“FUE UN LLANTO SIN LÁGRIMAS”


En las cuatro ausencias que tiene Argentina en la historia olímpica, la edición de Moscú 1980 fue la única polémica dado el contexto sociopolítico nacional. El Gobierno de facto (1976-1983) decidió apoyar el boicot convocado por Estados Unidos debido al conflicto con la Unión Soviética, y este acontecimiento perjudicó a más de 200 atletas albicelestes que se clasificaron al gran evento deportivo. Ante esta situación Fernando Lúpiz, esgrimista, habló sobre aquel momento.

Por Débora Barrera (@20Debora2013)

El principal mandatario había informado mediante un comunicado oficial que Argentina no enviaría a su delegación olímpica a Moscú por una decisión política. En ese contexto, Lúpiz recordó el instante en que el presidente del Comité Olímpico Argentino (COA) los citó para darles la noticia: “El coronel Antonio Rodríguez dijo que no se iba extender mucho porque no había explicación, pero debía acatar una orden: “EEUU declaró un boicot y desde el país recibí una orden de plegarnos”. Sin embargo, nos comentó que íbamos a recibir una medalla que venía de Moscú. “La verdad es raro tener en la vitrina una presea que dice competidor cuando no lo fui”.

Ya había rumores sobre esa decisión, pero la reunión que tuvieron confirmó lo que se decía. El verdadero motivo nunca se supo, pero uno de los supuestos se relacionó a una cuestión de región, porque solo se sabía que el país norteamericano tenía lazos financieros-económicos con Argentina, mientras que las relaciones con la Unión Soviética habían entrado en un conflicto comercial.

La Guerra Fría estaba latente, pero el actor y esgrimista manifestó: “No pensaba que iban a boicotear los Juegos Olímpicos. Tal vez EE.UU., pero no Argentina. Era injusto, porque se trataba de un problema entre ellos. No se tendrían que haber mezclado los temas políticos con lo deportivo, porque el deporte es algo universal”.

En esos años, el atleta argentino atravesaba su mejor momento y quería concluir su carrera con una buena presentación, pero ocurrió todo lo contrario: “En el país ganaba todo y me habían sacado de un Juego Olímpico. Son cosas que no colaboran con el crecimiento de un deportista. Sufrí porque quería ir a Moscú, pero fue un llanto sin lagrimas”.

Los militares asumieron al poder el 24 de marzo de 1976 con el lema “Proceso de Reorganización Nacional”. Sin embargo, ellos implementaron el terrorismo de Estado para imponer el “orden” que desencadenó en un proceso autoritario en el que hubo apropiación de los medios de comunicación y violación a los Derechos Humanos. Incluso el deporte se vio afectado. Y así lo vivió Fernando Lúpiz. “Argentina era distinguida mundialmente gracias al fútbol, pero nosotros, los atletas, vivíamos entrenando pensando en Panamericanos y mundiales. No teníamos la noción de lo que estaba sucediendo así como muchos otros”.

Cabe recordar que las máximas autoridades del COA eran militares, pero Lúpiz afirmó considerarlo una casualidad, porque Rodríguez y otros oficiales eran amantes del deporte y de la esgrima, específicamente. “Con el Coronel (Rodríguez) habíamos hablado y él no quería acatar órdenes, pero nos terminaron avisando una semana antes de la peor noticia. Yo tuve un plan de entrenamiento que duró cuatro años hasta los Juegos Olímpicos, y sin embargo no pude disfrutar de esa gran fiesta porque nos fue arrebatada debido a una cuestión política”.


El triste recuerdo de Munich ´72

“En mi primer Juego, viví el episodio más difícil de aceptar, humanamente, mancillaron al deporte. Sabíamos que había terrorismo, pero se veían como noticias lejanas”. Fernando Lúpiz también recordó la situación en la que fue testigo del atentado más importante de los Juegos Olímpicos.

Durante Munich 1972, el  grupo terrorista palestino Septiembre Negro asesinó a once personas, exigiendo la liberación y el traslado a Egipto de 234 presos detenidos en la cárcel de Israel. “La experiencia en el momento fue de mucho miedo. Israel estaba enfrente, en diagonal a nosotros.  A la noche ya habían matado al maestro de esgrima y el atleta que se escapó era el único esgrimista que había en la delegación israelita y él se encargó de avisar de lo que estaba pasando. Luego, vino el desalojo y al otro día, a la mañana, desde los rifles sin carabina mirábamos con cuidado y veíamos la cara y los gestos de los policías que estaban vestidos con uniforme pumar, con chaleco antibalas y con rifles arrastrándose por el techo. El terrorismo hizo lo peor en medio de una fiesta deportiva”, concluyó.

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