Gauchopalooza: la mercantilización de un santo popular

En estás épocas de capitalismo feroz, la imagen del Gauchito se convierte en un objeto de consumo. De la tradición gauchesca al relato cool.


Ladrones, cristianos, pecadores y viajeros. No existe un target en especial para pedirle favores a Antonio Mamerto Gil Nuñez, más conocido como el Gauchito Gil. Un santo que, si bien no está canonizado, es una figura de respeto y símbolo de devoción popular en Argentina. Podemos encontrarnos con este fenómeno al costado de los caminos en muchos puntos del país donde gente que proviene en su mayoría de raíces humildes se acerca para dejar alguna bebida, atar un pañuelo rojo o encender una vela a tono. El fenómeno del “Gauchito Gil” provocó que hasta incluso se hayan filmado películas al respecto, así como también se venden remeras y velas con su imagen, entre demás objetos que rozan lo religioso con el marketing. Pero, si esta figura religiosa es el santo de los más necesitados: ¿Por qué su figura se vuelve algo cada vez más comercial?

Tal es el caso del libro de Matias Segreti llamado Gauchito, el cual fue escrito en el año 2021 y publicado por Editorial Criolla. El libro consta de 63 páginas dedicadas a ficcionar la historia de un hombre del que poco se sabe y menos certezas existen todavía sobre si verdaderamente existió. Abordando una línea de tiempo sobre los presuntos hechos que marcaron a este hombre tan peculiar, a lo largo de once capítulos cortos el autor deja volar su imaginación en una serie de relatos que abarcan desde el dramatismo de su nacimiento, una juventud difícil, la guerra en donde incluso se narra una violación grupal con la mayor de las crueldades y el posterior deceso del Gaucho que tras su muerte se convierte en un ser milagroso. 

Si bien un punto a favor en la literatura es la libertad de expresión que esta nos ofrece, banalizar a un santo puede ser motivo suficiente para ganarse a un buen grupo de “haters”. De esto se defendió el autor en una entrevista que dio hace unas pocas semanas a un grupo de alumnos y docentes de la Escuela de Comunicación Eter. Libro en mano a lo largo de la charla, ya que dijo que le costaba recordar exactamente qué había escrito, el escritor expresó que si bien esperaba críticas negativas de parte de los devotos del gaucho recibió comentarios “bastante positivos”.  

Un punto a resaltar sobre la pequeña obra, es el nivel de crueldad en ciertas descripciones de hechos, principalmente uno narrado en el capítulo seis donde se explica que parte de la deserción a la guerra por parte del gaucho se debió a la barbarie ejercida por la cuadrilla de Zalazar en la que se viola explícitamente a cuanta mujer se le cruce por delante. Este apartado no solamente no se adecúa en absoluto al contexto sociocultural de nuestro país, donde los hechos de violencia contra la mujer o femicidios no solamente son penados por la ley sino también por la mirada de cualquier ciudadano, sino que coquetea con la incomodidad del lector y cumple su rol en una estrategia para generar polémica y posiblemente atraer a algún que otro curioso al que le interese alimentar el morbo. De esto Segreti también se exculpa al explicar que le gustaba nombrar las situaciones como son en vez de hacer uso de un lenguaje más poético.

Este no es el único caso de banalización a la figura santa del gauchito. Desde el momento en que se representa la figura del gaucho se lo muestra hasta casi “fachero”, según las mismas palabras del autor: cabello largo y sedoso, bigote bien recortado, ropa limpia y planchada. Incluso Segreti hace mención de la existencia de un bar de unos amigos suyos que tienen un altar dedicado al santo y en donde grupos de jóvenes de clase media, que desconocen completamente la historia del santo, “se toman una deliciosa cerveza ipa mientras se sacan una selfie con el gaucho”, y amplía que “la imagen del gaucho es la imagen de un rockstar.” Otro punto determinante para sostener la trivialización de esta figura con miles de fieles en todo el país. 

El caso más grave sobre la desmesurada comercialización que la figura del gaucho ha sufrido y sigue sufriendo, es el conflicto que ocurrió en el santuario ubicado en Mercedes, provincia de Corrientes en julio de 2021, cuando se demostró que se habían vendido objetos de valor que cientos de fieles le habían dejado al gaucho: desde las camisetas de Maradona y Riquelme, los guantes de Locomotora Castro y el Chino Maidana, los guantes del mundial 90’ de Goycochea y hasta vestidos de quinceañeras, joyas, oro y demás bienes preciados. Donaciones de las cuales la Comisión Directiva del santuario, se hizo para revender sin ninguna clase de respeto por el santo al que deberían estar protegiendo. Este turbulento negocio fue la “frutilla del postre” de una investigación por doble asesinato a puñaladas de un padre y su hijo, quienes poseían una propiedad en la Ruta Nacional 123 frente al santuario del gaucho.

Mientras la figura del santo pagano que cada 7 de enero convoca a miles de peregrinos a darle ofrendas y pedirle favores se sigue comercializando en forma de velas, llaveros, mates o medallas. Mientras se sigue lucrando con la fe de la gente, es inevitable preguntarnos: ¿Qué pensaría el gauchito de todo esto?

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