EL HOMBRE QUE BUSCA LANZAR AL INFINITO


Braian Toledo fue el primer argentino en ganar una medalla de oro en los primeros Juegos Olímpicos de la Juventud de la historia, en Singapur 2010.

Por Bianca Laporta

Muy alto, corpulento, con las manos en los bolsillos, cruza la puerta y la primera impresión de la gente del club es una sonrisa. Abrazos, besos y algunas palmadas en la espalda para el chico que hace 10 años dormía en el piso y hoy va por su tercera participación en un Juego Olímpico de Adultos para el lanzamiento de jabalina.

“Mirá quién volvió”, dice Tuta, mientras se le va iluminando la mirada. Tuta lo conoce desde los 5, cuando arrancó en la escuelita de fútbol. Dos décadas más tarde, el hombre que desde siempre recibe a la gente en la puerta del Club SAPA de Marcos Paz, lo sigue cruzando, con menos frecuencia pero con la misma sonrisa. Cada tanto, cuando regresa de Finlandia y pasa sus vacaciones en el barrio donde tanta historia sembró, Braian Toledo vuelve con su gente, a sus raíces.

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Vive solo desde los 18 años. Ahora, tiene 25. Tiene tres perros: Titán, Rebeca y Pimbi. Está de vacaciones pero le gusta salir a andar en bici a las 6 de la mañana. Se pone la alarma 5 menos 10 y se levanta menos cuarto. Lo único que disfruta preparar en la cocina es el desayuno: huevos revueltos, café, jugo exprimido, y le agrega jamón, queso o palta si se quedó con hambre. Empieza bien el día después de una hora y media recorriendo las afueras del municipio bonaerense con su bicicleta, bien al oeste de Capital Federal.

No lo necesita, pero empezó a trabajar en la parte administrativa del Enard (Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo). Lo hace desde su casa, generalmente a media mañana. Está trabajando en un proyecto basado en la búsqueda de alternativas para los atletas que una vez finalizada su carrera deportiva, puedan seguir con actividades y no dependan 100% de la beca económica. A la tarde estudia Marketing y Publicidad a distancia en la Universidad Siglo 21. Recibió una beca en el 2017, se anota a las materias que puede y de a poco avanza, “sin apuro”. Aprovecha el tiempo libre y la soledad de Finlandia para ponerse al día.

Más tarde, va a entrenarse. Está de vacaciones, pero lo hace porque quiere, porque lo disfruta. Porque desde los Juegos Olímpicos de Río 2016, después de haber dedicado casi toda su vida al resto, entendió que nada es tan importante como lo que él tenga ganas de hacer: “Cambia mucho cuando hacés cosas para conformar al resto y para conformarte a vos. Y estoy contento por haberlo aprendido de joven”.

Hasta octubre, Braian Toledo está de vacaciones de la jabalina; a fines de noviembre, volverá a Finlandia, a entrenarse con Kari Ihalainen, pero mientras tanto disfruta de su familia, sus amigos y Marcos Paz. Son las cosas que lo completan.

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El pasado te marca. Marca tu futuro, tu personalidad, tus sueños: “Cuando tenía 8 años me levanté a la madrugada y vi una luz prendida. Raro, porque no dejábamos las luces prendidas, creí que era un monstruo o algo así. Me acerqué y vi a mi mamá llorando, le pregunté qué le pasaba y no me decía nada, insistí e insistí hasta que dijo: ‘No sé qué les voy a dar de comer mañana a tu hermana y a vos’. La abracé y le dije: ‘Estamos juntos, estamos bien, yo te prometo que te voy a hacer tu casa, te voy a dar de comer, vamos a estar bien’”.

Ahí empezó todo. Con una noche, un llanto, una luz prendida que despertó el sueño de un chico que no paró hasta cumplirlo. Un abrazo, un consuelo, y la sorpresa de una madre, Rosa Idalgo, que no espera que a los 8 años su hijo le diga que la va a sacar adelante. Se las ingeniaba como podía. Al principio, Braian vendía dibujos, le completaba la carpeta a sus compañeros, le daban algunas monedas y llevaba un kilo de pan a su casa. Lo hacía a la madrugada, para que su mamá no se diera cuenta, iba a la escuela sin dormir pero nunca dejó de ser un alumno aplicado. No sabía cuál era el camino, cómo guiarse y saber si estaba haciendo las cosas bien, pero probó. Primero las changas después el fútbol, y al final la jabalina. Gustavo Osorio, su profesor de Educación Física, vio que el chico tenía condiciones para lanzar. Y si bien a los 9 años empezaba a adentrarse en un mundo que más tarde le daría todo, Toledo confesó qué fue lo que hizo que no bajara los brazos: “Tuve mucha esperanza. Yo no quería esa vida para mí. Cuando era chico me preguntaba si quería dormir en el piso toda mi vida”.

