ENTRE DUDAS Y FESTEJOS: LAS DOS CARAS DE UNA MISMA SELECCIÓN


Nada de lujos, ni de un sistema con engranajes bien aceitados ni de resultados abultados, así no es esta selección de Argentina. El equipo de Sabella no gusta y no golea pero gana. Es un conjunto de chispazos individuales a los que ahora se le sumaron sucesos milagrosos como el gol faltando 2 minutos para los penales o el palo salvador cuando no quedaba tiempo.

Por Manuel Casado (enviado especial)

 La selección no convence porque el equipo no aparece. Sus estrellas tienen apariciones fugases. Lionel Messi no es un líder que hace jugar al equipo a su gusto y muchas veces parece perdido en lagunas, pero es quién hace que un equipo como Argentina, que no demuestra serlo, gane. Son momentos cortos y pocos, pero en los cuales siempre él está. Hoy hizo algo que no es su distinción particular pero que lo viene practicando hace tiempo: el pase gol. Luego, Ángel Di Maria, no siempre acertado y sabio pero jamás incansable y poco dotado de técnica, se encargaría de ponerla como se debe: abajo, fuerte y esquinada.

Los centrales mostraron las mismas limitaciones que siempre y aún más, en especial Federico Fernández. A destiempo y mal parados. Fernando Gago fue muy intermitente y nunca pudo convertirse en el puente defensa- ataque. El ingreso de Ezequiel Lavezzi salió mal. Ubicado más como medio que delantero, no fue ni una cosa ni la otra. Un híbrido que no dio frutos. Por su parte, Gonzalo Higuaín volvió a ratificar que está falto de ritmo, que llegó con muchas dificultades físicas al torneo y que tiene el arco fuera de la mira.

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Más a allá de esto, Alejandro Sabella no parece darle respuestas a las grietas de creatividad ofensiva y de solides defensiva que tiene su proyecto. Como si hacerlo significara un signo de debilidad. Las únicas modificaciones del DT pasaron por aspectos demasiado chatos sin aporte al juego ni a la estabilidad. Poner 5 defensores frente a Bosnia o meter un delantero para que juegue de volante, haga la banda y colabore con el marcador de punta, indican que el DT le gusta eso de tomar recaudos “por las dudas” y priorizar a la táctica dependiendo del rival. Lo que termina por descuidar al equipo y a las cualidades de sus jugadores.

Después estuvieron Sergio Romero y Marcos Rojo. Ninguno de los dos brilla pero ambos responden a un equipo de altibajos constantes. El lateral izquierdo es 80% actitud y 20% capacidad pero fue opción de pase siempre y tuvo un ida y vuelta constante aunque siguió perdiendo algunos mano a mano y marcas que no terminaron generando grandes riesgos. Al arquero se le nota que atajar, como a todo arquero, le hace pulir errores (aunque me parezca una falla garrafal llevar a un arquero sin actividad para ser titular). La salvada del primer tiempo fue clave porque era desde un lugar neto para convertir y porque era el peor momento de Argentina. Sin embargo, tuvo algo de responsabilidad al no salir en el centro del casi gol de Suiza, donde la pelota cruzó el área chica.

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Párrafo aparte para el verdadero capitán, Javier  Mascherano. El tipo es el balance justo de administración, capacidad y liderazgo. El llamado “DT adentro de la cancha”, aunque algunas veces también parezca serlo fuera también.

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Argentina debe saber que su objetivo no es la final, eso sería dar un salto grande para caer en el pozo. La línea a pasar son los cuartos de finales, esa instancia que no supera desde hace 5 Mundiales, frente a la talentosa Bélgica.

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