Inicio » La desaparecida que vio a Videla mientras estuvo secuestrada: “Lo reconocí después en la tele”

La desaparecida que vio a Videla mientras estuvo secuestrada: “Lo reconocí después en la tele”

Compartir

Gladys Lespinard relata todo lo que padeció cuando esstuvo detenida desaparecida en un campo de concentración. Fue torturada y violada. La frase de Videla que aún hoy le hiela la sangre. Cómo sigue su vida en la actualidad.


Gladys Mabel Lespinard tiene 58 años. abrió la puerta de su casa en Solano, partido de Quilmes, para esta entrevista con EterDigital. 

Sentada en el patio de su casa, entre las suculentas y los sillones anaranjados cantaba su loro “Pepa”, allí se dispuso a contar todo lo que vio, sintió y padeció cuando fue secuestrada durante el último golpe de Estado cívico-militar que derrocó el gobierno de María Estela Martínez de Perón.

Durante su cautiverio sufrió torturas, violaciones y tuvo un contacto cercano con Jorge Rafael Videla. “La desaparecen o la sacan”, recuerda la mujer que dijo el genocida al ver que Gladys tenía apenas 16 años. 

Tenía 16 años cuando trabajaba en una zapatería a cuatro cuadras de su casa del sur del conurbano. Tuvo que dejar el colegio porque su papá, que era carnicero y bombero voluntario de la ciudad de Solano, estaba enfermo y tenía que ayudar a su familia de ocho hermanas para poder comer y pagar las cuentas.

Ingresaba a las 17 todos los días. Pero ese 16 de Octubre de 1978, Elsa, la esposa de su patrón, le pidió que fuera a las 14 porque tenían que arreglar la vidriera. Cuando llegó vio estacionado un auto, un Falcón verde con cuatro hombres vestidos de civil en su interior que la miraban y eso la intimidó. 

Gladys presentía algo malo, en esa época se hablaba mucho de  esos vehículos. “No llegué ni a entrar, se abalanzaron sobre mí, me pusieron una bolsa en la cabeza de tela de avión. Mientras esa mujer miraba por la ventana”.

Esa señora a la que conocía de toda la vida, la había entregado, porque tenía celos. Su patrón la quería como una hija más. Cuando se iban a pasear, él la invitaba y eso le molestaba. ”Me robó una foto de la cartera y se la dio a los militares. Esa imagen la tenía para mostrarsela a su hija porque fue el aniversario de Solano y hubo una fiesta. Me la había sacado con una cámara Kodak instantánea”, afirmó Gladys, mientras se acordó que hace poco tiempo se la volvió a cruzar y llorando le pidió perdón.

Elsa se complotó con un panadero italiano de la cuadra, “Palumbo”, que además era policía. Le dijo que ella había saltado el paredón de la panadería para entrar a robar, entonces la denunció. Pero “Don Juancho”, el dueño de la zapatería, no.

Y cómo sabe qué él no la entregó?

Porque cuándo fue a declarar dijo que yo no tenía nada que ver, que era una chica buena. Tampoco estaba en la política aunque amaba a Evita y Perón, jamás militó.

Su familia se enteró de su secuestro por una vecina que vivía enfrente de la zapatería. Vio todo y le contó a su madre pero no quería salir de testigo porque sabía que la iban a buscar. ”Mi vieja le echaba la culpa a papá porque era montonero”, exclamó Lespinard.

Estuvo secuestrada en el puesto de Bernal, dónde ahora está la comisaría de la mujer. Todo el tiempo sus ojos permanecieron vendados, pero mientras la trasladaban reconoció una villa que estaba muy cerquita. “Mucho tiempo después me di cuenta que era esa comisaría porque fuí hacer una denuncia por violencia de género y vi una villa, la misma de ese día”, afirmó Gladys.

Cuando llegó la querían hacer firmar unos papeles como que había violado y asesinado a un nene en el barrio ”Los Eucaliptus”, cerca de su casa. Se negó y le pegaron. Además, la interrogaron: preguntaron cuántos eran en su familia y la dirección de su hogar. 

“Después me volvieron a cargar en el auto y fueron hasta la casa de mis viejos. Yo estaba toda doblada ahí adentro y escuchaba los gritos, cómo les pegaban y los ruidos de los escopetazos. Se llevaron a mi cuñado, Enrique y a mi novio, Edgar”, recordó Gladys. Ellos fueron en otro auto. Pero siempre estuvieron en la misma comisaría.

-¿Cuánto tiempo estuvo ahí?

-La verdad que no sé. Perdí la noción del tiempo por todo lo que viví. Las marcas que tengo en los brazos son de las quemaduras de cigarrillos,las picanas y los tenedores que me clavaron. Además me tiraban del cabello por eso ahora uso pelo corto, me quedó esa sensación. Tampoco quiero que mi hijo corra en la calle porque no tiene que escapar de nadie, me dice: ´voy a comprar rápido porque hace frío´, pero me da miedo, mira si la gente piensa que estaba robando y por eso le pegan un tiro. A mis hijas que ya son grandes siempre les remarco que no me gustan que salgan de noche, yo prácticamente no salgo y mucho menos de noche.