A los 12 obtuvo su primera beca deportiva y comenzó a construir la casa que le había prometido a su mamá cuatro años atrás. Una casa en la que tuvo la oportunidad de volver a dormir en una cama, porque en la anterior ya no entraba. Por más de que no quería eso para el resto de su vida, Toledo se había acostumbrado a dormir en el piso. Incluso en un torneo tiró el colchón al suelo porque le daba vértigo la altura de la cama del hotel.

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Llegó Singapur 2010 y Braian se enteró de la competencia un año antes de su celebración. Confesó que más allá de la buena organización de los Juegos Olímpicos de la Juventud, los atletas no tuvieron mucho tiempo de preparación. Sin embargo, el lanzador de jabalina se consagró con la medalla dorada e inició un largo camino en el atletismo. Disfrutó mucho esa primera experiencia y reconoció que fue fundamental para poder llegar a otro Juego más preparado y que no lo tome todo por sorpresa. A su vez, en un ámbito donde la cabeza de los atletas trabaja mucho y las presiones son mayores, Toledo no cree que ganar en el evento de los jóvenes sea prioridad: “Hay que divertirse y pasarla bien, porque es un escalón más a donde vos querés llegar, eso no va a definir si sos malo o bueno. Pero a veces el exitismo y el resultado inmediato hacen que te juegue en contra y te pongas mal creyendo que sos el peor. A los 17 años tenés todo por delante, hay tiempo de mejorar. Ahí empieza todo”. Él pudo disfrutarlo y meterse en el podio, se siente muy orgulloso por ser el primer argentino en haber conseguido una medalla de oro en el primer evento olímpico de la Juventud: “El primero es el primero”.

Al poco tiempo cumplió 18 años. Luego de una discusión, su mamá lo golpeó, Braian se miró al espejo, se preguntó si merecía eso y decidió irse. Sin nada. Con una mano adelante y la otra atrás: “Quería empezar de cero”. Empezó a alquilar un departamento en Marcos Paz y de a poco empezó a aprender a vivir solo, con sus responsabilidades y obligaciones. Luego de que el deportista se convirtiera en mayor de edad, el Enard dejó de pagarle la beca a Rosa para hacerlo con Toledo. Vivió en Capital, cerca del Cenard, no le gustó y volvió a su barrio.

En 2012 participó de los Juegos de Londres y con 18 años se convirtió en el hombre más joven en participar de la competencia. A pesar de su logro y la clasificación, el lanzador de jabalina estuvo muy deprimido por no haber conseguido el pase a la final: “No salí de la pieza en los cuatro días que me quedaban, no comía, estaba muy deprimido y me costó dos o tres meses salir de ese bajón por haber fallado”. Luego entendió que Argentina es un país muy exitista y concluyó: “Si le pegan a Messi, que es el mejor del mundo y dicen que es un perro, ¿cómo no me van a pegar a mí?”.

En 2015 clasificó a la final del Mundial de Atletismo en Beijing, logrando la mejor marca de toda su carrera: 83,32m. Con un gran envión anímico, al año siguiente se clasificó a la final de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Se quedó con el 10° lugar y decidió cambiar algunas cosas en su vida. Gustavo Osorio dejó de ser su entrenador, para el joven “se había cumplido un ciclo” y su profesor lo entendió. Al poco tiempo, fue el jefe técnico de lanzadores de Finlandia, Kari Ihalainen, quien tomó a Braian como alumno para desarrollar aún más las cuestiones técnicas. “Me cansé de que me ganen siempre”, le confesó Toledo a La Nación.

