EL ADIÓS A GUSTAVO CERATI


Desde la tarde del jueves una cola interminable de fans de todas las edades desfiló por la Legislatura para despedir al líder de Soda Stereo que falleció después de estar más de cuatro años en coma.

 Por Bárbara Sciuto

El cuerpo de Gustavo Cerati ya descansa en el Panteón de los Músicos ubicado en el Cementerio de la Chacarita. La despedida fue larga y emotiva, con el sabor que tienen las noticias que uno sabe que tarde o temprano van llegar. El Salón del Honor de la Legislatura porteña fue el lugar elegido para su velatorio. Comenzó el jueves a las 21 y finalizó el viernes a las 12 del mediodía, una hora y media antes que el coche fúnebre llevase los restos del músico al cementerio. El ex líder de Soda Stereo falleció el jueves a la mañana, tras estar cuatro años internado por un ACV, producto de un paro respiratorio.

Durante la noche miles de fanáticos y personajes del mundo del espectáculo fueron a despedir al músico, nombrado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires el año pasado, pero no eso no impidió que otros miles más fueran por la mañana. La Ciudad estuvo de luto. Del cielo caía lluvia y de los ojos lágrimas. Muchas lágrimas. En la extensa fila que abarcó más de cinco calles, donde la gente esperó para darle un último adiós a Gustavo (y eso que la visita una vez dentro era bastante rápida) los anteojos se destacaron. Pero no para evitar los rayos del sol en las retinas de cada uno, sino para ocultar esa tristeza inmensa por la pérdida de una estrella de la música.

Apenas se subían los escalones, una gran foto en blanco y negro de fondo con la cara de Cerati y el ataúd con sus restos completaban la escena. Si bien las coronas tuvieron un lugar importante, no fue lo único que se vio. Es que la mayoría de las personas que entraron al Salón llevaron consigo un clavel que dejaban al lado del cuerpo. Una montaña de flores había a su alrededor en forma de homenaje. Cuando el coche fúnebre avanzó, esos claveles rojos fueron lanzados hacia el auto: también como ofrenda. Entre las coronas se podía observar la de Fito Páez, Cristian Castro, Alejandro Sanz, Fundación Mercedes Sosa, Cámara de la Nación y de La República Bolivariana de Venezuela, donde el cantante y compositor padeció el accidente cerebro vascular.

CERATI

 

Pero no todo fue llanto. Una vez que bajaban las escaleras del lugar, varias personas se quedaron enfrente de la puerta principal esperando la salida del féretro y entre gritos y aplausos, cantaron sus canciones. “Cruza el amor. Yo cruzare los dedos”; “Nada nos libra, nada más queda”; “Poder decir adiós es crecer”, entre otras tantas que sonaron en la calle Julio Roca durante la mañana. Y esto hizo la diferencia con otros velorios, donde la energía se vuelve densa, pesada y hasta oscura. Acá era energía pura.
Las muestras de cariño y afecto se vieron en todos los fanáticos que llegaron al Centro desde diferentes partes del país. Como es el caso de Juan Chuffer (26), un adicto a Soda Stereo y a Cerati solista desde que llegó al mundo. “Nací escuchando Soda. Literal. Cuando nací mi viejo llevó un grabador donde sonaba Nada Personal”. Este joven de pelo castaño claro se tomó un avión desde Córdoba para poder despedir a su ídolo, a quien tuvo la posibilidad de ver en el 2007 cuando la banda realizó la gira “Me verás volver”.

El viernes debería entrar a trabajar a las 2 de la tarde, pero él está en Buenos Aires y no pensaba irse hasta tocar el cajón donde yacen los restos de Gustavo. “Ni siquiera avise en la fábrica. Me entere de la noticia y sin pensarlo saqué un pasaje para el horario más próximo y me vine… así, con lo puesto”, dijo. Remera negra, pantalones y un sweter que apenas lo abrigaba: definitivamente fue con lo puesto. La lluvia se juntaba con sus lágrimas mientras recordaba diferentes momentos en los cuales el músico lo ayudó a salir de momentos difíciles a través de las letras. “Cuando se murió mi vieja lo único que hacía era escucharlo. Era lo que me ayudaba a irme a otro mundo”, contó mientras compraba un clavel rojo que luego dejaría sobre la montaña de flores al costado del ataúd.

Pero Juan no es el único que se vino desde otra provincia. Doce menos cuarto, a quince minutos de que cierren las puertas de la Legislatura para que la familia del cantautor se despidiese en privado, un chico de campera de jean apareció corriendo, desesperado y llorando para poder pasar. “Vengo desde Bahía Blanca, por favor dejame entrar, por favor te lo pido, me muero si no puedo verlo aunque sea cinco segundos”, le gritó al patovica que, después de revolear los ojos, lo dejó pasar. No entró con flores pero sí aliviado de poder hacer su duelo.

El cielo lloró junto a las miles de personas que despidieron a este personaje clave de la música Latinoamericana que ahora descansa. Y descansa en paz…

Infaltables los oportunistas en esta situación. Vendedores ambulantes de todo tipo podían observarse en los alrededores de la Legislatura porteña. Estuvieron toda la noche, desde que llegó el cuerpo hasta que el coche fúnebre desapareció entre los autos. Por un lado, remeras, camisetas, pines y fotos. Por el otro, claves rojos. Cada clavel a $20. ¿Dudas? No. La gente no dudaba de su precio y los compraba, para así dejar su marca, su paso por el velatorio del ex líder de Soda Stereo.

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