Ética policial: ¿Cómo debería accionar el personal de seguridad ante casos cómo el de Chano?
El caso del ex líder de Tan Biónica, Santiago “Chano” Moreno Charpentier, el 25 de julio puso nuevamente en discusión el accionar de las fuerzas de seguridad. El músico, que se encontraba en un estado de padecimiento psíquico, recibió un disparo en el abdomen cuando el oficial Facundo Amendolara intentó reducirlo.
El caso del exlíder de Tan Biónica, Santiago “Chano” Moreno Charpentier, puso nuevamente en discusión el accionar de las fuerzas de seguridad. El músico, que se encontraba en un estado de padecimiento psíquico, recibió un disparo en el abdomen cuando el oficial Facundo Amendolara intentó reducirlo.
A raíz de esto el cuestionamiento que surge es sobre el accionar de la policía en estos casos, si existe un protocolo cuál es y cómo debe llevarse a cabo.
En relación con el uso de armas, la resolución de Seguridad indica que se recomienda “un estilo de comunicación calmo y seguro y, por el contrario, se desalienta el uso de un estilo agresivo, amenazante o confrontativo”. Para eso, remarca que “se debe evitar el uso del arma”, y que ésta “debe ser mantenida en un lugar no visible durante la contención”.
En Argentina rige desde 2013 un protocolo para actuación de las fuerzas de seguridad ante casos como el que ocurrieron con Chano, en los que están involucradas en hechos de violencia personas con problemas de salud mental o consumos problemáticos de drogas. Lo firmó la entonces ministra de Seguridad Nilda Garré y rige para las fuerzas federales, pero no todas las provincias están adheridas. De modo que no existe, en la práctica, un protocolo unificado.
Desde el Ministerio de Salud informan que en el primer cuatrimestre del año “hubo más de 4 mil llamados a la policía para intervenir en casos de salud mental”. Por su parte la Subsecretaría de formación y desarrollo profesional presentó un Lineamiento para el abordaje policial ante situaciones de crisis de salud mental enmarcadas en lo prescripto por la Ley Nacional de Salud Mental 26.657 (Derecho a la protección de la salud mental) y la ley provincial 14.580. Sobre esto recomienda:
Reducir riesgos y preservar la seguridad física y psíquica de las personas.
Evitar un escalonamiento de la agresividad.
Generar condiciones favorables para la intervención de los equipos de salud.
Cabe destacar que en todo momento hace referencia al uso físico para el control de estas situaciones como metodología principal.
En casos de agitación, como fue presuntamente el de Moreno Charpentier, el uso de medidas de fuerza como la “restricción física” -puede ser manual o mecánica, que inmoviliza el movimiento libre de las extremidades o cabeza de una persona- sólo pueden ser utilizadas cuando “se hayan intentado previamente otras estrategias menos agresivas” destinadas proteger la integridad de la persona en estado de alteración o la de terceros.
El protocolo es claro cuando establece que “las medidas de fuerza deben consideradas como el último recurso”, y su uso es pertinente cuando las medidas menos restrictivas no resultan eficaces y cuando se producen comportamientos no anticipados y “severamente agresivos o destructivos que generan una situación de riesgo inminente para sí o para terceros”.
El protocolo describe cómo actuar ante alguien sobreexcitado y violento, con delirio o narcotizado. Dice que debe pedir refuerzos policiales, “por si es necesario ayudar a los médicos en camino a calmar a la persona y subirla forzosamente a una ambulancia”. También es una exigencia mantener distancia mínima de “dos brazos” cuando se encuentren ante un estado de agitación, no actuar de modo provocativo, establecer contacto verbal y de colaboración, e incluso explica cómo: “Utilizar oraciones cortas, vocabulario simple y estar dispuesto a repetir un mismo mensaje varias veces”.
El Dr. Tobías J. Schleider Abogado especialista en Derecho Penal y Consultor en Seguridad Ciudadana dijo: “Las policías en Argentina no cuentan con una formación adecuada para intervenir en casos como estos. Debe tenerse en cuenta que la participación de un miembro de una fuerza policial en una situación de esta clase es excepcional (aunque muchas veces el policía es el primer funcionario que llega al lugar). Sin embargo, la excepcionalidad no es excusa para que no haya formación específica, o incluso un cuerpo especial dedicado a esta clase de tarea”.
