Gauchito Gil, ¿primer integrante del “Club de los 27?”

Hace más de un siglo falleció de una forma violenta un gaucho rebelde que había desertado del ejército y según el boca en boca robaba a los ricos para ayudar a los pobres, lo que con el tiempo lo convertiría en una figura reconocida por devotos que le rezan como si fuera un santo, no de una religión oficial, sino como un querido “santo popular”.  


Leí dos veces el libro y en la segunda oportunidad me llamó la atención algo que dice uno de los personajes de la historia. En el capítulo 2, una señora llamada Carmen —que el autor afirmó en una charla, le había cambiado el  nombre— contó haber presenciado la muerte del Gauchito. Y que estaba segura de que él tenía 27 años cuando sucedió. Esa edad, en la que no había reparado en la primera lectura, me hizo acordar a la historia dentro del círculo de rock, de los músicos que forman parte de lo que se llama “el club de los 27”. Qué no es un club muy alegre, porque estos músicos murieron justamente a esa edad, en todos los casos de una manera no muy grata. Ustedes preguntarán ¿cuál sería una buena forma de morir? Puede ser que la mayoría querría no sufrir, pero como expresa el dicho “en gustos no hay nada escrito”. 

¿Quiénes forman este selecto grupo? Vamos por quien murió primero hasta el último, por ahora…

Brian Jones (guitarrista de Rolling Stones), fue encontrado muerto en la piscina de sus casa, la causa oficial fue “muerte por ahogamiento”, Jimmy Hendrix (guitarrista) —sobredosis—-, Janis Joplin, (cantante) también sobredosis, Jim Morrison (cantante y frontman de la banda The Doors), no está muy claro el motivo de su fallecimiento, lo encontraron ahogado en la bañera de un hotel en París, Kurt Cobain (cantante y guitarrista del grupo que inició el estilo grunge, Nirvana), suicidio, aunque también hay dudas. Teorías conspirativas dicen que su mujer, Courtney Love, lo mandó matar; y por último, Amy Winehouse, quien falleció por exceso de drogas y alcohol. Todos estos artistas eran extranjeros, pero acá tuvimos al “Potro” Rodrigo que entraría en este grupo porque también murió a esa edad en un accidente automovilístico, aunque no era rockero pero sí muy popular. 

¿Y el Gauchito estaría en este “club”?, ¿Por qué no? Los que forman este grupo están ahí justamente por la edad que tenían al morir. Y aunque el gaucho nacido en la provincia de Corrientes, no era músico, es  admirado y venerado por lo que hizo —si es que hizo lo que se cuenta en el libro o en el boca en boca— como a los integrantes de este grupo, que con su música, sus letras y otras cosas que hayan hecho en sus vidas, atraen y hasta tiene devotos que les rezan.

El personaje principal de este libro tiene altares por casi toda Argentina, incluso en países limítrofes ya que se convirtió en una figura religiosa, objeto de devoción popular. Antonio Plutarco Cruz Mamerto Gil Núñez, es el santo adorado por los conductores de camiones de las rutas argentinas y las que unen varios países latinoamericanos. Es considerado un gaucho rebelde por abandonar el ejército y justiciero por robar a los ricos para ayudar a los pobres, como Robin Hood. Una cinta roja que para muchos puede ser un amuleto en contra de la envidia, en el caso de este santo pagano era el pañuelo que llevaba en su cuello y sus asesinos usaron para taparle los ojos por miedo a no soportar su penetrante mirada. Muchos devotos del gauchito usan una cinta roja en la muñeca por él.     

A varios músicos del club también les construyeron santuarios o capillas para rezarles. Jim Morrison está enterrado en el Cementerio de Pére Lachaise en París, ciudad donde murió. Este lugar como nuestro Cementerio de Recoleta, es un paseo turístico y por qué no, de veneración también. A Morrison le dejan botellas de cerveza, entre otras cosas en su tumba. Yo le dejé unas flores y cigarrillos. 

Otro músico que, como dije antes no está oficialmente en el club, también tiene un santuario. En el kilómetro 27 de la Autopista Buenos Aires-La Plata, donde sufrió el trágico accidente, construyeron una capilla para el cantante cordobés, el “Potro” Rodrigo.

Asimismo, a Amy Winehouse le hicieron una estatua que está ubicada en Candem Town, donde vivía, en Londres. No le van a rezar, pero es un lugar en el que quienes aman su música no se van sin sacarse una foto con ella. Disculpen, pero voy a ser nuevamente auto-referencial. Tenía planeado un viaje por turismo a Londres y llegué a los 15 días que Amy había fallecido. Fui hasta su casa y enfrente había un terreno con varios árboles. En uno de ellos había dejado flores y botellas de cerveza como en la tumba de Morrison. En un banco estaban sentados unos chicos fumando, lo que parecía no ser simplemente tabaco. Me sacaron una foto con la casa detrás de mí. Quería quedarme con un recuerdo del lugar. 

Lo que no sabía es que varios años más tarde tendría la fortuna de volver. La casa estaba en venta, lo que supe porque no recordaba bien cómo llegar y consulté en una inmobiliaria si tenían la dirección. Podemos decir muchas cosas de los gobiernos británicos, pero que amable es la gente. Ni bien entré al negocio, un corredor inmobiliario me mostró en un mapa enorme que tenían en la pared del negocio, el camino más corto para llegar. La casa estaba igual, en el terreno de enfrente seguían estando los árboles, pero la mayor parte del lugar estaba cercado por una especie de medianera de palos rústicos de madera. En el mismo árbol de la primera vez que estuve ahí, había cartas, fotos de Amy con dibujos de corazones, y también botellas de vino, cerveza y cintas rojas. ¡Cintas rojas! Que de igual manera, acabo de ver en las fotos del santuario de Rodrigo. Parece que algo los une.   

Al Gauchito, Amy y a otros del “Club de los 27” los siguen venerando y agradeciendo. Realmente, ¿se cumplirán los deseos que los devotos piden?, no se sabe, pero como otro dicho afirma “creer o reventar”, ¿no?

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