DOMINGO ETERNO


En el barrio “El Quinto” de Luján, ya paró de llover, las calles humean vapor al rayo del sol, y los pájaros rompen el silencio.

Por Camilo Zúñez

Acá todavía no llegó la paranoia de la capital, simplemente se instaló una especie de domingo eterno. Los negocios cierran a la hora de la siesta y abren después de la merienda, los vecinos se saludan de lejos pero con cariño, y las charlas de supermercado ahora son a un metro de distancia, pero la gente sigue charlando.

Algunos días se escucha a Julian Melo tocar la guitarra desde su pieza, y algún partido que pone El Ruso Martínez cada vez que lava el auto. 

Los pibes de acá le hacen las compras a las señoras grandes a cambio de alguna golosina, y las pibas se maquillan para ir a comprar el pan.

A la despensa de la esquina San Martin y Caseiros, lo único que le falta son papas fritas y chocolates, que según Rosa, le van a mandar el mes que viene, el resto de los productos todavía están en las góndolas. Los cosas no aumentaron como se vio en los frigoríficos de capital, Medina, el carnicero, tiene los mismos precios de siempre y le sigue fiando a los vecinos. 

En el barrio, el cielo se llenó de nubes y empezó a llover otra vez, pero la paranoia de la capital todavía no llega. El pasto de los patios está largo y las piletas podridas, la gente se confunde los días y nunca nadie sabe bien qué hora es. Los niños de acá van a la escuela por internet, las familias miran series y las abuelas mas cancheras del barrio juegan al chinchón por video llamada. Acá los únicos abarbijados son los empleados del supermercado chino, que contradictoriamente no tienen problema en embolsarte las compras y ayudarte a llevarlas hasta el auto.

En el barrio “El Quinto”, a veces llueve y a veces sale el sol, pero la gente de acá no cambia y la paranoia de la capital sigue sin llegar.

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