Desde el Ministerio de Salud recomiendan que ante algún caso similar los primeros contactos sean:
En el último año el ex-boxeador y campeón del mundo Jorge “Locomotora” Castro, El Roña, experimentó que a través de su proyecto comunitario de comedores y merenderos notó un incremento de la pobreza. El hambre y la falta de recursos no solamente afecta a los niños sino que ahora la gente mayor que pedía comida para la semana, pide para el día. “Ahora, la gente grande es la que te llora para poder comer”, contó a ETER Digital.
Su gimnasio ubicado en la localidad de Temperley, partido de Lomas de Zamora, es utilizado también como comedor comunitario y sede central de entrega de mercadería. Fue así así desde la pandemia de 2020, cuando tuvo que cerrar durante siete meses el lugar de entrenamiento y pensar las distintas maneras de aprovechar el establecimiento. Hasta que decidió utilizarlo para brindar esa mano que él mismo necesitó durante su infancia.
Con una olla popular en pleno gimnasio, niños y adolescentes que vivían a base de pasar el rato en las plazas y esquinas al sur de la provincia fueron los primeros en recurrir a la solidaridad del ex-boxeador. A través de los años, la cantidad, importancia y cambios de gobierno, incrementaron la necesidad de tener que expandir el proyecto, lo que produjo que hoy en día el Roña cuente con nueve merenderos y 14 comedores distribuidos por toda la provincia de Buenos Aires, sumando el comedor que está por inaugurar por zona oeste, en la localidad de Morón.
Castro cuenta que el incremento de necesidad para proporcionar la mayor cantidad posible de ayuda hacia los más necesitados, a diferencia de hace pocos años, fue impensada. Antes, “eran solamente chicos con sus madres los que pedían por el pan, hoy se suman personas mayores, jubilados” y trabajadores que ya no logran cubrir lo básico. Ya no logran cubrir medicamentos. Hace un tiempo contaban con solamente 2.100 chicos en total pero actualmente son 6.400 personas las que asisten.
“La frustración que te da es no poder ayudar a esa gente que trabajo toda una vida para después jubilarse y hoy no tener lo que requieren. Laburar 30/35 años para que hoy les den 2 pesos con 50. Esa es la frustración”, lamentó el Roña.
Cada entrega es promocionada por el perfil de Facebook del mismo Castro a principios de semana. Junto a colaboradores, familiares/amistades o donativos, la mercadería se junta previamente, se clasifica y se arman bolsones para luego ser distribuidos los viernes después de las 15 horas tanto a todo aquel que se presente en el gimnasio como a los comedores y merenderos que alquilan fletes para trasladar. A veces la cantidad no alcanza para, y las necesidades por las que pasaron últimamente complicaron el proceso de reunión de suministros.
“Hace poco nos robaron la camioneta de traslados y otra la prendió fuego sin querer una persona de la calle que dejábamos que durmiera ahí. Ahora tenemos que repartir con un auto nuevo que se compró Jorge porque le robaron lleno de mercadería el que tenía”, explicó Leonardo, compadre de Locomotora.
Su popularidad como ex campeón le abre puertas y facilita la llegada de donaciones, pero el motor real es la insistencia: toca timbres, conversa, gestiona y arma eventos benéficos cada vez que puede. Utilizar su nombre como El Roña Castro le da felicidad al Jorge que conocen sus más allegados. “Llevo el nombre bien puesto y de esa manera me van a poder recordar de la mejor manera”, explicó. Pero aunque su logro como deportista le haya dado la oportunidad de ser reconocido y le permita hacer lo que hace por su gente, la ayuda nunca deja de ser bienvenida.
Cada madrugada, Roña viaja al Mercado Central para recoger donaciones de frutas y verduras; durante la semana recorre fábricas y mayoristas pidiendo mercadería; y los fines de semana organiza en su gimnasio de Temperley jornadas solidarias, donde vecinos y voluntarios aportan alimentos, ropa y frazadas.
Al mismo tiempo, Castro trabaja con funcionarios en la provincia de Buenos Aires, en el área de Desarrollo Social y Deportes, y de esta manera obtiene el aporte del Banco Provincia. Pero no es suficiente a comparación de cuando lo recibía por parte del Banco Nación. “Cambió el gobierno y (la ministra Sandra) Petrovello no te da nada”, cuestionó.
