CULTURA
El corsé: la historia detrás de una prenda icónica
En el siglo XIX se convirtió en una pieza fundamental de la moda en las mujeres. Antes para moldear el cuerpo a los gustos de la sociedad, hoy por elección estética. Conocé la historia.
CUERPO DE LA NOTA:
Cada prenda de indumentaria tiene un significado especial para cada persona, pero más allá del gusto personal hay prendas que tienen un largo recorrido histórico. Cuando vamos a comprar ropa a un local, ¿se imaginan si alguien pudo usar esa misma prenda hace cientos de años?
Actualmente, elegimos la ropa en base a nuestro estilo pero antiguamente las personas debían cumplir con ciertos parámetros para vestirse según su clase social y género. Esta nota se centra en una prenda clave en la historia femenina: el corsé y su rol a través de los años.

La Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de Buenos Aires (FADU) está llena de estudiantes que ingresan llevando maniquíes y percheros con prendas que denotan un trabajo de muchas horas. Un grupo de estudiantes de la carrera de Diseño de Indumentaria comenta datos relevantes sobre el corsé, prenda que actualmente se puede conseguir en muchas tiendas por talle y es elegida por muchas mujeres e, incluso, algunos hombres se animan. Pero, no siempre fue tan libre esta elección.
Luna Cappa, Chiara Bruzzoni, Daira Capialbi y Abril Campos son futuras diseñadoras que están ocupadas trabajando en los proyectos de la carrera. En medio del sonido de las máquinas de coser y de los mates que hacen más llevadero el trabajo, debaten sobre la historia del corsé.
Daira revela por qué era exclusivamente femenino en un principio: “Siempre fue en la mujer porque el objetivo era resaltar el busto y la cintura”. “Nosotras siempre fuimos un premio, paraditas como un poste”, sigue y agrega: “Cuánto más bellas, mejor”. A lo que Chiara suma que era visto como una manera de formar o deformar una nueva silueta de la mujer, “una bien vista para la sociedad”.

Recorrido histórico del corsé: de una prenda de sujeción de la clase alta a una de elección por estilo personal
Desde sus inicios, el corsé fue una prenda utilizada por las mujeres de clase alta. En el Renacimiento eran de telas rígidas reforzadas con huesos de ballena, madera o metal. Los colores que usaban las mujeres ricas eran rojo, que sacaban de los insectos; púrpura de los moluscos; y el azul oscuro proveniente de la planta añil. Estos tenían muchas decoraciones y bordados.
Los pobres en ese entonces trataron de replicar el corsé pero en telas como algodón o lino. A diferencia de la seda de la élite, éstos eran en colores blanco o crudo -los naturales de las telas- y sin decoraciones ni refuerzos por ser muy caros. Y los solían reforzar con cañas, aunque no eran tan duros para poder moverse para trabajar.
Luego, bajo el estilo barroco de la época esta prenda se caracterizó por la extrema ornamentación. Pero, el cambio más importante que sufre es la elevación de la cintura con respecto a la natural del cuerpo. El corsé anteriormente llegaba hasta debajo del ombligo y en esta época se acorta a debajo del busto.
En el rococó volvió a su largo inicial pero se dividió en dos piezas. El corsé era convencional con ballenas con la función original de dar ajuste a la cintura pero en su centro se agregó una pieza llamada “peto”, que era una pechera con forma de triángulo invertido con el objetivo de aplanar el abdomen. En cuanto a la ornamentación, continuó siendo sobrecargada como en el período anterior pero con motivo floral.
Durante los siglos XVIII y XIX, Francia se consolidó como líder de la moda mundial femenina. Luego de la Revolución Francesa se abandonó el corsé y se comenzó a utilizar el vestido camisero. Eran prendas simples de algodón fino y forma tubular, que contrastaba con el estilo exagerado del rococó. La función del vestido era cubrir y no moldear el cuerpo. En 1810, Napoleón impone el vestido estilo imperio de seda para la corte, porque se beneficiaba económicamente de la industria.
La indumentaria durante el romanticismo vuelve a traer al corsé como prenda imprescindible. Se volvieron a bajar las cinturas altas, las faldas se ensancharon con forma de campana y se acrecentaron los escotes. Este estilo perseguía la imagen pálida, melancólica y delicada de la mujer, considerando vulgar a la imagen colorida del rococó.
En 1850, Inglaterra se sumó al liderazgo de la moda mundial. Se implementó el miriñaque o enagua de aros metálicos. Las cinturas continuaron haciéndose más chicas y las faldas más voluminosas con superposición y largas hasta el suelo, lo que era una incomodidad y considerada signo de riqueza e inmovilidad, ya que el ejercicio estaba mal visto. A partir de 1860, las faldas sumaron volumen en su parte trasera gracias a almohadillas sobre las nalgas llamadas “polizones”, que se recogían para dar forma exagerada.
El período que va desde finales del siglo XIX a la Primera Guerra Mundial se llamó “La belle époque” caracterizada por un espíritu alegre. Este período trajo un estilo que buscaba la expresión del cuerpo femenino tal como es, al contrario al atuendo artificioso del siglo pasado. Aparece la silueta con forma de “s”, con protuberancias en la zona de los pechos y del trasero. Los fabricantes de ropa interior idearon unos tipos de corsé para lograr diminutas cinturas. Aparece también el traje sastre.

