
No fue el único futbolista del Barcelona que decodificó la buena relación entre ambos. También lo observó Javier Mascherano: “Nunca lo vi a Leo tan cómodo en una cancha”. Una señal que marca la onda verde en el camino a nuevas conquistas. En efecto, ya lo repetía Guardiola: “Si Messi está bien, todo está bien”. Para que el genio de 169 centímetros esté en armonía hoy resulta clave Neymar. Adentro y, también, afuera de la cancha.
Para esta Copa América, sus países tienen la fe depositada en sus figuras y emblemas. La espina de la final de la última edición del Mundial sigue clavada en la retina de Messi, mientras que la impotencia de Neymar por haberse perdido por lesión el fatídico e histórico partido entre su selección y Alemania (1-7), son el combustible suficiente para buscar consagrarse en Chile.
No se reprochan, ni se hacen malas caras. Juegan, disfrutan y se divierten. Y ganan. Siempre ganan. Se buscan en los festejos para abrazarse y agradecerse mutuamente. El mundo del fútbol lo celebra. Un argentino. Un brasileño. Dos cracks. Los tipos que lograron lo imposible.

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