A pesar de las dificultades económicas, la falta de recursos y los contratiempos que enfrenta a diario para sostener su proyecto solidario, el Roña asegura que una vez que empezó ya no puede “largar” todo lo que se logró, porque la gente necesita una persona como él. Junto con sus colaboradores y más allegados, el impacto que ven en la gente les devuelve una fuerza que ninguna dificultad logra quebrar, los une cada vez más. Es lo que los convierte en una familia.
“En mi infancia perdí a mi padre de muy chico y pasé muchas necesidades. Que uno pueda ayudar y que te digan gracias, es algo que no lo podes pagar con nada y es todo gracias al Roña”, se emocionó Leandro.
La ayuda del campeón mundial a los más necesitados no viene solamente desde el lado de querer ayudar y que de esa manera puedan contar con las necesidades básicas. Al mismo tiempo busca aconsejar a los demás lo que él aprendió siendo chico y también en su carrera profesional.
Va a penales o cárceles para dar charlas. “Los pibes te escuchan”, reconoció. Lo que les aconseja es “que puedan buscar la manera de que la sociedad los acepte de nuevo. Una cagada los marca, la sociedad los mata y no se pueden recuperar más. Tienen que intentar empezar de cero aunque sea difícil, evadir lo que los lleve a mal camino y afrontar la situación económica o social que se presente”.
Y sigue: “Tienen que aferrarse a lo mejor que tengan, a trabajar, a hacer las cosas como la gente. Hoy en día la droga está en todas las esquinas y si la agarras, no hay vuelta atrás”.
El proyecto solidario del Roña se transformó en mucho más que una red de comedores, es un refugio para miles de personas y un espacio donde el apoyo prevalece hasta en los momentos más duros. Con una demanda que creció de manera dramática y obstáculos que pondría a prueba a cualquiera, él sostiene su labor con la misma tenacidad con la que alguna vez defendió un título mundial.
Su apoyo principalmente proviene de la familia que formó gracias a esto, de las donaciones y de la fuerza de la comunidad que lo acompaña. Desde el gimnasio hasta los penales, Castro ofrece la oportunidad que él mismo se dio cuando era chico: la oportunidad para levantarse. A pesar de que la pobreza sigue aumentando su moral no va a cambiar.
Julieta es madre soltera. Se levanta antes de que amanezca para preparar a su hijo y llevarlo al jardín. Se abriga y camina mientras simula escucharlo pero en realidad piensa cuántos penes tendrá que ver sin su consentimiento ese día. Llega a su casa, finge una sonrisa que no siente y hace caras pícaras frente a la cámara. Le da vida a Jules, su alter ego. Tiene 23 años y es novia virtual.
Existe una generación de mujeres latinoamericanas de entre 18 a 40 años -requisito excluyente de una de las tantas agencias de Novias Virtuales (NV)- que encuentra en la venta de vínculos afectivos una forma de supervivencia. Como también es el caso de Sofía que recién termina el secundario y quiere estudiar medicina pero, mientras tanto, elige otro camino: sigue a varias influencers y “creadoras de contenido” que promocionan distintos consumos, una de ellas muestra en una historia cuatro billetes de 100 usd que ganó en una semana de trabajo.
El mes anterior a esta situación, la joven había ido a una entrevista laboral que le ofrecía ese mismo monto mensual aunque distribuido en 8 horas de lunes a sábado atendiendo un local de ropa. Sofía no dudó y optó por crear un perfil en la app Olive para la agencia virtual She’s Agency. Ahí se llama MissSof, no tiene contrato ni derechos -igual que le sucedería en el trabajo presencial que no aceptó- pero tiene la promesa de “estar mejor paga”. Y, en efecto, lo logró: en una semana ganó 20 usd.
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Ysabel Velasquez es psicoterapeuta y sexóloga, vive en Venezuela y compartió en su Tik Tok un video sobre la naturalización y proliferación de estos casos estableciendo que uno de los principales problemas es la integridad y reputación de las mujeres ya que no termina de ser un espacio seguro para ellas.
En esta misma red es donde más mujeres comparten y promueven estas prácticas de relacionamiento. Asegura la especialista que “a través de estas agencias” el sexo se convierte, en muchos casos, en entretenimiento y placebo instantáneo y advierte una tendencia a la deshumanización de los vínculos.
