EL SUEÑO QUE EMPIEZA A HACERSE REALIDAD


La remodelación y reapertura de la confitería Del Molino ya está en marcha. Cuatro años de lucha que ponen fin a una historia de desidia y abandono.

Por Fernando Díaz

molino--cayetano (www.eterdigital.com.ar)

La confitería Del Molino es un sitio histórico y emblemático de la ciudad de Buenos Aires. Lo que supo ser un centro de reunión para la política y la cultura nacional, desde hace más de 15 años quedó condenado al abandono y al olvido.
La Cámara de Diputados rescató de ese olvido a este lugar, al convertir en ley, en noviembre de 2014, el proyecto de expropiación que llevaba dos años de espera en la cámara alta y que comenzará a hacer realidad el sueño de su reapertura.
Ubicada en la esquina de las avenidas Rivadavia y Callao, en el barrio de Balvanera, frente al Congreso Nacional cerró sus puertas el 24 de enero de 1997 “por vacaciones”, supuestamente por poco tiempo.
“Los dueños son la familia Roccatagliata que decidieron el cierre aduciendo que iban a hacer reformas para reposicionar el local. Nunca se iniciaron esas reformas y a ellos nunca más se los vio”, cuenta Irene Gardes, sobrina nieta de Carlos Gardel y habitúe de la confitería.
Gardes es una de las fundadoras de la Agrupación para que se restaure el Molino que nació a fines de 2008 cuando un grupo de vecinos se juntaron y resolvieron armar una página en Facebook, unidos por “el deseo de recuperarla y fuimos encontrando más locos armando este espacio”.
Paula Acunzo, fotógrafa y otro de los miembros que iniciaron la movida, expresa: “Desde un principio, la idea fue participar popularmente y presionar a los políticos para que hagan algo. Recorrimos las calles repartiendo volantes hechos por nosotros, hablando y explicando la propuesta buscando más apoyo”.
Luego de más de un año haciendo este trabajo, llegaron a recolectar cerca de 50.000 firmas y presentaron en diciembre de 2009 un petitorio en el Congreso con los objetivos de la idea, esperando que algún legislador se interese y la impulse.

La propuesta era que se expropie el edificio bajo la condición de que se conserve para el fin que fue creado. En el mismo año de su cierre, el edificio fue declarado monumento histórico nacional por ley del Congreso Nacional y área de protección histórica por el gobierno porteño, además de ser catalogado como de alto valor patrimonial.

“Nosotros buscamos una solución profunda. Esas medidas son insuficientes, sólo son para conservar la fachada y lo que queremos es que se conserve el inmueble, tal como fue construido”, sostiene Irene Gardes.
Para la Agrupación, la expropiación es la única solución posible porque si se vende al comprador no se lo puede obligar a que mantenga nada, puede hacer lo que quiera, incluso tirar abajo todo. Y los dueños, según ellos, muestran un claro desinterés respecto a la confitería, ni siquiera aparecieron para pagarle a los empleados la plata que les deben.
Pero, ¿estos dueños nunca tuvieron interés tampoco en vender? En julio de 2000 apareció un cartel chiquito anunciando su venta. Estos vecinos pudieron averiguar que hubo una sola oferta muy importante de empresarios árabes que fue rechazada por “insuficiente”. Al poco tiempo, se retiró el cartel y no volvió a haber otro intento de venta ni total ni parcial del lugar.
Los vecinos revelan también que, en todo este tiempo, a la parte de la confitería nadie pudo ingresar. Salvo en una oportunidad donde vieron un par de hombres cargar en una camioneta estatuas y adornos de oro y bronce, “mandados obviamente por los dueños”.
“No tenemos ninguna bandera política ni queremos tenerla. La única bandera que levantamos es la del Molino. No nos subvenciona nadie, no somos una ONG, sólo un grupo de personas que luchamos por un sitio histórico”, aclara Paula Acunzo.
Aquel petitorio ingresado en 2009 fue motivo de interés para el entonces senador Samuel Cabanchik, que con un grupo de asesores y miembros de la Agrupación, trabajó en el proyecto de ley que entró en Senadores en 2010.
Cabanchik, que ocupaba una banca por la Coalición Cívica, retiró ese proyecto en abril de 2012 para hacerle mejoras, lo reingresó en noviembre y se trató en la última sesión de ese año, aprobándose por unanimidad. El proyecto pasó a Diputados y recién se activó en 2014, convirtiéndose en ley noviembre del año pasado con 217 votos favorables y una abstención.
“A través de esa ley, se expropia el edificio, se lo declara de utilidad pública y pasa a ser manejado por el Congreso Nacional, que debe formar una comisión bicameral para la administración del Molino”, explica Cabanchik, “que será la que se encargue de la remodelación de todo el inmueble y su puesta en valor”.
Esta comisión se ocupará de manejar la concesión de la confitería que seguirá funcionando en la planta baja, con el mismo estilo que tenía al ser cerrada. En el segundo piso donde había un amplio salón para fiestas, la idea es que haya un centro cultural.
En los tres pisos superiores que supieron ser viviendas, la intención es la apertura y el desarrollo de museos temáticos. Tanto el centro cultural como los museos serán propiedad del Estado, que se encargará de su manejo y mantenimiento.
“Estamos muy contentos, la lucha de todos estos años empieza a dar sus frutos. Se dio el primer gran paso, ahora se deberán dar otros más para alcanzar el objetivo final que es que vuelva a abrir la confitería, pero la lucha no termina acá, esto es el comienzo”, afirma Cabanchik, emocionado.
Hablar de una fecha para esa reapertura es apresurado, pero tanto el ex legislador como los miembros de la Agrupación sueñan y desean que se pueda producir el 9 de julio de 2016. Fecha que coincidiría con el centenario de la inauguración del Molino y, también, con el bicentenario de la Declaración de la Independencia.

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