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JaureMix: la voz del barrio que se convierte en el escenario
Desde Guadalupe, Formosa, para el mundo. Conocé al artista de 23 años que se destaca dentro de la movida urbana formoseña.
La tarde en Formosa se tiñe de naranja mientras el sol se esconde detrás de los edificios bajos. En la plaza, el aire huele a pasto recién cortado mezclado con humo de skate y parlantes que vibran como si fueran tambores de guerra. Un beat de rap rebota contra los bancos de cemento y convoca a los pibes que llegan en bici con gorras ladeadas, mochilas gastadas y la ilusión de que ahí, en ese rincón urbano, puede nacer algo grande.
En el centro del círculo con micrófono en mano y la mirada encendida aparece JaureMix, el nombre artístico del formoseño Lucas Jáuregui. Sus palabras no son solo rimas: son disparos de verdad que atraviesan las miradas cómplices de los que lo escuchan. Los chicos levantan la mano siguiendo el ritmo, otros marcan con los pies sobre el suelo agrietado, como si ese pedazo de tierra fuese una pista de baile improvisada.

El skatepark, convertido en templo sonoro, respira al compás de la música. Una gorra pasa de mano en mano para juntar monedas, gesto que mezcla calle y solidaridad. A un costado, otros jóvenes esperan su turno para rapear, improvisando versos que hablan de amor, broncas, sueños y del barrio que los vio crecer. JaureMix escucha, asiente, sonríe: sabe que la música es también compartir.
El artista formoseño de 23 años nunca olvida sus comienzos. “Al principio era solo un juego, pero después entendí que había gente que se sentía identificada con lo que decía”, contó en una entrevista con Sentí Formosa. De esos primeros shows en colectivos, cumpleaños y plazas pasó a escenarios más grandes, donde ya su nombre empieza a sonar fuerte. Pero, como él mismo admite, su cable a tierra sigue siendo Guadalupe, el barrio que lo forjó.
La movida urbana en Formosa es un río en crecida. El rap, el trap y el freestyle desbordan plazas, ocupan esquinas y hacen de cualquier baldosa un escenario. Cada encuentro es un ritual: parlantes, mates, risas y la certeza de que la música puede más que cualquier frontera. JaureMix es parte de esa ola que crece. “Siempre ponía excusas para no mostrar lo que hacía, hasta que un día dije: ‘Basta, este soy yo’”, recuerda sobre el momento en que lanzó Excusas, su primer sencillo.
Hoy, mientras recorre provincias como Córdoba, Corrientes y Buenos Aires, sigue siendo el mismo que se sube a rapear con los pibes en la calle. Cuando baja del escenario grande, se mezcla entre la gente, abraza, escucha, agradece. No hay barrera entre el artista y la persona: ambos se funden en un mismo gesto de humildad.

Más allá de su talento, quienes lo conocen lo describen como un “gran hijo de Dios”, alguien que busca transmitir esperanza con su música. “Yo solo quiero ser feliz y brillar con mi música”, repite como un mantra. Esa fe y esa claridad lo sostienen en cada paso, como si cada verso fuese también una oración que se eleva entre beats y rimas.
La noche cae y el círculo de pibes se aprieta alrededor del rapero. El beat suena más fuerte, las voces se multiplican y la plaza se convierte en un escenario sin luces ni telón, pero lleno de energía. JaureMix levanta el micrófono, sonríe y su voz viaja más allá de las paredes de cemento. Porque en ese instante, la música urbana de Formosa no es solo ruido: es identidad, es lucha, es sueño colectivo.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
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