Por su parte, José Díaz, psiquiatra y presidente de la Asociación Española de Sexología Clínica (AESC) compartió con el diario El País que “cada generación tiene menos sexo que la anterior y que este escenario se arrastra hace por lo menos cuatro décadas”. Esta tendencia se la atribuyó a varias razones entre las cuales la influencia de la tecnología es la más notoria, seguidas por la precariedad laboral, la vivienda o el feminismo.
En este marco, las NV ocupan un lugar importante ya que los hombres construyen con ellas una relación virtual más no real. Es decir, los hombres son capaces de pagar grandes montos de dinero por una videollamada con una mujer y hasta forman se animan a formar “pareja” de esta manera.
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Nicolás tiene 20 años y vive en Caracas, Venezuela. Nunca tuvo novia, por lo menos no en los términos tradicionales de la palabra. Hace un año conoció a Tati, una mujer de 34 años que vive en Colombia. Una o dos veces por semana tenían sexo virtual. La relación, que se sostuvo a cambio de dinero, duró apenas unas semanas porque él se enganchó, unos meses después, con una compañera de curso.
Cuando empezaron a salir resultó que “no podía tener sexo” con ella. Consultó a un urólogo y clínicamente “todo estaba bien”. Lo derivaron a una sexóloga y descubrió que su relación con lo digital le había traía problemas a la hora de tener sexo. El hábito de masturbarse había provocado que, con la penetración, no llegase a eyacular. La virtualidad había cambiado su forma de vincularse sexoafectivamente.
En relación a esto existe un nuevo término en internet llamado “gooning” y este describe un estado mental alterado en el que una persona, generalmente varón, entra en un estado hipnótico tras mirar porno durante mucho tiempo, acompañado de masturbación repetitiva. Se describe como un “viaje mental”, en el que el placer no está tanto en el orgasmo, sino en prolongar el proceso de excitación al máximo.En resumen, se corren los límites donde se encuentran satisfacción y placer.
“Los hombres entre 25 y 30 años tienen más ansiedad, son más violentos y padecen disfunción eréctil a partir de las pantallas y el consumo de pornografía temprana que retrasan los vinculos presenciales”, asegura Velasquez y agrega: “Mientras más se prohíbe educar, más espacio gana la pornografía como referencia de aprendizaje”.
En ese escenario, gran parte de las experiencias afectivas y sexuales comienzan a formarse en entornos digitales donde predominan el consumo inmediato y la fantasía de control sobre el otro. Esto crea un círculo vicioso donde los jóvenes no solo adquieren información errónea sino que reproducen patrones dañinos de sexualidad, violencia y relaciones basadas en el consumo y la objetificación.
Este fenómeno está montado en algoritmos. La app tiene lo que se denomina “refuerzo intermitente”, es decir, scrolleás, ves lo que te gusta, le ponés like, pasás de video y no parás. Resulta similar a los mecanismos de las apuestas online: estas plataformas funcionan para los usuarios bajo “lógicas de adicción” y generan una dinámica estudiada en juegos de azar y redes sociales que es casi automática. El usuario ve transmisiones contínuas y esperan que la siguiente “oferta” sea mejor o más satisfactoria, lo que los mantiene pegados a la pantalla.
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Otro de los grandes problemas de la hiperconexión y las relaciones virtuales está en la huella digital. Si bien algunas plataformas ofrecen opciones para restringir la visibilidad del contenido por países, no garantizan la seguridad ni el control sobre el contenido difundido. Lo que se sube a internet deja de pertenecer al ámbito de la intimidad.
Muchas NV desarrollan un alter ego, una personalidad paralela que les permita soportar el contenido que deben generar y la exposición constante. La sexóloga sostiene que esta disociación es un mecanismo de defensa psicológico. “No es una cuestión moral, es una cuestión de salud mental. Sin embargo, esto no solo afecta la autoestima sino que puede dejar secuelas duraderas en las conductas. La presión por complacer, la vergüenza internalizada y la constante exposición generan un daño que va mucho más allá de lo económico”, comparte.