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Muy sencillo. Disfruta de lo natural y lo espontáneo, prevalece lo auténtico. Disfruta tomar mates con amigos o en familia, no le gusta hacerlo solo. Disfruta ver crecer a ‘Guadi’, su ahijada, la hija de su prima ‘Romi’; confesó tener una complicidad que no encontró con otras personas. Braian no suele decir “te quiero”, pero dijo que a Guadi la ama. Y su ahijada también lo adora, tanto que se enoja con los rivales de su padrino cuando le ganan. Se acuesta entre las 9.30 y las 10 de la noche. Misma hora a la que apaga el celular. En Finlandia descubrió que perdía mucho tiempo con el teléfono: “Me acostaba muerto a las 10 de la noche, al otro día me tenía que levantar temprano, y entre mensajes, redes sociales e internet me terminaba durmiendo a la 1 o 2 de la mañana. No quería eso, así que al otro día me compré una alarma y listo”. Hoy reconoce que son malos hábitos y se alegra de haber podido cambiarlos desde chico. Está siete u ocho meses en Europa entrenando, y disfruta mucho volver. Los cuatro meses de vacaciones en Marcos Paz se le pasan volando. Cada vez que está lejos extraña escuchar el español. Tiene amigos al otro lado del Atlántico, pero “la gente de allá no es como acá”. Son más fríos. La música es una gran compañía. Música electrónica, clásica, Porta -el rapero- o de los años 80 entre sus géneros preferidos, pero escucha de todo.

Rosa, su mamá, es su ídola. “Las mujeres tienen más ovarios que los hombres, yo lo viví así”. Acompaña el movimiento feminista y se alegra mucho de que el género femenino se esté haciendo un lugar más importante en la sociedad. Se alegra por su hermana, sus sobrinas, porque van a ser más libres, más auténticas, como le gusta a él. Su referente en el deporte es Roger Federer, le gusta el tenis, verlo jugar, y desea llegar a su edad en las mismas condiciones. También le gusta que se difunda su historia, y que llegue a muchos chicos que quizás hoy están pasando por lo mismo que Braian hace 10 años. Se considera pionero de que se puede: “Hacen conocida mi historia y hacen que los demás crean en su propia historia. Me gustaría que la gente entienda que como nacés no va a definir tu futuro. Muchos piensan que como nací pobre voy a morir pobre, y no, podes salir a pelearla y cambiar tu vida totalmente”. Hace 10 años lo acompañan sponsors como Adidas, Gatorade y Provincia Seguros, él les lleva ideas para hacer eventos o regalar cosas a los chicos, y las marcas acceden. Lo conocen. Entre sus proyectos está #HuellaWeber con la empresa Weber Saint-Gobain, donde visita y trabaja con distintas ONG. Estos compromisos le hacen bien. Le hacen bien como Marcelo, su amigo, que hace papel de hermano mayor, consejero y a veces hasta de padre: “Él me enseñó a escucharme”. Ese lugar que Braian no sintió tener en su casa ni con su ex entrenador, sí sintió que se lo dio Marcelo: “Un día me preguntó ‘¿A vos qué te gusta?’ y yo como con miedo le decía ‘me gusta esto pero no sé si está bien’, volvía a preguntarme si me gustaba, le decía que sí y su respuesta era: ‘Bueno, hacelo’”. Lo conoció a los 16 años por una familia amiga, su amistad fue creciendo, Marcelo estaba admirado y decía que hablar con Braian era como hacerlo con un chico de 30 años. Le dice ‘Titán’. Antes lo acompañaba a trotar 40 minutos todos los días, hablaban mucho, de todo, y era el único que le preguntaba qué le pasaba. “Hoy es la única persona que me manda un mensaje todos los días desde que somos amigos. ‘Buen día Titán, ¿cómo estás?’”. ‘Titán’ se considera un afortunado por tener a alguien como Marcelo en su vida.

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En noviembre volverá a Finlandia con Kari Ihalainen para entrenarse con nuevas metas y objetivos. Su mente está puesta en Tokio 2020 y pasará a estarlo en París 2024. ¿Un objetivo? Lanzar al infinito e intentar alcanzarlo. Sin embargo, cree que todo lo que consiga será un regalo. Lo más importante en su vida no es ser campeón olímpico, sino estar bien. Tan poca importancia le da a lo material, que las medallas que gana se las regala a sus familiares y amigos, porque “le van a dar más valor que yo, que la dejaría en un cajón”.

Del 6 al 18 de octubre va a estar todos los días en la Villa Olímpica, acompañando a los atletas en los Juegos de Buenos Aires 2018, desde charlas hasta premiaciones. Es uno de los padrinos de estos juegos. Su mayor deseo es que todo lo que se está realizando para este evento, una vez finalizado se mantenga, y le permita a los argentinos soñar con un Juego Olímpico de Mayores. “¿Por qué no?”.

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