Dibujos realizados por Luna Cappa.
La primera mitad del siglo XX es la época dorada de la alta costura y la indumentaria a medida para mujeres de la élite. Las décadas posteriores fueron cambiando el tipo de silueta en la mujer:
- En 1920, una silueta más cuadrada.
- En 1930, una silueta más fina, esbelta y con la cintura en su lugar anatómico.
- En 1940 se rigidiza con hombros ensanchados e indumentaria de tipo masculina con influencia militar por la guerra. Las faldas eran estrechas y rectas por la falta de materiales debido a la limitación de insumos para indumentaria impuestos por la junta de producción de guerra. Se produce el declive de la moda parisina dando lugar a la moda estadounidense hasta el fin de la guerra cuando se liberó París y resurgió como líder mundial de la moda. En 1947, Christian Dior crea el “New Look” volviendo a la alta costura con un estilo nostálgico que trae nuevamente el corsé y las amplias faldas realizadas con muchos metros de tela preponderante del pasado.
- En 1950, las líneas se vuelven más curvas y la cintura continúa en su lugar anatómico aunque más pequeña. Con el traje de Coco Chanel se termina de establecer el estilo “Prêt-à-porter” (prendas de confección), desterrando a la alta costura como se conocía hasta el momento y con ella el corsé deja de ser una prenda característica femenina.

Christina Dior, New Look. Créditos: Vanity Fair
Luna comenta que el establecimiento del Prêt-à-porter junto con la revolución de la juventud de los años 60, que buscaba la libertad de expresión y del cuerpo, se terminó con la imposición del corsé como prenda de opresión y pasó a ser una prenda de moda de uso opcional.
Por su parte, Chiara cree que hay coincidencias entre el uso antiguo del corsé con el uso actual: el de embellecer a la mujer y que, si bien avanzamos mucho en cuanto a inclusión, todavía falta deconstrucción para que todas se sientan cómodas. “A diferencia de antes que se usaba para moldear el cuerpo por la imposición del canon de belleza de cada época, ahora lo usamos por elección y porque a nosotras nos gusta”, comparte y sigue: “Está más arraigado a cómo nos sentimos”. Y confiesa que lo usa porque la hace sentir “femenina y bonita”.

Madonna y su icónico corsé de Jean Paul Gaultier.
Diseño y confección del corsé
Abril relata cómo es la realización del corsé y advierte que es de las más complejas en indumentaria por requerir un trabajo “muy fino” que consume muchas horas. Además se debe tener práctica y conocimiento previo para realizarlo.
Por un lado, son varias piezas de tela que deben formar canales entre ellas dónde se colocan las ballenas, actualmente de plástico, con los ojales y el cordón que pasa a través de ellos para ajustarse al cuerpo.
Asimismo, se deben tomar bien las medidas, realizar moldes de varias piezas y puede requerir un “toile” que es la realización de la prenda en una tela más económica para probar el calce y si requiere ajuste en moldería.
Cada pieza debe unirse en máquina recta u overlock. Las ballenas se cortan y luego se liman o queman en sus puntas. Y, una vez terminado el corsé, con su forreria incluida, se colocan los ojales con remachadora en forma vertical y se cruza el cordón. Según la complejidad del diseño pueden agregarse tirantes, bordados, apliques, pedrería, drapeados, encajes, mangas, entre otras.

Créditos: Voila.ar
“Creo que, si bien es una prenda muy laboriosa, vale la pena su confección. Es una prenda icónica, histórica y estética. Tiene mucho que decir, tiene un mensaje, es una impronta femenina por excelencia”, reflexiona Abril. También considera que es rica en su conjunto de procesos para la materialización de la misma; sin embargo, no es reconocido a nivel de trabajo y dedicación que requiere. “Las manos que lo confeccionan no son remuneradas de forma equivalente”, concluye.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
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