Organizaciones como Amnistía Internacional y Fundación Activismo Feminista Digital reportan un crecimiento constante de casos. Frente al robo y difusión no consentida de contenido privado, algunas trabajadoras pueden acudir a la Ley Olimpia, legislación sancionada en Argentina en 2023 que protege contra el acoso y la violencia digital. Esta ley se originó en México donde colectivos feministas reportaron decenas de suicidios o tentativas vinculadas a la difusión de imágenes íntimas desde 2014.
A raíz de esto aparece otra cuestión: el consentimiento que, en espacios digitales, es más difuso y vulnerado. Tradicionalmente, en el trabajo sexual callejero, la negociación con el cliente y el consentimiento son explícitos y los límies están más claros antes de iniciar cualquier acto, excluyendo los casos de abuso. En las plataformas de NV, por ejemplo, durante transmisiones en vivo donde “se busca matchear”, los usuarios suelen masturbarse sin acuerdo mutuo generando un ambiente de violencia simbólica y psicológica constante. Esta desprotección también se debe a la individualización que proponen estas modalidades de trabajo.
Georgina Orellano es la Secretaria General Nacional de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR), sindicato de trabajadoras sexuales, y afirma que la pandemia de COVID-19 impulsó una nueva transformación: la migración masiva a la digitalidad. Los antecedentes en Argentina de este cambio -cuenta Orellano- se situan en el 2012 tras la aprobación de la Ley 26.842 de Tratas de Personas que “criminalizaba el trabajo sexual” y, al no diferenciar claramente entre la trata de personas con fines de explotación sexual y el ejercicio voluntario, dio lugar a una política de persecución sistemática: se prohibieron cabarets, whiskerías, casas de citas, bares y clubes nocturnos, así como publicaciones de servicios sexuales en medios gráficos.
Las principales consecuencias fueron la reconfiguración de las formas de organización entre las trabajadoras, el cambio de los espacios públicos como lugares de encuentro a departamentos privados y la individualización del trabajo. Se eliminó el contacto entre trabajadoras reduciendo los lazos de apoyo colectivo: redes de trabajadoras, grupos de WhatsApp, listas de clientes peligrosos, y un sentido de comunidad que permite establecer cuidados y códigos compartidos.
Julieta ahora se saca sus medias de red y deja a Jules de lado. Va a buscar a su hijo al jardín, luego de una jornada laboral de seis horas donde no tuvo mucha suerte. Pocas videollamadas, pocas “monedas”. Igualmente, logró llenar el changuito del día. Hace una historia para Instagram y muestra los productos desplegados en la mesa del comedor: un papel higiénico, unos fideos, unas galletitas surtidas, algunos elementos de limpieza. Hace la cena, acuesta al nene y se conecta a un zoom donde le prometen “aprender herramientas de marketing digital para poder mejorar sus habilidades”.
Se capacita con la coordinadora de la agencia con la promesa de convertirse “en su mejor versión”, “ganar moneditas” -es decir, más dinero-. Se debe de tomar este trabajo “en serio”: sonreír en todo momento, ser coqueta, extrovertida y procurar estar en un ángulo que te favorezca”. Las “managers” (caras visibles de las agencias) son mujeres latinoamericanas que operan en ese contexto regional donde la desigualdad marca las opciones laborales disponibles.
Es invierno y la ola polar que azota el país no da tregua. Frente al viento que cala profundo y parece tocar los huesos, siempre es una buena opción levantar la mano y gritar “¡Taxi!” para subirse a una unidad y llegar más rápido al destino.
Pero, la mano se cansa de estar en alto. Los pocos autos negros y amarillos que pasan tienen la luz roja de “ocupado” encendida. Lo que no hace mucho tiempo era algo así como un ritual urbano, casi instantáneo, bien porteño, hoy parece desvanecerse frente algo tan intangible como real: la tecnología.
Esta tecnología no llegó en silencio. Todo lo contrario, su desembarco inicial desató un conflicto cara a cara en las calles de la ciudad, caracterizado por protestas masivas que denunciaban una competencia ilegal y desleal. Hoy, en el 2025, esa hostilidad parece haber mutado en una aceptación resignada, una suerte de tregua donde la frase “las aplicaciones llegaron para quedarse” se repite en cada esquina y principalmente se disputa en la pantalla de los celulares de cada usuario.
