DYLAN REALES, LA PROMESA DEL GOLF QUE VIVE EN LA VILLA 31


A los 10 años, este chico que se sentó a la mesa de Mirtha Legrand sueña con disputar el Masters de Augusta. Por lo pronto, es una promesa del deporte argentino que tiene mucho de prodigio y una historia muy particular.

Por Alejandro Ábalo | @aleabalook

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En la Villa 31, la feria de frutas ya la levantaron. Quedan cáscaras de banana, olor a mandarina y algún perro buscando suerte, pero encuentra poco y nada. A un par de cuadras, entre los pasillos, todavía rueda un limón después de volar unos metros. Un chico de 10 años empuña un palo fabricado en casa con el que impacta a la fruta, se divierte y festeja si el golpe es bueno. Está ansioso por llegar a casa y ponerse a mirar golf, su pasión. El limón se rompe y deja de servir; el pibe ya se puso a buscar alguna lata que lo suplante. Es Dylan Reales, el golfista villero. Desde que su abuelo le fabricó el palo, recuerda haber repetido esta imagen cada día.

Dylan vive en la Villa 31, va al colegio y juega con sus amigos dentro del asentamiento. Le gusta el fútbol (jugaba de 4 en Platense) y es muy maduro. Demuestra educación y humildad en cada comentario. Pero lo que lo diferencia de sus amigos es su fanatismo por el golf. El chico es una de las grandes promesas del deporte en la Argentina y cuenta con un hándicap de 25 golpes, algo que impresiona para su corta edad: alguien que comienza a caminar los greens, ostenta 36.

Tenía solo ocho años cuando el golf empezó a hacer ruido en su cabeza. Fue mirando el Golf Channel que se hizo fanático. Entonces, le pidió a su abuelo Julio un palo para jugar. Y el hombre debió rebuscárselas: con una escoba vieja y la ayuda de una moladora nació el primer hierro del niño Reales. Su familia y amigos le decían “El loco del palo” y se hizo conocido en la villa por ir pegándole a todo lo que encontraba.

Las casualidades también iban a colaborar en su historia, como si fueran pelotitas. Su abuelo, fletero, le pidió una mañana que lo acompañara en uno de sus viajes. A la vuelta pasaron por Palermo y pararon a mirar una laguna con patos. Dylan se percató de que se trataba de un campo de golf y se volvió loco. Un cartel enorme indicaba: “Clases gratuitas para chicos de 8 a 13 años”. En su primer intento por anotarse en el Ranelagh Golf Club de San Isidro había sido discriminado. “Entramos y una señora me dijo que no podía jugar cuando le dijimos que éramos de la villa”, contó Dylan sentado a la mesa de Mirtha Legrand. Daniel Ocampo, su actual entrenador, le confirmó que sí podría entrenarse en Palermo: “Venite todos los sábados”.

Dylan practica seis horas todos los días en el club y toma clases con Ocampo. Está a punto de salir a jugar el campeonato PGA y demuestra tener futuro. Hoy, casi todo le sale bien, pero para llegar a este presente debió superar algunos obstáculos. Cuando empezó a entrenarse en Palermo, su madre hizo un gran esfuerzo y le consiguió unos palos. A los pocos meses se los robaron cerca de su casa; la villa no aceptó a un golfista. Dylan tuvo que volver a arreglárselas con su viejo hierro de madera y algún que otro invento de su abuelo, hasta que Claudio Borghi interfirió. El entonces entrenador de Argentinos Juniors lo vio al chico en esas condiciones y decidió comprarle unos palos nuevos. Es por eso que Dylan, en su bolso, lleva bordada la frase “Gracias Claudio Borghi”. Lo más impresionante de la historia es el chico ni siquiera sabía quién era Borghi. Había ido a pedirle un autógrafo porque su abuelo le dijo que lo hiciera. Según Dylan, el Bichi también juega muy bien al golf.

Dylan ya participó en varios torneos de su categoría y obtuvo buenos resultados. En 2013 ganó La Copa de la Nación. “Cuando gané el primer torneo, mi entrenador me dijo que me acostumbre. Ojalá sea verdad”, le contó Dylan a la web de Cancha llena. Disputar el Masters de Augusta es el máximo sueño del chico que admira al Pato Cabrera, que anhela ser campeón allí como lo fue su ídolo en 2009 y lucir el característico saco verde.

La historia del pibe se hizo conocida. Dylan se lleva bien con las cámaras y no tiene problemas en responder cuando se le pregunta algo. El nene que iba golpeando frutas por los pasillos de la Villa 31y apenas soñaba con jugar golf en un campo profesional está ansioso de contarles a todos sobre su paso por el programa de Mirtha Legrand y lo linda que es Lali Espósito.

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