-¿Cómo era ese lugar?

Era una piecita chiquita, estuve todo el tiempo esposada y con un pañuelo en los ojos pero podía ver algo por debajo, veía los pasos de todos, incluso los de una señora que limpiaba, había olor a limpio. Aunque no veía casi nada oía todo, nunca perdí los sentidos.

-¿Qué escuchaba?

Escuchaba gritos y las máquinas dónde hacían cemento. Eso le ponían a las personas en los pies además de brea. A cada rato sonaban las picanas, sentía como lo picaneaban a mi novio más tarde mi marido, que estaba al lado mío y me decía: “Gladys, me hice encima”, temblaba mucho. A la noche nos ponían colchones de goma espuma sin sábanas, sin nada. Primero me ponían algo en la bebida que mareaba y ahí me abusaron, entraba uno y salía el otro. Me arruinaron la vida. 

Gladys recuerda el día que un policía le quitó la venda de sus ojos porque iba una persona importante que lucía uniforme azul, bigote, su voz era autoritaria, tenía la pierna derecha enyesada y vociferó: “¿Qué hace esta nena acá, la desaparecen o la sacan?”. 

Tiempo después lo reconoció por la tele, era “Jorge Rafael Videla” (presidente de facto 1976-1981)

No recuerda cuánto tiempo pasó después de esto hasta que reconoció la voz de su mamá que gritó “Dónde tienen a mi hija”, se enteró porque el rumor llegó al cuartel de los bomberos que allí tenían una niña y la tenían que buscar antes que desaparezca. Es allí cuando logra escapar de una parte de esta pesadilla.

Una semana más tarde llega a su casa un patrullero con una citación a su nombre para declarar en Banfield, partido de Lomas de Zamora. Fue junto a sus padres y recuerda que pasó por “La Metropolitana”, un monoblock y luego se abrieron unos portones gigantes que daban lugar a un subsuelo, dónde estuvieron retenidos una semana y la policía hizo una rueda de reconocimiento. 

Allí estaba el integrante de la patota que la secuestró en la puerta de la zapatería y aunque se había sacado la barba, lo reconoció. En ese momento la separan de sus padres que estaban muy débiles porque no les daban de comer. ”Me decían, no le digas nada a tu mamá de las cosas que te hacemos, porque no salen vivos. Pasado unos minutos, como si nada nos dijeron: “se pueden retirar”.

Gladys no podía salir de su habitación, vivía con miedo, hasta que decidió tomar aire e ir a comprar al almacén del barrio con su hermana. En la esquina nuevamente rondaba el Falcón verde. Su hermana logró escapar, pero ella no. “Lo único que recuerdo es que me desperté en una zanja con dolor de cuello, mucho frío, la boca llena de barro y no sabía dónde estaba”, expresó Gladys, que fue encontrada en Luján por una señora que exclamó: ”Se mueve, está viva. Vamos a llamar a la policía”. 

Pero la joven se negaba con la cabeza. Pidió llamar a los bomberos. En el cuartel fue asistida, se comunicaron con sus colegas de Solano y pudo regresar a su casa.

En ese mismo año declaró en el juzgado número 23 de la Ciudad de La Plata ante el juez Antonio Borras. Luego de 22 años años, en el 2000 la causa “Gladys Mabel Lespinard contra policía de la provincia de Buenos Aires y otros”, obtuvo sentencia firme. Ganó el juicio pero hasta hoy nunca cobró ese dinero por parte del Estado.

Meses más tarde venía en camino su primera hija. ”Cintia nació con ceguera y por ella empecé a salir, para llevarla a los controles médicos”. La niña fue criada por su abuela ya que tenía mayores comodidades en su vivienda, mientras Gladys vivía en la casa de al lado. 

En la actualidad Cintia vive con su tía en esa misma propiedad, pero siempre están en contacto. Todo lo contrario con su padre que se dejó llevar por lo que la gente decía, que es hija de un militar, aunque su familia asegura que es idéntica a él.

-¿Qué opina de la palabra ”desaparecidos”?

-Es una palabra muy sensible que está mal dicha e interpretada porque fuimos secuestrados. Nos robaron nuestra integridad. No

entiendo cuando la gente dice que por la inseguridad ´tienen que volver los militares´. Realmente no saben lo que sufrimos.

-Néstor Kirchner bajó los cuadros de Videla y Bignone del colegio militar en el año 2004¿eso le dió motivo para pensar qué la democracia se estaba fortaleciendo?

Sí,fue un acto muy lindo e importante para el país porque ellos lo llenaron de sangre y sus cuadros no deben estar en forma de agasajo. Aunque años después el gobierno me dió una pensión para mi hija, me citaron en el Congreso y estaban colgados ahí, eso me dio mucha bronca. Pero a pesar de lo que viví amo mi país, es muy bello y jamás emigraría. 

-¿Creé qué el intento de magnicidio a la ex presidenta pudo debilitar la democracia?-

Sinceramente creo que hicieron eso para tapar algo, fue todo un circo y si es verdad, fue un intento para debilitar la democracia. No estoy en contra de Cristina, nos ayudó mucho, siempre trabajé, estuve sola y ella me dió una pensión para mis hijos.


Compartir