INTENTÁ MATARME Y ME FORTALECERÁS


Paredes agrietadas, luces tenues, cuadros que representan la tempestad del lugar. Pasan los años, cambian las modas y también la sociedad, pero él Salón Pueyrredón mantiene sus raíces de “antro” con una estructura basada en lo añejo. Un cielo raso manchado por la humedad, un escenario improvisado, una feria de libros y artes plásticas que comparten espacio junto a un juego de dardos digitales.

“El Salón, más allá de ser un bar o una sala de conciertos, es una idea que tuvimos entre un montón de colegas hace 18 años”, cuenta Andy, una de las personas a cargo del mítico espacio. El Salón Pueyrredón nació de las cabezas más “rebeldes” de esta sociedad, aquellos que son mirados de reojo cuando solamente su intención era abrir un espacio donde se exprese el arte en todas sus formas: pintura, música y fotos. Para quienes no encuentran un espacio en donde mostrarlo. Sus inicios arrancan con el “Factotum” de las disquerías independientes. Andy y Lozi armaron una disquería de “sellos independiente, con librería de editores independientes, todo revolcado en el under, como estuvimos siempre”. Una cosa llevó a otra y en abril de este año decidieron reabrir el Salón, que se encontraba clausurado por “temas burocráticos, papeleo, o lo que fuese, siempre hay una excusa nueva de parte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires”. El salón sufrió muchas clausuras desde su inicio con sus cuatro años en la calle Pueyrredón, su breve lapso por Bartolomé Mitre y el de ahora, ubicado en la avenida Santa Fe al 4560.

“Comenzamos en abril y mi idea particularmente era que haya un representación con los artistas del conurbano, que en el lugar no se estaba dando, más allá que el salón trata de mezclar diferentes movidas”, argumenta Lozi. Esta vez la intención fue diferente. Propusieron los miércoles como día establecido e hicieron un espacio cultural, un espacio donde no cobran entrada, más chico, más acústico y algo más personal.

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Respecto a su visión y control del estado sobre los lugares de expresión son muy claros: “Venimos sufriendo a Macri hace muchos años. Al Gobierno de la Ciudad le molesta que existan espacios que ellos no pueden controlar, que no sepan lo que sucede allí, por eso es más sencillo clausurar o matar con inspecciones”, afirma Andy, dando por sentado que son víctimas de una persecución “ideológica”. Pero en este aspecto son positivos y optimistas al respecto declarando que “hay una tendencia creciente de abrir centro culturales y que la competencia no existe, sino que se creó algo así como una hermandad entre los diferentes espacios”.

Andy y Lozi son conscientes de que antes de Cromagnon era todo un “living la cuerda floja”. Después que sucedió la tragedia, a pesar de ignifugar los pisos y la tela del techo, todo se volvió un sofocamiento por parte del estado a “los espacios de encuentro” y el control se convirtió en una especie de apriete o malas intenciones por parte de los inspectores, Andy cuenta: “Acá tenés de todo: obras de teatro, acústicos, exposiciones y viene un inspector y dice `tenés un matafuego vencido´. Después que levantaste la clausura viene y te dicen a esto le falta un sello y uno piensa ¿por qué no me das una lista de todo lo que falta y yo corrijo en base a eso?”.

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Valle de Muñecas, la banda donde Mariano Esain es el cantante, afirma las idas y vueltas que se “bancó el Salón, con respecto a las irregularidades” y subraya “los abusos de poder por parte del Gobierno de la Ciudad”. Pero al levantar la cosecha de tanta lucha rescata que “genera espacios que van más allá del hecho de tocar, incluida una radio propia”. Y lo vive como, “un lugar familiar”, ya que además de haber realizado un show, hizo de sonidista y presenció otras bandas. Y agregó: “Es lindo tocar ahí porque está ligado a una cultura y estética que tiene sus raíces en el punk rock”.

La expresión más grande, en arte, está claro que es con la pintura. Van artistas de mucha talla, como Mauro Serafini, dibujante de Billiken y quien les ha llegado a reconocer que no tiene donde expresar sus obras, ya que en la sala de un concierto no puede, en los bares tampoco. Lo explica Lozi: ”Cuando todo cierra, la propuesta de nosotros es abrir”.

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El espacio de los miércoles sirve como refugio y además es gratuito para quienes quieren exponer. Andy resume: “Mirá si seremos los malos que hace un par de semanas, uno de los días más crudos del invierno, habían unos pibes vendiendo parches y discos independientes en la calle ¿Y sabes que hicimos con el Lozi? Les dijimos si querían ir a venir a vender a arriba”. Todo esto sin ningún costo y sigue: “Le pusimos una mesa y le servimos un té de frutilla. Estaban chochos los pibes”.

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