Uber, una de las apps más elegidas por los usuarios
La voz de los choferes
Detrás de cada taxi que desaparece de las calles, hay una historia. Una de ellas es la de Jorge Leiva, un hombre de 58 años que lleva 25 al volante y que siente frustración al ver cómo cada día tiene menos pasajeros.
-¿Se puede vivir del taxi hoy en día?
-Antes, ser tachero te permitía mantener a tu familia, planificar unas vacaciones. Hoy en día trabajo 12 horas para juntar lo justo y necesario. A veces ni eso. La calle está repleta de autos de aplicaciones que no pagan los mismos impuestos, no tienen la misma verificación técnica ni el seguro profesional que nos exigen a nosotros. Es una competencia desleal y nadie nos defiende.
Se podría decir que la cuestión económica es el frente más duro de esta batalla. Miguel Cejas es otro chofer con más de 15 años de experiencia que alquila su auto, manifiesta que los costos de mantención se volvieron asfixiantes. Por un lado, el aumento del GNC, el precio de los repuestos que en su mayoría están dolarizados y el valor del alquiler de la unidad, conforman una “tormenta perfecta”. Asegura que esta situación lo obliga a trabajar más allá de los límites de la salud y la seguridad, solo para poder completar los gastos del día y que le quede algo de ganancia al terminar la jornada.
El fin de un modelo de negocios
Esta crisis no afecta solamente a los conductores que son independientes. Susana fue dueña por dos décadas de una flota de 15 taxis y es el fiel reflejo de un verdadero cambio de paradigma. Hoy por hoy, no le queda ni un solo auto con licencia.
-¿Por qué dejaste el negocio de los taxis? -Porque era insostenible. El negocio de alquilar taxi murió. Los choferes no llegaban a juntar para el alquiler y los gastos del auto. Lamentablemente, tuve que vender las licencias a pérdida y pensar en otra cosa.
-¿Qué hacés ahora? -Alquilo autos particulares a conductores de aplicaciones. Es otro mundo que está menos regulado y por eso es más flexible. Si te soy sincera no me gusta. Yo crecí con el taxi, pero el mercado manda.
La carga de la regulación
En el epicentro de este conflicto está el marco regulatorio. Mientras los taxis tienen que cumplir obligatoriamente con el Código de Tránsito y Transporte de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Ley 2.148), las aplicaciones como Uber, DiDi, In Driver operan en un limbo, una zona gris.
Esta irrupción generó un desequilibrio estructural. Según Marcelo Boeri, Presidente de Taxistas Unidos, de los 28 mil taxis que circulaban en Buenos Aires hasta 2016, solo 8 mil licencias se encuentran activas hasta el año 2024. Todo esto se traduce en una falta de vehículos que es notable y una recaudación que es baja para los conductores. Ante esta situación, el sector de peones de taxis reclama al Gobierno de la Ciudad que “se garanticen los derechos laborales y el marco legal existente”.
Pero, siempre hay dos caras de una moneda y del otro lado están los usuarios que parecen haberse olvidado del taxi, principalmente los más jóvenes que todo lo hacen desde su smartphone. Pedir un auto desde el celular es más cómodo, conocer el precio del viaje con anticipación, poder pagar con medios digitales y en muchos casos movilizarse en automóviles más modernos, son factores determinantes. Este cambio en los hábitos de consumo impulsado principalmente por la digitalización de la vida cotidiana, es un gran desafío para los taxistas que comenzaron a tomar iniciativas.
La creación de la aplicación BA Taxi intenta competir, pero lo cierto es que los usuarios continúan eligiendo el resto de las apps de movilidad. Así se refleja en la tienda Google Play, donde la aplicación porteña apenas supera las 100 mil descargas. Cabify tiene más de 10 millones, Uber más de 500 millones y DiDi alrededor de 100 mil.
El futuro de un símbolo icónico, como lo es el taxi, es incierto. Lo que el sector está atravesando no es solo una crisis, parece un callejón sin salida para un oficio que es parte del ADN de Buenos Aires. Su supervivencia no dependerá solamente de la resistencia de hombres como Jorge, Miguel o mujeres como Susana, sino de una potente reconversión que logre poner en equilibrio lo tradicional con la innovación y, fundamentalmente, le dé un marco regulatorio que permita dejar las reglas de juego bien claras y justas para todos los que se disputan, día tras día, los pasajeros de la ciudad.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.